Entrevista a Alfredo Apilánez sobre la Teoría Monetaria Moderna -TMM- (entrega 3)

{TMM} Podemos servirnos del golpe de tecla para llegar al pleno empleo.

Segunimos con la tercera y última entrega de esta entrevista donde Alfredo disecciona la Teoria Monetaria Moderna y las claves de los errores que comete de análisis.


Nos habíamos quedado aquí. Quedaba la parte prescriptiva de tu exposición.

La parte prescriptiva de política económica se deduce directamente de tales principios. La TMM ofrece una revolución fiscal para enchufar la manguera del gasto público a la economía real y asegurar -ya que el desempleo es ‘una decisión política’- el pleno empleo absorbiendo el desempleo involuntario generado por el déficit de demanda efectiva del sector privado. Wray señala la tecla mágica: “Siempre pueden suministrarse unas finanzas suficientes para la plena utilización de todos los recursos disponibles a fin de apoyar el desarrollo de capital de la economía. Podemos servirnos del golpe de tecla para llegar al pleno empleo”. Tal planteamiento desemboca en la propuesta política estrella del movimiento: el trabajo garantizado. Como explica Mitchell: “el pleno empleo y la estabilidad de precios están en el corazón de la TMM. Un programa de trabajo garantizado es central para la TMM, es una herramienta clave para tener bajo control la inflación y el desempleo”. Por tanto, dado el nivel correcto de gasto público e impuestos, combinado con un programa de trabajo garantizado, los partidarios de la TMM afirman categóricamente que se puede alcanzar el pleno empleo con estabilidad de precios. Tal planteamiento representa obviamente una herejía para la ortodoxia neoliberal que afirma que el gasto público creador de empleo es peligrosamente inflacionario y la deuda una rémora para las futuras generaciones que lastra el crecimiento y la actividad productiva. Pero precisamente por eso suena tan atractivo, ¿no?

 

Sí, sí, pero surgen varias dudas. La primera: la existencia de criptomonedas, sin regulación del Estado en principio, ¿no refuta o “toca” la concepción del dinero de la TMM?

En esta ámbito te diría Salvador –sin ser ni mucho menos experto en la materia- que comparto bastante la posición de la TMM, muy crítica con este utopismo monetario de ribetes sumamente reaccionarios, con ecos del anarcocapitalismo de los nostálgicos del patrón oro deseosos de cerrar el banco central y acabar con el dinero público. Cosas de excéntricos fetichistas del dinero como los austriacos, cuyo representante más mediático en España es el infausto Juan Ramón Rallo. Incluso el Fair Coin , la criptomoneda promovida por Enric Duran –el famoso Robin Bank que estafó casi medio millón de euros a la banca- despide un fuerte aroma al utopismo de varita mágica de raíz proudhoniana que tanto indignaba –en mi opinión con razón- a Marx.

Quizás sería útil pues clarificar conceptos, que ayuden a encuadrar la relevancia de las criptomonedas –y su supuesto potencial transformador-, resumiendo las funciones del dinero moderno para contrastarlas con las que cumplen estas supuestas revoluciones monetarias.

Adelante con ello.

Podríamos dividir a título explicativo las funciones del dinero en dos campos: circulación y producción. Como medio de circulación el dinero funge como medio de cambio, de pago, unidad de cuenta y depósito o reserva de valor –el atesoramiento, la gran obsesión keynesiana-. En la esfera de la producción –el dinero-capital, descrito por Marx, pero ignorado por la ortodoxia y por los keynesianos- el dinero se convierte en capital cuando es avanzado con el objetivo de obtener un beneficio a través de la explotación del trabajo. La fuente del beneficio es la plusvalía que se origina en el empleo de trabajadores asalariados que crean más valor nuevo en el proceso de producción del que obtienen cuando son pagados en forma de salarios. La función del dinero como medida del plusvalor es uno de los aspectos cruciales de una economía capitalista y la clave de la conexión entre la fábrica de dinero-deuda de la banca privada –el dinero endógeno de los poskeynesianos- y el proceso de acumulación de capital.

La cuestión clave sería pues: ¿cuáles de estas funciones cumplen las critptomedas? Pues he de decirte que prácticamente ninguna. Me baso a continuación en un texto de Eduardo Garzón, quizás el estandarte más popular de la TMM en España, en mi opinión excelente, que enumera las principales críticas a esta supuesta liberación del yugo bancario-estatal que encarnan utópicamente las criptomonedas.

Parte de su innegable atractivo es que las criptomonedas y su columna vertebral subyacente, la cadena de bloques, le permiten al hombre promedio realizar transacciones con su vecino, de forma anónima y segura, sin intermediarios. Es la moneda perfecta para el libertarismo económico: el sector público no interviene ni en su creación ni en su regulación, de forma que cualquier persona puede llevar a cabo sus transacciones sin la necesidad de rendir cuentas a Hacienda o a la Justicia.

¿Y qué capacidad tienen los emisores del bitcoin –se pregunta Garzón, centrándose en la criptomoneda estrella- de lograr que su moneda sea ampliamente utilizada en la circulación, como medio de cambio, y en los pagos? Muy poca, teniendo en cuenta que no hay ni siquiera un único emisor, sino que cualquier usuario puede (tras un proceso complicado y prolongado) crear nuevos bitcoins.

A ello hay que sumarle otra limitación nada despreciable: sólo se pueden crear 21 millones de bitcoins. Esto es sencillamente el resultado de un diseño carente de sentido económico, ya que una economía necesita tanto dinero como actividades se produzcan en su interior, de tal manera que el límite es un propulsor de la especulación y del descomunal coste de generación de nuevas unidades.

Sí, sí, la cifra límite parece absurda, totalmente arbitraria desde un punto de vista económico… o incluso desde cualquier punto de vista.

Por si fuera poco con las debilidades y amenazas de carácter estructural, se ha unido recientemente otra de carácter coyuntural: la generación de una burbuja especulativa. Hoy día buena parte de la gente compra bitcoins para venderlos a un precio más caro, haciendo una ganancia rápida por el camino. La espiral inflacionista es notoria y ya sabemos perfectamente que pasa con las burbujas: que en algún momento estallan y todo el artificio se va al garete.

Es decir, la supuesta panacea monetaria no sirve tampoco, debido a su extraordinaria volatilidad, como unidad de cuenta ni como reserva de valor, dos de las funciones básicas del dinero fiat respaldado por el banco central.

¿Hay más críticas?

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