Sobre el dinero III- Curanderos monetarios: excéntricos y herejes

Sobre el dinero (III)

Curanderos monetarios: excéntricos y herejes

Si nos vemos tentados de asegurar que el dinero es el tónico que incita la actividad del sistema económico, debemos recordar que el vino se puede caer entre la copa y la boca

John Maynard Keynes

Los excéntricos del dinero “seguro”

“Si tuviéramos un sistema de ‘dinero seguro’ no habría crisis financieras”. ¡Bum! Miguel Ángel Fernández Ordóñez, alias MAFO,  nada menos que gobernador del Banco de España desde 2006 a 2012, precisamente los años horribilis de la crisis global, revela la piedra filosofal de la estabilidad financiera que evitaría los catastróficos, y cada vez más frecuentes, cracks de las finanzas mundiales.

El eximio personaje, ya jubilado y dedicado, en piadoso propósito de enmienda, a la loable tarea de “corregir los defectos del sistema que nos llevó a la catástrofe”, argüía, en un reciente foro de economía monetaria crítica, que la solución a la recurrencia de las crisis financieras sería, ni más ni menos que prohibir a los bancos privados captar depósitos del público y facilitar el acceso de los ciudadanos a cuentas en el banco central. Cual bálsamo de Fierabrás, la genial propuesta del arrepentido exbanquero lograría, como por ensalmo, la desaparición de los riesgos sistémicos generados por la inestabilidad financiera: “Y este cambio tiene unas ventajas muy importantes pues, mientras el dinero actual es frágil e inseguro, ya que depende del éxito o fracaso de las inversiones de los bancos, pasaríamos a tener un dinero totalmente seguro e independiente de los azares del mercado de préstamos porque el banco central no prestaría el dinero depositado en el mismo. Con ello desaparecerían las crisis bancarias con los costes monstruosos que hemos sufrido”. ¡Albricias! La revolucionaria propuesta de MAFO se inspira en la organización británica Positive Money, colectivo activista en lucha incansable en pos del dinero soberano. Su postulado central es realmente subversivo: separar el dinero del público de los créditos bancarios, impidiendo asimismo a la banca privada crear, a través de la concesión de préstamos, el dinero circulante ‘del mismo aire’, que actualmente representa el 97% del flujo de liquidez de la economía. Al tener los ciudadanos su dinero seguro en depósitos en el banco central, los bancos asumirían los riesgos de sus préstamos erróneos o especulativos, sin arrastrar en su quiebra los ahorros del desvalido público. A través de esta cirugía de caballo se evita el riesgo de colapso del sistema y los costosísimos rescates de la banca con dinero público. Quedarían así radicalmente separadas las dos esferas financieras: el dinero del público–a buen recaudo en el banco central- y el crédito bancario -actuando únicamente como intermediario entre ahorristas y prestatarios-. En esta Arcadia feliz del dinero soberano –de ahí su sobrenombre de ‘excéntricos del dinero libre de deudas’-, las hipotéticas crisis financieras y las quiebras bancarias acabarían con los malos gestores –como en cualquier otro sector económico en el edén de la libre competencia- evitando el “riesgo moral” de que la asunción de riesgos excesivos por parte del casino financiero sea propulsada por la seguridad del rescate del Estado en caso de derrumbe del castillo de naipes. El manifiesto fundacional del lobby del dinero ‘positivo’ enuncia su propuesta principal, parcialmente coincidente, dicho sea de paso, con la ortodoxia neoclásica de todos los manuales convencionales: “este documento presenta una reforma del sistema bancario que quitar a los bancos la capacidad de crear dinero, en forma de depósitos bancarios, cuando conceden prestamos”. ¿Y qué harían los mutilados bancos comerciales en este idílico cuadro de dinero seguro? Lo cierto es que sus, ahora todopoderosas, funciones quedarían bastante laminadas, reducidas a administrar pagos y a actuar como intermediarios financieros puros. Ni más ni menos que el fulcro que sostiene la menguante rentabilidad del capital en la fase neoliberal –la generación de actividad económica a través del dinero-deuda creado por la banca privada- suprimido de raíz. Los dos pilares en los que se sustenta el modo de producción y circulación del dinero moderno, la banca central independiente –capo di tutti capi del sistema financiero global- y la generación de colosales niveles de deuda bancaria hacia las burbujas de activos financieros e inmobiliarios, fulminados por decreto. Los castillos de naipes de derivados, titulizaciones y demás entelequias financieras que propulsan los flujos de liquidez que recorren los circuitos financieros mundiales de la denominada banca en la sombra, derribados de un plumazo. ¡Qué sencillo resulta refundar el capitalismo! Sólo hay que extirpar de raíz su tumoral apéndice financiero-especulativo y asunto resuelto. Más allá de su utopismo anacrónico y su barniz populista, tales ocurrencias se inspiran en teorías profundamente enraizadas en la ortodoxia monetaria. Aunque los excéntricos del dinero ‘libre de deuda’ se sitúen entre las fuerzas progresistas, lo cierto es que tienen notables coincidencias con teóricos del otro extremo del espectro ideológico. Como refiere Alejandro Nadal: “Muchos de los análisis de los movimientos civiles sobre reforma monetaria carecen de solidez teórica. En algunos planteamientos sobre la inflación se acercan a las posturas del monetarismo más añejo. Ignoran, casi por completo, el papel de los bancos sombras y tampoco acaban de entender la relación que existe entre inversión y ahorro: con frecuencia afirman que la inversión sólo puede provenir del ahorro”. Afirman inspirarse en las ideas de David Ricardo, Irving Fischer e incluso el ultra monetarista Friedman, todos obsesionados con el peligro inflacionario y el control estricto de la oferta monetaria pública y del crédito bancario. Incluso los economistas del FMI exploran la revolucionaria medida de “prohibir a los bancos la creación de dinero”. La retrógrada ocurrencia implica asimismo un retroceso a la prehistoria monetaria. La ley Peel, el acta bancaria inglesa de 1844, fue el canto del cisne del intento de detener la expansión de la deuda sin respaldo y la creación de dinero por parte de la banca privada, rasgos sustanciales de la progresiva apertura de compuertas a los crecientes flujos de dinero-deuda hacia la financiación del circuito financiero de producción en la historia reciente del capitalismo. Incluso Friedrich Hayek, el gran pope del libertarianismo thatcheriano, suscribiría la propuesta de los paladines de la regeneración financiera: “los bancos deben erigirse en la conciencia de la colectividad rehusando prestar crédito puro”.

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sobre el dinero: La Teoría Monetaria Moderna – Rolando Astarita

La “Teoría monetaria moderna”

La TMM también es conocida como “neo-cartalismo”; “Dinero como criatura del Estado”; “Tax-Driven Money”. En lo esencial, combina la concepción cartalista de dinero, con el enfoque poskeynesiano. Presento sus ideas más generales, basándome en los artículos de L. Randall Wray, Eric Tymoigne y Pavlina Tcherneva, citados en la bibliografía; también he utilizado el blog de Wray; y los trabajos, más bien críticos hacia la TMM, de Thomas Palley, Marc Lavoie y Louis-Philippe Rochon y Matías Vernengo, también citados.

Empiezo recordando que el cartalismo sostiene que el dinero es una creación del Estado. Keynes fue partidario del enfoque cartalista, que es opuesto al de la ortodoxia mainstream. De acuerdo a esta última, el dinero evolucionó a partir del trueque y de la necesidad de abaratar los costos de transacción; y su principal función es ser medio de cambio. En cambio, según Keynes (1996) y los cartalistas, para que el dinero sea medio de cambio debió ser antes, o al mismo tiempo, unidad de cuenta. Por eso, dice Keynes, “[e]l dinero de cuenta, en especial aquel en el que se expresan las deudas, los precios y el poder general de compra, es el concepto básico de la teoría del dinero” (p. 29). Pero con los contratos se introducen la ley y el Estado que los hace cumplir y establece con qué dinero de cuenta se deben cumplir las obligaciones contraídas. Es por este acto, entonces, que se instituye el dinero. De nuevo, en palabras de Keynes, “la era cartalista, o de dinero estatal se alcanzó cuando el Estado se atribuyó el derecho a declarar cuál es el dinero de cuenta que en un momento determinado debe considerarse como dinero” (p. 30).

Esta idea es retomada por los partidarios de la TMM. En lo esencial, sostienen que el Estado instituye el dinero no tanto porque lo defina como de curso legal, sino porque acepta recibirlo por el pago de impuestos. Esto es, el fiat money, o el dinero de alta potencia emitido por el Estado, que es de curso legal y forzoso, tiene valor, según la TMM, porque sirve para pagar impuestos (o multas, o similares). Por eso el dinero existe en el contexto del poder del Estado de recaudar impuestos y de declarar que acepta el dinero por él emitido para el pago de esos impuestos. En este punto aclaremos que, si bien la TMM recurre a la historia del dinero y la moneda, su argumento principal no es histórico, sino lógico. Afirma que al margen de lo que haya sucedido en remotos tiempos históricos, en los sistemas monetarios modernos los impuestos son suficientes para que se establezca la aceptación y el valor del dinero.

En consecuencia, los neo-cartalistas sostienen que actualmente el Estado puede crear todo el dinero que desee, y comprar todas las cosas que desee comprar. El circuito es: el Estado inyecta dinero a través de gastos y adelantos en el sector privado, y ese dinero luego es reabsorbido con la recaudación de impuestos, o la devolución de los adelantos. Por eso, siempre según la TMM, el emitir dinero y el recaudar impuestos no son alternativos, sino acciones que se producen en diferentes momentos del circuito. En esta lógica, además, un déficit fiscal tiene como contrapartida que el sector privado acumula superávit; en otros términos, la deuda nacional neta suma riqueza financiera neta al sector privado. La “déficit-fobia” no tiene base racional, ya que el gasto siempre puede ser financiado con la creación de moneda. Los impuestos no se necesitan para financiar el gasto estatal (que ya se produjo), sino para generar la demanda de dinero. Y la colocación de bonos de deuda por parte del Estado no tiene como objetivo financiar el gasto, sino drenar las reservas excesivas de los bancos, a fin de lograr los objetivos propuestos de tasas de interés. Por eso tampoco existe una carga para el Estado por las deudas, ya que sus servicios siempre se pueden cumplir acreditando reservas bancarias. Un gobierno que emite su propia moneda nunca puede ser forzado a un default involuntario. Habría problemas si el gobierno se endeuda en moneda extranjera, pero esto casi no se necesita.

La TMM subraya entonces que el impedimento para emitir solo existe en regímenes de convertibilidad (por caso, bajo el patrón oro); o cuando el Estado renuncia a su propia moneda. Por eso la TMM es crítica de la Unión Monetaria Europea, o de un sistema de convertibilidad como el que hubo en Argentina en los 1990; y sostiene que debe evitarse la emisión, por parte de los Estados, de deuda nominada en moneda extranjera.

Los partidarios de la TMM critican también la idea de que la emisión para financiar el déficit genera inflación. La inflación no se produce por emisión, sino solo cuando la demanda supera al producto. Por caso, si el déficit fiscal fuera demasiado elevado en relación a los ahorros netos deseados por el sector privado, habría presiones inflacionarias por demanda en el punto cercano al pleno empleo. Pero hasta tanto no se llegue a ese nivel, la emisión no entraña un peligro inflacionario significativo.

Agreguemos todavía que, de acuerdo a la TMM, debido a que el Estado tiene el monopolio sobre su moneda, posee la facultad de establecer la tasa de interés y cómo la moneda se cambia por otros bienes y servicios. O sea, puede determinar el valor del dinero, ya que establece cuánto dinero de alta potencia entrega a cambio de una hora de trabajo, o de algún bien.

Recomendaciones políticas y el “empleador de último recurso”

Como sostienen Tymoigne y Wray (2013), la TMM deriva conclusiones políticas específicas acerca de la política fiscal, monetaria y financiera. Sostienen que el Estado debe involucrarse directamente a lo largo del ciclo económico, estableciendo programas macroeconómicos que manejen la fuerza laboral, los mecanismos de precios, los proyectos de inversión, y que monitoreen los desarrollos financieros. Deben ser programas permanentes y estructurales (o sea, no se limitan a “sintonía fina” más o menos discrecional). Asimismo, proponen el control del crédito, la socialización de la inversión y en las economías abiertas, el control de capitales.

Dentro de este enfoque político general, la TMM ha enfatizado que el Estado tiene el poder (dada su facultad de emisión) de acabar con la desocupación contratando toda la fuerza de trabajo que no haya encontrado empleo por un salario más alto en el sector privado. El Estado se transforma así en el “Empleador de último recurso”. Actuaría como un amortiguador, absorbiendo fuerza laboral proveniente del sector privado en períodos de baja actividad económica, y suministrando fuerza laboral al sector privado durante las fases de reanimación. Se trata de una propuesta diferente de la que tradicionalmente se asocia con el keynesianismo, que es estimular la demanda y por esa vía aumentar el empleo. Por eso también los defensores de la TMM desconectan el pleno empleo del crecimiento económico.

Es ilustrativo que los defensores de la TMM hayan sostenido que el Plan “Jefes y jefas de hogares”, puesto en marcha en Argentina durante la crisis de 2001-2002, fuera un caso ejemplar de creación de trabajo modelado según su propuesta. En palabras de Tcherneva y Wray (2005), el plan “Jefes…” habría demostrado las formas en que el “Empleador de último recurso” puede avanzar un sentido de “deber cívico, ciudadanía, cohesión social, reciprocidad e involucramiento comunitario”. Y “contribuir a redefinir el significado del trabajo al reconocer que determinadas formas de trabajo, tales como el cuidado y el involucramiento comunitario son útiles socialmente”. Según Tcherneva y Wray, el plan argentino había tenido un “impacto transformador sobre la pobreza y la desigualdad de género”.

En conclusión, de estar en lo cierto el enfoque de la TMM se podría solucionar la desocupación en el capitalismo sin alterar de manera significativa las estructuras sociales. Para eso bastaría con superar la “déficit-fobia”, creada artificialmente por el monetarismo y la ortodoxia neoclásica. Además, la experiencia en la Argentina de comienzos de los 2000 habría avalado, al menos parcialmente, el programa de la TMM. Y siendo Argentina un país con “soberanía monetaria” (según Wray y Tcherneva), las condiciones incluso estarían dadas para eliminar la desocupación (y con ella, ¿también la pobreza y la indigencia?) por el simple recurso de emitir dinero. Es la receta que han “comprado” algunos economistas y científicos sociales del subdesarrollo criollo.

reproducción de una parte del documento de título original: Economía K y la “Teoría Monetaria Moderna” (1)

rolandoastarita.blog




Sobre el dinero II : Dinero-capital: la encarnación del poder social

El dinero es el punto de partida y el punto de cierre de todo proceso de valorizaciónCarlos Marx

Siempre es el dinero-crédito el que pone en marcha el proceso de producción, que consiste en tener dinero para producir mercancías con cuya venta obtener más dinero: el dinero es el Principio y el Fin, el Alfa y el Omega, el Paraíso y el Apocalipsis de la producción capitalista” Joaquín Arriola


“Llegan el oro y la plata de América y todo cambia en Europa” E.J. Hamilton

“La deuda global alcanzó en el primer trimestre de 2018 la friolera de 247 billones de dólares, situando el ratio de apalancamiento con respecto al PIB mundial –omitiendo la banca en la sombra y el castillo de naipes de derivados y demás productos financieros “creativos”- en el 318%” – datos del Instituto Internacional de Finanzas


Sobre el dinero II : Dinero-capital: la encarnación del poder social

 

Entre estas dos noticias median cinco siglos y una completa metamorfosis en la naturaleza y las funciones del dinero y la deuda, desde los balbuceos de una economía monetaria harto limitada hasta llegar a impregnar el último resquicio del metabolismo social. La compleja interacción entre las colosales transformaciones de las relaciones de producción y distribución desencadenadas por el surgimiento del capitalismo y el desarrollo paralelo del hecho monetario, como soporte y potenciador de tales procesos, condiciona decisivamente la evolución económica de los últimos dos siglos.

La metáfora del marxista austriaco Rudolf Hilferding, autor del texto clásico ‘El capital financiero’, desvela la absoluta entronización del dinero, reinando sobre el caos del régimen privado de producción de mercancías: “en ausencia de cualquier organización social coordinadora, el dinero funciona como la ‘inteligencia colectiva’ de la sociedad, es decir, es el medio por el cual se efectúa la asignación y reasignación del trabajo social entre las diferentes ramas de la división del trabajo”. El proceso de producción del dinero y la deuda deviene pues el fulcro del mecanismo de dominación sobre el tejido social en la sociedad mercantil. El experto en historia monetaria Michel Aglietta, autor del magnífico texto, titulado gráficamente ‘La violencia de la moneda’, da las claves de la estrecha conexión entre el dinero, la deuda y la acumulación en el desarrollo del circuito monetario del capitalismo progresivamente financiarizado: “La acumulación de capital es un lado de la ecuación, pero el otro lado es necesariamente el desarrollo del endeudamiento. El intento de acumular dinero por mor de acumularlo como propósito de la actividad económica significa buscar el poder sobre otros, porque el dinero es la base del tejido social”. El economista marxista Fahd Boundi abunda en el contraste crucial entre la concepción marxiana del dinero y la poskeynesiana, hegemónica en las fuerzas de la izquierda reformista en la actualidad, en cuanto a la explicación de la función y la naturaleza del hecho monetario en el reino de la mercancía: “Para Marx, el dinero nace de las mismas contradicciones que encierra la mercancía en cuanto unidad inmediata de valor de uso y de valor de cambio; se trata de la encarnación del trabajo social abstracto. El dinero es, en definitiva, una creación social. Por el contrario, en las tradiciones keynesiana y poskeynesiana domina la concepción de George Friedrich Knapp (1905), quien concibió la génesis del dinero como un acto emanado de las propias leyes del hombre y del Estado, en cuanto garante de las mismas”. De este modo, el análisis del desarrollo histórico de esta progresiva imbricación entre la “fábrica monetaria” y las necesidades acuciantes de la valorización de capital conforma, a través de la descripción de la forma en que la producción de dinero se ha ido adaptando a las exigencias de una economía “real” cada vez más financiarizada, una iluminadora panorámica sobre el carácter degenerativo del capitalismo actual que no ofrecen, a pesar de sus valiosas aportaciones, otras escuelas alternativas. Saquemos pues al dinero de su “rueda de hámster” en el circuito financiero e integrémoslo en la argamasa de la matriz del proceso de reproducción del capital a lo largo del desarrollo del capitalismo. ¿De qué forma se han ido transformando los mecanismos de creación e inserción del dinero en el circuito de la acumulación en su pugna por responder a las necesidades de sostenimiento de la rentabilidad del sistema? ¿Cuál ha sido el papel del hecho monetario en la naturaleza cíclica, con auges y depresiones de creciente virulencia, y degenerativa, con niveles de deuda y desigualdades sociales sin precedentes, del capitalismo contemporáneo? ¿Qué tipo de conexión existe, en fin, entre la  extraordinaria financiarización de la economía actual y la crisis crónica arrastrada por el sistema desde el final de los treinta gloriosos a principios de los años 70?

Para atisbar respuestas a tales cuestiones –completamente ignoradas por el dogma económico mainstream y malinterpretadas por los reformistas monetarios poskeynesianos– resulta necesario seguir someramente el hilo de la tortuosa evolución del hecho monetario desde el periodo precapitalista hasta la eclosión de la ‘nueva relación social’ en la que el dinero deviene la ‘inteligencia colectiva’ de la sociedad productora de mercancías. ¿En qué consistió el núcleo de esa neurálgica transformación del modo de producción y de integración en el ‘tejido social’ del flujo monetario que acompañó al surgimiento del capitalismo? En relación a las épocas históricas anteriores–esclavismo, feudalismo, mercantilismo-, la irrupción del nuevo modo de producción conlleva una transformación esencial en la naturaleza y las funciones del flujo monetario en la dinámica económica. La descripción del economista marxista Michael Roberts, a propósito del magnífico texto de su colega Fred Moseley, titulado Dinero y Totalidad, de la esencia del proceso resulta clarificadora: “No empezamos con un cierto valor del tiempo de trabajo o una cierta cantidad de unidades físicas de trabajadores y la tecnología, y acabamos ahí. Empezamos con el dinero y terminamos con el dinero. En este punto es conveniente recordar que el dinero en manos del capitalista es la forma de existencia en que el capital inicia su proceso de valorización, y como tal, es poder social sobre la clase obrera”. ¡Qué contraste tan abismal con la música celestial de los manuales ortodoxos y su mitológica descripción del dinero como servicial lubricante de los intercambios, sin conexión alguna con los engranajes de la sala de máquinas del sistema! Resalta asimismo la aguda diferencia con el lenguaje aséptico y tecnocrático, despojado de adherencias socio-políticas, de los teóricos poskeynesianos de la teoría monetaria moderna, centrados en reformas de laboratorio del sistema financiero, que reparen los destrozos causados por las políticas neoliberales de la austeridad, al margen de la sala de máquinas de la acumulación de capital. El analista económico Claudio Katz abunda en el carácter del dinero como capital, como característica diferencial del signo monetario en el sistema de la mercancía: “El dinero es, por lo tanto, el único medio de que dispone la sociedad capitalista para validar el trabajo social y viabilizar la reproducción del capital”. Como se afirma, de forma rotunda, en las brillantes palabras de Aglietta, se trata de la herramienta par excellence, a través de la que se ejerce el poder social: “Si los salarios crean división social, determinando el poder de una clase social sobre otra, ese poder es el poder del dinero. Para ser más precisos, es el poder de aquellos que detentan la prerrogativa de crear dinero con el fin de transformarlo en un medio de financiación de la producción; es el poder sobre aquellos cuyo único acceso al dinero consiste en la venta de su capacidad de trabajo”. Clarividentes palabras que descorren todo el velo de oscuridad y tergiversaciones que sobre el ‘poderoso caballero’ han echado los paladines de la ortodoxia neoclásica.

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Alfredo APILÁNEZ , trampantojos y embelecos BLOG, 9 diciembre, 2018


 




El estudio sobre la creación del dinero ha entrado en ebullición en todo el planeta y es digno de lectura

La crisis del capitalismo en el 2007 y su salida entorno a la flexibilización cuantitativa de los bancos centrales creando dinero sobre la base de la compra masiva de deuda estatal, deuda titulizada bancaria y de las grandes empresas ha creado un enorme interés sobre la verdadera naturaleza del dinero y como se crea.. Si en la teoría clásica se hablaba que la inyección de dinero en la economía creaba inflación, la intervención de los bancos centrales, bajo los estándares monetaristas, ha contradecido lo que la mayoría de economistas, profesores de universidad y medios de comunicación sostienen y sostenían hasta hoy: a + dinero + inflación.

Junto a ello, la aparición de las criptodivisas, o sea, dinero que sólo acumula valor ha añadido debates sobre si el dinero debe estar respaldado por un valor como el oro, si el dinero puede expandirse indefinidamente (dinero – helicóptero), si el dinero puede ser exclusivamente fiduciario (fe en su valor) o si el dinero sólo está respaldado por el trabajo humano. Incluso se habla si el Estado debe recuperar la emisión de moneda, respaldándola o no con impuestos, pues actualmente la creación de dinero, en forma de deuda, está en manos de prestamistas privados, llamados banqueros. Muchas iniciativas como la de “Dinero Positivo(*1) muestran bondades sobre maneras distintas en como la creación de dinero pueden mejorar la sociedad.

La crisis en nuestro país se ha saldado con el salvamento de los bancos y los acreedores dice Dinero Positivo: “El sistema de creación del dinero está en la raíz de los problemas de elevada deuda, desigualdad y precios inasequibles de las viviendas. También se explica que podemos hacer para solucionarlo“. Junto a Dinero Positivo hay toda una corriente creciente de teóricos, de izquierda y derecha, que aseguran que sólo manipulando el dinero sería posible solucionar todos los problemas, que su misma manipulación ha creado, como que la deuda mundial ha crecido en sus dos últimos siglos hasta su máximo histórico: 300% del PIB mundial– unos 211 billones de euros. Eso significa que alguien está creando mucho, muchísimo, dinero y todos los dedos apuntan a la banca privada que ha desbocado en los últimos decenios como caballo sin bridas que la domestique la inyección masiva de dinero-deuda creado del aire.

Si el dinero se puede crear de la nada, la pregunta que haría un hipotecado avispado sería la razón por la cual aún así le debe pagar al banquero un interés, por un dinero que no le cuesta nada fabricar, que es una concreción de puro aire, una anotación contable computerizada. El mercado hipotecario y el de la vivienda ha alcanzado en las últimas décadas un papel clave del circuito secundario mundial de acumulación de capital. Los excedentes de capital creados por el trabajo humano y la inversión se dirigen a la vivienda como activo de inversión creando burbujas insostenibles que dejan a sectores enteros de la sociedad sin capacidad acceder a la vivienda en las grandes ciudades.

Las imágenes de estos días de las protestas en Francia de miles de trabajadores que se deben desplazar en coche desde la periferia hasta la ciudad gastando tiempo y dinero porqué ya no pueden pagar una vivienda cerca del trabajo muestran un botón de las enormes contradicciones de todo. Esta contradicción fundamental del urbanismo confluye con la urgencia de una anunciada catástrofe climática a mediados de siglo. Si el dinero se puede crear indefinidamente – como si un helicóptero lo dejara caer- también podríamos consumir indefinidamente – renta garantizada- lo que para profanos en la materia nos crea una terrible contradicción pues entendemos que vivimos en un planeta finito.

Hablamos, entonces, de fin del trabajo? Si la fuente de creación de riqueza es el trabajo humano, puede la creación de dinero llegar a suplantarlo? Hemos escudriñado en los expertos y hemos encontrado a otros que continúan sosteniendo que la fuente de toda riqueza es el  trabajo humano que transforma los materiales de la madre naturaleza en cosas útiles. Cómo dice uno de los artículos que hemos publicado del economista, Alfredo Apilánez, el desconocimiento entre nuestros conciudadanos sobre el dinero causa perplejidad: “… No deja por tanto de resultar pasmosa, como señala la economista postkeynesiana Ann Pettifor, autora del best seller -La producción del dinero-, la ignorancia entre los usuarios del ‘poderoso caballero’ acerca del papel neurálgico que juega en los engranajes de la maquinaria económica que determinan sus propias condiciones de vida: “Una de las constataciones más impactantes de la última fase de la evolución del capitalismo es la total incomprensión de la naturaleza del dinero en nuestras sociedades”…..” (*2)

El interés, por todo esto, por la variedad actual de teorías convergentes y divergentes sobre la naturaleza del dinero nos surgió para entender mejor la burbuja inmobiliaria. Este blog surgido a finales del 2005 contra “la especulación en la vida y en la vivienda” ha ido evolucionando con la idea de mostrar a sus seguidores los vericuetos y hilos que lo mueven “TODO” en la vida de este invento humano, esa convención social, que es el dinero. Desde que iniciamos Proceso a la Banca española (*3) hemos puesto uno de los focos de nuestra web precisamente en “la creación de dinero” con una sección exclusiva que estamos desarrollando desde hace más de un año: DINERO – DEUDA – FINANZAS. les invitamos a visitarla >>>

La titulización hipotecaria, esa madre de todas las burbujas inmobiliarias, nos ha permitido ver las implicaciones consustanciales que tiene con el derecho de los banqueros – repetimos prestamistas privados – para crear dinero de nuestra deuda y esclavizarnos con nuestra culpa de fracasados. En nuestros blogs descubrimos el hilo que unía la desaparición – amortización anticipada- de decenas de fondos de titulización de bancos españoles con los títulos de deuda de nuestras hipotecas que se guardan en las bóvedas del Banco Central Europeo. Entendimos entonces porque el supuesto mecanismo de salvataje de la crisis aplicado-la flexibilización cuantitativa – ha llevado a que los activos del BCE, guardados en su bóveda, sumen la friolera de 4,5 billones de euros. Son 4,5 veces el PIB de España.

¿qué son esos 4,5 billones de € en activos del BCE? Pues es principalmente deuda pública, deuda bancaria principalmente emisiones de deuda hipotecaria – la llamada renta fija- y deuda de grandes empresas que tienen un privilegio especial sobre las otras. Son secretos. Hasta ahora la Comisión europea se ha negado, viva la democracia, a justificar las compras masivas del Banco Central europeo y este si se le pregunta le pasa la pelota a la Comisión europea.

Los títulos de duda pública del Reino de España en el BCE, son pagaderos por delante de todo según el artículo 135 modificado de la Constitución (parece que se puede modificar para según que!) . O sea, el Estado español paga a la banca privada esos préstamos con interés y lo hace con el esfuerzo de trabajo de todos los conciudadanos pagando impuestos. Pero no todos pagan por igual. Como hemos explicado en este blog los que más tienen o no pagan o pagan cada vez menos. El sistema impositivo español esta escorado hasta el punto que el 77% de los impuestos que recauda el Estado los pagamos los trabajadores. O sea, los trabajadores pagamos con nuestros impuestos los intereses que cobran los prestamistas privados del Reino que luego van a parar a las arcas del BCE. ¿Entonces el BCE gana dinero con eso? Sí, los intereses que hubieran ganado los bancos que le han vendido los títulos de deuda pública. Entonces ¿qué ganan los bancos como el Santander? Pues por la venta de la deuda pública española al BCE reciben ese dinero creado de la nada que les ha permitido llenar los boquetes en sus balances de sus apuestas fallidas en el Casino financiero global. Y las ganancias del BCE, ¿qué hace con ellas?. Pues las distribuye entre los bancos centrales de cada país dependiendo de la cuota que tienen. Cómo quién tiene más cuota es Alemania, los países pobres del sur financian a la rica Alemania que también tiene su banca por los suelos. El pez grande se come al chico.

¿Y los titulos de deuda hipotecaria del BCE? pues como hemos explicado exhaustivamente en este blog, cuando un banco nos presta el dinero de la hipoteca lo crea de la nada, encima nos cobra casi el doble de lo prestado en forma de intereses y lo aceptamos como idiotas, y luego junta muchas hipotecas y las tituliza  para revenderlas. Cómo los trabajadores y las pequeñas empresas sustentamos el sistema impositivo español y encima los empresarios nos han bajado el sueldo llega un momento que no les podemos pagar la hipoteca. Entonces desde el 2009 los bancos se encontraron con montañas de deuda titulizada que no podían hacer frente a los pagos del cupón. La solución fue recibir dinero del BCE al 0% para amortizar miles de millones de hipotecas subprime españolas que las retitulizaban y las revendian al BCE sabiendo que eran muchas impagables – subprime-. Nuestras hipotecas están en la Bóveda del BCE en forma de bonos de titulización que los bancos españoles le pagan los intereses. Si los bancos no pueden cobrarlos porque estamos arruinados revenden nuestras deudas a fondos buitre ubicados en paraisos fiscales – como Luxemburgo- para no pagar impuestos y usan empresas de recobro agresivas como Anticipa que persiguen nuestros salarios para embargarlos. Al final somos los que trabajamos los que por segunda vez, con nuestras deudas contraídas por idiotas, los que pagamos la fiesta.

¿Habeis acabado de aguarnos el día con tanto desastre ? NO, NO, NO. Hay una tercera explotación para los que trabajamos en esta infernal máquina de succión de riqueza que es el dinero moderno. Cómo hay crisis, a los trabajadores que no pintábamos nada en su génesis, nos hacen pagar los platos rotos pues no bajan los salarios. Pero ojo. El BCE también compra deuda titulizada de empresas españolas. Eso sí, escogidas en un selecto club de privilegiados: bancos, grandes empresas como Telefónica, SOCIMIS como Merlín, Gas Natural etc….. Ese pastel lo descubrimos también en nuestras páginas aquí>>>> donde se puede ver  la lista de empresas europeas privilegiadas por el manà del <<>quantitative easing> del BCE. Eso quiere decir, que los trabajadores pagamos la fiesta con los impuestos que sólo pagamos nosotoros. Pagamos la fiesta porque como idiotas nos endeudamos con el banco para tener una vivienda. y por último, pagamos la fiesta de los prestamistas creadores de dinero de la nada porque nos deben reexplotar en el trabajo para pagar los intereses de la deuda corporativa de empresas selectas que tiene el BCE. Tampoco entendemos porqué las pequeñas empresas noprotestan de ese privilegio que es el permiso del BCE a los grandes monopolios privados y grandes empresas nacionales de hacer competencia desleal con financiación gratis.

Al final todo sale de los de abajo! Señores lectores de nuestro blog lean y disfruten viendo lo tontos que somos!

Todas estas someras explicaciones nos han llevado a la conclusión que es necesario elevar la conciencia de nuestra gente sobre la distorsión social que crea el hecho que la creación monetaria este en manos privadas de prestamistas – los bancos -, pero también que en última extremo es el trabajo humano el que crea el valor. Expondremos en los próximos días documentos interesantes sobre la Teoría Monetaria Moderna (*4) que afirma que el dinero se puede crear indefinidamente y la teoría marxista que cree que el dilema trabajo-capital es la contradicción a resolver.

salva torres


  1. dinero positivo, https://dineropositivo.es/
  2. Alfredo APilánez, Los mitos de la ortodoxia: el dinero-lubricante.
  3. Proceso a la Banca española, http://procesoalabanca.es/
  4. Wikipedia, Teoría Monetaria Moderna.

SEGURO QUE LE INTERESA…




Sobre el dinero (I)

Primera parte

Los mitos de la ortodoxia: el dinero-lubricante

Hay que preguntarse si la economía pura es una ciencia o si es “alguna otra cosa”, aunque trabaje con un método que, en cuanto método, tiene su rigor científico. La teología muestra que existen actividades de este género. También la teología parte de una serie de hipótesis y luego construye sobre ellas todo un macizo edificio doctrinal sólidamente coherente y rigurosamente deducido. Pero, ¿es con eso la teología una ciencia?

Antonio Gramsci

No debiera resultar difícil concitar acuerdo unánime acerca de la consideración del dinero como el elemento más importante de la vida social. En su extraordinario fresco del mundo económico precapitalista, el reputado maestro de la escuela de los Annales, Fernand Braudel, recoge la lapidaria sentencia de Scipion de Gramont: “El dinero, decían los siete sabios de Grecia, es la sangre y el alma de los hombres y aquél que no lo tiene es un muerto que camina entre los vivos”. Similar dramatismo desprende la famosa cita marxiana: “El dinero, en cuanto tiene la propiedad de comprarlo todo, de apropiarse de todos los objetos, es, pues, el objeto por excelencia. Es la alcahueta entre la necesidad y el objeto, entre la vida humana y su medio de subsistencia”.

En el tiempo transcurrido desde tan descarnadas afirmaciones, el ‘vil metal’ ha penetrado, en una escala sin precedentes, en todos los aspectos de la reproducción social. No deja por tanto de resultar pasmosa, como señala la economista postkeynesiana Ann Pettifor, autora del best seller ‘La producción del dinero’, la ignorancia entre los usuarios del ‘poderoso caballero’ acerca del papel neurálgico que juega en los engranajes de la maquinaria económica que determinan sus propias condiciones de vida: “Una de las constataciones más impactantes de la última fase de la evolución del capitalismo es la total incomprensión de la naturaleza del dinero en nuestras sociedades”.

Diríase pues que no hemos avanzado mucho en el conocimiento común sobre la materia pecuniaria desde la irónica reflexión de un arbitrista francés del siglo XVII, recogida por el historiador marxista, experto en historia monetaria, Pierre Vilar: “Como la justicia, la moneda es una necesidad de todos; tiene que inspirar confianza a todos; posee el mismo valor en el bolsillo del pobre que en el del rico; la única diferencia está en la cantidad (sic)”. Hasta ahí todos estaríamos sin duda de acuerdo. ¿Pero qué ocurre cuando escarbamos un poco más allá del conocimiento trivial sobre ‘el objeto por excelencia’?…

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El fascismo financiero y la irreformabilidad del sistema

Alfredo APILÁNEZ

Texto elaborado para la ponencia homónima desarrollada en el marco del Foro que, bajo el título “El derecho a la vivienda frente al capitalismo financiero”, organizó la Asociación 500×20 del barrio de Nou Barris de Barcelona los días 7 y 8 de julio de 2018.

Introducción

“Un sistema que, cuando no tiene problemas, excluye de una vida digna a la mitad del planeta y que soluciona los que tiene amenazando a la otra mitad, funciona sin duda perfectamente, grandiosamente, con recursos y fuerzas sin precedentes, pero se parece más a un virus que a una sociedad. Puede preocuparnos que el virus tenga problemas para reproducirse o podemos pensar, más bien, que el virus es precisamente nuestro problema. El problema no es la crisis del capitalismo, no, sino el capitalismo mismo. Y el problema es que esta crisis reveladora, potencialmente aprovechable para la emancipación, alcanza a una población sin conciencia y a una izquierda sin una alternativa elaborada”

Santiago Alba Rico

Quizás no haya ningún ámbito de la realidad social donde sea mayor el desconocimiento existente sobre los procesos que inciden en la vida de la gente que en todo lo relacionado con las finanzas modernas. Podríamos decir que hay una relación inversamente proporcional entre la relevancia de los formidables efectos que producen sobre la vida cotidiana de las personas y el conocimiento que se tiene del funcionamiento de esos mecanismos: no entendemos las fuerzas que mueven el mundo en el que vivimos. El papel de la banca en la planificación de la actividad económica, el funcionamiento de los omnipotentes mercados financieros, la teoría económica con mando en plaza en todas las plataformas mediáticas y cátedras académicas y los resortes ocultos de las políticas austericidas neoliberales son incomprensibles para la mayor parte de la población, directamente afectada  por sus efectos. Todo ello dista mucho de ser casual. La incomprensión de los mecanismos a través de los cuales se ejerce el poder social efectivo es perfectamente funcional a la docilidad y la alienación que propician el alejamiento de las clases populares de la peligrosa tentación del antagonismo. Las reglas que rigen el poder real son ajenas a cualquier control mínimamente democrático.

Pero es precisamente esta colosal e inducida ignorancia la que facilita la difusión de la errónea creencia de que los pilares de la política económica neoliberal son absurdos o malévolos, causando un sufrimiento innecesario que sería fácil de revertir a través de políticas sensatas desarrolladas por fuerzas razonablemente progresistas. ¿Cuántas veces escuchamos la cantinela de la necesidad de acabar con la austeridad o con los abusos de los fondos buitre, esos desalmados especuladores que atentan contra el derecho a la vivienda, como si fuera posible modificar sustancialmente las despiadadas reglas del juego del sistema capitalista a través de cambios legislativos o de reformas gradualistas? Sin embargo, lo cierto es que semejante entramado de “crueldad” y de sufrimiento humano es esencial para mantener la rentabilidad del capital, que es al fin y al cabo lo que cuenta en el reino de la mercancía.

La gran novedad respecto a épocas anteriores es la amputación de la posibilidad de intervención, al menos en el corazón del sistema, por parte de los poderes públicos representantes de la soberanía popular. Sobran los ejemplos ilustrativos de cómo las palancas “técnicas” a través de las que el estado burgués podía atenuar el embate del capital (destacadamente, la política fiscal redistributiva de tipo keynesiano financiada a través del banco central público) han sido cercenadas por la ofensiva neoliberal. He aquí, en la probada impotencia de los representantes del pueblo soberano para resistir los ataques crecientes contra las condiciones de vida de la clase trabajadora, la prueba de la hegemonía del fascismo social, que ejerce su poder destacadamente en el ámbito de las finanzas globales. La conclusión lógica de cara a las vías de acción política de las clases populares es contundente: si el sistema es irreformable por la vía legal-institucional, la insistencia en esta vía por parte de las llamadas fuerzas del cambio y los movimientos sociales reformistas sólo puede producir desánimo y frustración ante la impotencia de realizar transformaciones de calado respetando las reglas del juego. El viejo reformismo, mil veces fracasado, con su utópica ilusión de alcanzar un capitalismo con rostro humano, para paliar con microavances el desastre en ciernes, no sería pues más que un freno a las auténticas aspiraciones emancipatorias. ¿Existen otras vías?

Como cierre de esta pequeña introducción voy a hacer una aproximación al concepto de fascismo financiero, entendido como una de las formas del fascismo social, desarrollado por el escritor y sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos: “Todas las formas de fascismo social son formas infra-políticas, no son parte del sistema político, que es formalmente democrático, pero condicionan las formas de vida de los que están abajo a través de desigualdades de poder que no son democráticas, que son inmensas y permiten que los grupos que tienen poder obtengan un derecho de veto sobre las oportunidades de vida de quienes están más abajo. Hasta ahora, políticamente, las sociedades son democráticas. Hay libertad de expresión, relativa pero existe. Hay elecciones libres, por así decirlo, con toda la manipulación. Pero los asuntos de los que depende la vida de la gente están cada vez más sustraídos al juego democrático. El mejor ejemplo es el fascismo financiero. El fascismo financiero tiene una característica especial: permite salir del juego democrático para tener más poder sobre el mismo. O sea, alguien con muchísimo dinero o una gran multinacional, puede ponerlo en un paraíso fiscal. De este modo sale del juego democrático de los impuestos, pero al salir se queda con más dinero y más poder para poder influenciarlo y además darles consejos a los ciudadanos de que no deben gastar tanto, que están viviendo por encima de sus posibilidades, que el Estado está aumentando peligrosamente el déficit, precisamente porque no está siendo financiado con los impuestos que podría recibir si esta plata estuviera en el país. Se crea una corrupción de la democracia: los que huyen de las reglas democráticas son los que se quedan con más poder para imponer las reglas democráticas a los otros. Esa es la perversidad del fascismo financiero. Las siete economías más ricas del mundo son paraísos fiscales, auténticos pozos sin fondo de los flujos financieros del capital global, y su ingreso per cápita entre el inicio de la desregulación neoliberal en 1980 y el 2015 creció más que para el resto del mundo.

Comenzaré con una serie de ejemplos históricos que sirven de botones de muestra del fascismo financiero.

A continuación, describiré los instrumentos a través de los cuales se ejerce el fascismo financiero. Su origen histórico, las instituciones que lo simbolizan, la teoría económica basura que lo legitima y algunas de las profundas transformaciones sociales que provoca.

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¿puede una niña de 12 años explicar la estafa bancaria en lenguaje comprensible? sí

Una niña de 12 años, Victoria GRANT, explica con sencillas preguntas y respuestas la estafa bancaria que sufre Canada, su país.

No puede haber una victoria GRANT aquí en España o en Catalunya que explique lo mismo pero con las instituciones de aquí y los responsables de aquí?

De momento nos conformamos con el vídeo de su intervención en el Public Banking Institute de Canada: