El Banco Central Europeo está creando una cantidad infinita de dinero nuevo: ¿que hacen los bancos con él?

Un interesantísimo documento que muestra como todo el entramado creado entorno al llamado programa de flexibilización cuantitativa del Banco Central Europeo – creación de más de 4 billones de euros nuevos inyectados a los mercados de capitales- es una operación de salvamento de la contabilidad creativa de la banca privada. Hay rescate financiero pero NO RESCATE SOCIAL.

Nuestro compañero Alfredo APILÁNEZ nos ofrece una explicación de los mecanismos financieros por los que la banca central ha salido al rescate del sistema financiero mundial con medidas sin límite para salvarlo:

“Un sistema que, cuando no tiene problemas, excluye de una vida digna a la mitad del planeta y que soluciona los que tiene amenazando a la otra mitad, funciona sin duda perfectamente, grandiosamente, con recursos y fuerzas sin precedentes, pero se parece más a un virus que a una sociedad. Puede preocuparnos que el virus tenga problemas para reproducirse o podemos pensar, más bien, que el virus es precisamente nuestro problema. El problema no es la crisis del capitalismo, no, sino el capitalismo mismo”

Santiago Alba Rico


El dinero en la pandemia: rescate financiero versus “rescate” social

“Si el dinero fuera directamente en ayudas a estos negocios, el cierre podría ser total y se salvarían muchas vidas”. La contundente sentencia fue formulada por Josep Maria Argimon, secretario de Salud Pública de Cataluña que, inquirido acerca de la causa del enésimo incremento vertiginoso de contagios tras la reapertura económica decidida por el gobierno catalán a finales de noviembre, expresó meridianamente la contradicción esencial que simboliza la impotencia manifiesta de las políticas públicas para hacer frente al desastre sociosanitario en curso: la escisión completa entre la esfera monetaria y la fiscal o, expresado de una forma más llana, la privatización casi absoluta de la producción de dinero -incluido el, presuntamente “público”, del banco central- que incapacita a los Estados para implementar las masivas inyecciones de liquidez que requeriría la contención del desastre económico generado por la pandemia. Joaquín López Contreras, infectólogo del Hospital de Sant Pau de Barcelona, abunda en lo anterior: “O los gobiernos buscan dinero debajo de las piedras [sic] e indemnizan a quien sea necesario o no saldremos airosos de esta situación”.

¿Cuáles son las consecuencias, sobre la situación socioeconómica catastrófica que estamos viviendo, de esta privatización -más del 95% del dinero circulante nace como deuda generada “del puro aire” por la banca comercial- de la producción del elemento material más importante de la vida social? ¿Qué tipo de paradigma de política monetaria sustenta la infraestructura existente del sistema financiero y cuáles son las implicaciones que tiene la actual matriz de rentabilidad del capitalismo neoliberal para la capacidad de los Estados de conseguir los recursos perentorios para enfrentarse a los devastadores efectos de la pandemia en curso?

Para algunos “curanderos” monetarios las soluciones a estas candentes cuestiones serían sumamente sencillas.

“Ingresar 2000 euros por ciudadano de la zona euro costaría 750 mil millones de euros y sería un dinero mucho mejor gastado para impulsar la demanda que la liquidez masiva proporcionada por el BCE a los bancos y corporaciones zombies”

La irresistiblemente atractiva propuesta anterior, formulada -en sintonía con el colectivo para la reforma monetaria Positive Money- por el mediático economista y exministro de finanzas griego Yanis Varoufakis, representa una “bala de plata” rápida y contundente para encontrar dinero “debajo de las piedras” y aliviar así la impotencia financiera de las administraciones públicas: una QE -en referencia al salvamento de la banca global a cargo del soberano monetario tras el colapso de 2008- para la gente. Se trataría de que el dadivoso banco central proveyera, a través de la creación de millones de cuentas digitales, de inyecciones directas de dinero a la población. Si los bancos centrales, tras el crac de 2008, crearon montañas de dinero público para evitar el hundimiento del sector financiero privado, ¿por qué no pueden hacer ahora lo mismo -razona, con aparente lógica, Varoufakis- con el arrasado tejido productivo para rescatar a millones de trabajadores y pequeñas empresas que han visto esfumarse súbitamente sus medios de subsistencia? Lo anterior, como expresaban angustiosamente los epidemiólogos catalanes, implicaría salvar miles de vidas, ya que si la economía real pudiera sostenerse con ayudas públicas a fondo perdido del banco central -y no con incrementos onerosos de la deuda pública a cargo de los desvalidos Estados- los confinamientos podrían ser más duros y los riesgos sanitarios se minimizarían.

Miel sobre hojuelas. ¿Dónde reside entonces el problema? ¿Resulta realmente plausible semejante mecanismo de activación del “árbol de dinero mágico” -similar al “helicóptero de dinero”, popularizado sarcásticamente por Milton Friedman- por parte del supremo hacedor monetario en pos de aliviar las agudas penurias de la población en pleno embate pandémico? O, en caso contrario, ¿cuáles son los mecanismos de producción e inyección en los circuitos económicos del objeto por excelencia que caracterizan al capitalismo neoliberal y que provocan ese agudo contraste entre la acuciante carencia de recursos monetarios por parte de las administraciones públicas y la exuberancia irracional de los circuitos financieros, atiborrados de liquidez fabricada “del puro aire” en las pantallas electrónicas de los bancos centrales?

Dinero infinito: el rescate financiero

“Los bancos cobran los rescates y manejan los flujos de dinero público provenientes de la flexibilización cuantitativa del BCE y de los préstamos ICO del Estado. Pero la banca nunca pierde. No hace falta que presten ese dinero para actividades productivas, lo pueden dedicar al gran casino global que se afinca en los paraísos fiscales y en los mercados de derivados. Si lo pierden, ahí estaremos para rescatarlos”

José Luis Carretero

“Su cajero automático es seguro. Sus bancos están seguros. Hay suficiente dinero en el sistema financiero y hay una cantidad infinita [sic] en la Reserva Federal”

El regusto angustioso de la declaración del presidente de la Reserva Federal de Minneapolis refleja cuál era realmente el orden de prioridades durante la apremiante urgencia de la situación generada por el shock pandémico, así como el rol neurálgico de la fábrica de dinero en la contención inicial de la hemorragia.

¿Una cantidad infinita de dinero? ¿Cómo se genera y hacia dónde se dirige este maná inacabable? ¿Hasta qué punto puede insuflar, con esta masiva respiración asistida, el capo di tutti capi de las finanzas globales, cual trasunto del Doctor Frankenstein, hálitos de vida al decrépito organismo económico capitalista, sumido en una hecatombe sin precedentes? ¿Cuáles son los extraordinarios atributos de los que goza actualmente la todopoderosa banca central, que otorgan a estas oscuras instituciones el rango de centros vitales de la gobernanza del capitalismo financiarizado?

“La Fed está cambiando completamente lo que significa ser un banco central”

El rotundo titular de The Wall Street Journal evidencia el extraordinario calibre de las medidas “no convencionales” de política monetaria activadas por la principal fábrica de dinero global. El productor monopolista del billete verde se ampara en el “exorbitante privilegio” -el papel del dólar como moneda de reserva mundial, que permite al Estado estadounidense “endeudarse sin lamentarlo”- para generar cantidades astronómicas de liquidez, en pos de sostener artificialmente -evitando de este modo la repetición del colapso súbito de 2008- los cortocircuitados flujos financieros tras el shock pandémico de marzo de 2020.

El didáctico artículo resalta el agudo contraste entre las limitadas herramientas y las prudentes políticas tradicionales de la banca central -destacadamente, el manejo de los tipos de interés y las operaciones de mercado abierto de compaventa de bonos a la banca comercial- con la panoplia casi infinita de su arsenal actual: la taumatúrgica QE, la “bala de plata” salvífica del sistema financiero global tras la crisis de 2008, palidece ante la artillería pesada disparada por la Fed -con el BCE, como siempre, premiosamente a la zaga- tras el devastador impacto de la pandemia en los, totalmente desprevenidos, países occidentales.

No obstante, su función esencial no ha cambiado ni un ápice.

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