Entrevista a Alfredo Apilánez sobre la Teoría Monetaria Moderna, TMM (I)

“El dinero es lo único que importa”.

Como saben nuestros lectores desde que le echamos ojo a la titulización hipotecaria en nuestras webs, el interés por conocer los mecanismos de la creación monetaria nos han llevado a crear una sección especial sobre el tema pues hay un interés creciente de la gente para entender este complicado mundo de las finanzas y la forma en como las élites financieras globales han tomado el control de la humanidad llevándonos a un callejón sin salida. La gente muchas veces cuando empieza a oír teorías sobre el dinero prefiere quedarse en la ignorancia deseada. No hay peor solución que esa porqué quiera o no saberlo le afectará.

Se creen ustedes que hay teóricos de las teorías monetarias que creen que la crisis interminable que sufrimos se podría arreglar regalando miles de euros a la gente en lugar de a los Bancos. Ah! Ahora ya le empieza a interesar pues le aconsejamos se adentre en esta larga entrevista dividida en 3 partes publicada en la web Rebelión de la cual uno de sus fundadores destacados entrevista a un afiliado de nuestra entidad Asociación 500×20


Presentación (del propio autor): Soy economista de formación –aunque, a decir verdad, eso es más bien un desdoro-, profesor de ciencias sociales en un centro de estudios y escritor de artículos sobre historia, teoría económica y finanzas en el blog Trampantojos y Embelecos. Allí trato de poner un granito de arena en la crítica del discurso del capital -encarnado en la teoría económica ortodoxa y en el paradigma político neoliberal- y en la defensa de la necesidad de construir nuevos sujetos y prácticas emancipatorias. Soy miembro asimismo de la Asociación 500×20 , un humilde pero corajudo colectivo que lucha contra la violencia inmobiliaria, principalmente en el ámbito del alquiler, en el distrito de Nou Barris de Barcelona.

Entrevista a Alfredo Apilánez sobre la Teoría Monetaria Moderna, TMM (I)

Permíteme unas preguntas previas sobre tu presentación antes de entrar en materia. Hablas en ella del discurso del capital. ¿A través de quiénes emite su discurso el capital? ¿Empresarios, políticos a su servicio, profesores bien remunerados?

Ya que te refieres a mi humilde currículo, déjame, en primer lugar, agradecerte efusivamente Salvador la oportunidad que me das de expresar mis opiniones sobre estas candentes cuestiones que normalmente no tienen cabida en los medios dominantes ni tampoco en muchos de los llamados alternativos. Yendo pues a tu pregunta, te diría que lo que llamo discurso del capital lo impregna, por desgracia, casi todo. Los que tu mencionas –yo añadiría, en lugar destacado y sin ánimo exhaustivo, a los jerarcas de la Internacional Capitalista en el FMI, la OMC y la OCDE- son sin duda sus principales “mamporreros”, si me permites la expresión, pero el núcleo duro reside sin duda en la teoría económica ortodoxa. Toda esa jerigonza acerca de la desregulación de los mercados, como garantía de la tendencia al equilibrio óptimo y al bienestar general; el culto a la competitividad, a la productividad y al crecimiento; la exaltación del interés privado y la animadversión hacia todo lo que huela a políticas públicas que destilan los altavoces mencionados procede de la ortodoxia económica con mando en plaza en todas las tribunas académicas y mediáticas. Estamos ante una “ciencia” –como decía el gran economista, amigo de Gramsci, Piero Sraffa- aberrante, apologética, cuya construcción descansa sobre el objetivo falsario de ocultar el conflicto distributivo entre capital y trabajo. Por eso Marx se refería a los economistas de su época –y eso que no tuvo que sufrir la degeneración posterior, conocida como revolución marginalista, cuyo influjo hegemónico llega hasta nuestros días-, que trataban de manipular el legado de Ricardo para limar sus aristas “subversivas” derivadas de la teoría del valor trabajo, como economistas ‘vulgares’, simples legitimadores de la explotación capitalista. Fíjate, ya para terminar, en una curiosa contraprueba de la condición manipuladora de la pseudociencia económica: en los manuales de economía –las famosas señoritas Doña Micro y Doña Macro-, con los que se intoxica a los sufridos estudiantes, el término capitalismo está proscrito. La forma de desarrollarse la reproducción del sistema económico, a través de la lucha por la distribución del excedente, el origen del valor y el grado de viabilidad de la acumulación del capital -las preocupaciones de los economistas clásicos, cuando la economía era aún política-, brillan por su ausencia en la etérea cosmovisión de la música celestial de la pseudociencia económica. Y los profesores, empresarios, políticos y demás vulgarizadores –en lugar destacado, los infames tertulianos pseudoexpertos que bombardean diariamente con sus monsergas a la inerme ciudadanía- la propagan a los cuatro vientos, extendiendo la ignorancia y desorientación absolutas entre la inmensa mayoría de la población sobre las cuestiones que afectan directamente a sus condiciones de vida. Todo lo relacionado con el crucial papel del dinero en nuestra realidad social es un ejemplo paradigmático de esta ignorancia inducida y generalizada.

Sigo por la misma senda. ¿Cómo caracterizas el panorama político neoliberal? ¿Cuáles son en tu opinión sus ejes esenciales?

Arduas cuestiones me planteas. Por empezar por el final, si me permites, hay una cita de Alejandro Nadal, el economista mexicano, que refleja muy bien lo que en mi opinión es la esencia, casi nunca, por cierto, mencionada, del neoliberalismo: «El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones históricas, a saber, la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas». Este hecho histórico enmarca pues la llamada revolución conservadora, simbolizada por las políticas de Reagan y Thatcher en los años 80, como una derivada, una reacción superestructural –como se decía antes-, ante el fracaso del capitalismo –como, por cierto, pronosticó Marx- en mantener los niveles de acumulación y productividad, tras el boom de los treinta gloriosos, y el temido regreso –tras el terrible crack del 29- de su tendencia crónica al estancamiento secular. El endurecimiento de la política del capital que representa el neoliberalismo –frente a la “suavidad” redistributiva de las políticas keynesianas-, se desprende de este hecho capital. Lo que se deriva de esta tesis son dos cuestiones neurálgicas sobre la esfera de la política económica que normalmente pasan desapercibidas.

La primera de esas tesis

La primera sería que la hegemonía del capital financiero y la creciente inestabilidad que causa en el sistema en su conjunto no son consecuencia de la exuberancia irracional del delirio especulativo del casino de las finanzas globales, como sostiene un discurso muy presente en la izquierda reformista y en muchos movimientos sociales, sino la característica principal de la nueva matriz de rentabilidad del capitalismo tras el final de los ‘treinta gloriosos’. Una especie de respiración asistida para un organismo languideciente. Por tanto, ante un escenario deprimido, la respuesta apremiante del capital tuvo dos ejes fundamentales que caracterizan las políticas neoliberales: sobreexplotación laboral –con la degradación de las precarizadas condiciones de trabajo y el agudo incremento de la desigualdad que presenciamos continuamente- y, he aquí la novedad, hipertrofia de la esfera financiera –ejemplificada en la proliferación de burbujas especulativas- para sostener la maltrecha tasa de ganancia y dopar mediante el crédito masivo la insuficiente demanda de la clase trabajadora. Esto exige liberalizar los flujos financieros y de capitales y destruir los restos de la soberanía nacional para explotar al máximo la extracción de rentas y la multiplicación ad eternum del capital ficticio en la nebulosa de las finanzas globales. He aquí pues el sustrato material de la hegemonía ideológico-política neoliberal: la progresiva destrucción del welfare, las privatizaciones y la liberalización de los mercados de capitales coinciden con una exuberancia de las finanzas y el crédito para sostener la tasa de ganancia y el poder de compra de las masas en un capitalismo tóxico que ya no puede cumplir con el sueño húmedo reformista de elevar el nivel general de vida hasta la clase media universal.

La segunda

El segundo rasgo del paradigma político de la fase neoliberal, que se deriva directamente de lo anterior, es lo que podríamos denominar como la lenta agonía –junto con la degradación completa del parlamentarismo, como síntoma del ‘vaciamiento’ de la democracia- del reformismo socialdemócrata en el capitalismo financiarizado >>>seguir leyendo >>>

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