Los secretos del dinero: el gran desconocido

*Texto y audio de la conferencia, ‘Los secretos del dinero: el gran desconocido’, en el marco de las jornadas de título “Resistencias“, organizadas por el Aula Popular García Rúa de Gijón.


Texto de la Conferencia

Primera parte. No entendemos las fuerzas que mueven el mundo en el que vivimos

Como ven, el título de la charla es ‘Los secretos del dinero: el gran desconocido’. Supongo que, algunos de ustedes, al leerlo, pensarían algo parecido a ésto: ¿qué secretos nos va a desvelar este en un tema tan trillado en el que está inventada hasta la sopa de ajo? Pues quizás, pensarían algunos, nos soltará otro rollo sobre el bitcoin, el futuro del dinero digital y la desaparición del efectivo. O sobre la revolución de la banca en la nube o las novísimas aplicaciones de pagos de Google y todos los avances en la tecnología monetaria que llenan las páginas bien pagadas de los periódicos y los anuncios de las teles. O quizás, pensarán otros, se trate de una descripción, llena de curiosidades, sobre la tortuosa historia del dinero y los soportes monetarios. Ya saben, la sal y el ganado, que funcionaron como dinero durante muchas épocas y son el origen de los términos salarios y pecuniario; o la historia de los metales preciosos y las novelescas fiebres del oro y la plata; o el papel de la letra de cambio en el desarrollo del comercio y de las ferias medievales; o de los múltiples soportes de los registros de deudas y de la lucha feroz de los gobiernos en todas las épocas por aumentar la recaudación de impuestos. O quizás, piensen otros, nos hablará sobre los grandes cracks financieros y los pánicos bursátiles: desde la burbuja del tulipán en Holanda hasta los grandes cataclismos modernos como el jueves negro de 1929, la burbuja de las .com del año 2000 o la quiebra de Lehmann Brothers en 2008, que dio origen a la crisis actual.

Me temo que si es así, les voy a defraudar. Tampoco les contaré trepidantes relatos de grandes golpes y atracos que, por cierto, han pasado a mejor vida. Ahora los cacos son hackers delante de pantallas de ordenador y no osados butroneros armados de picos y taladros. Ni tampoco, por último, voy a hacer de gurú financiero revelándoles los secretos de los mejores productos de inversión para que se forren optimizando sus ahorrillos. Siento decepcionarles ya que nada de todo lo anterior, quizás sólo tangencialmente, será objeto de discusión o desarrollo por mi parte. Es mejor avisar así si alguien se hacía otra idea puede abandonar la sala y se ahorra la desilusión.

Bien, y si descartamos todo lo anterior, ¿qué queda por decir sobre el dinero?

Pues, en mi opinión, queda lo más importante y desconocido. Pero permítanme que, abusando de su paciencia, mantenga por ahora el suspense sobre el núcleo del asunto.

Estamos sin duda ante el elemento material más importante de la vida social. Creo que nadie discutiría que el dinero funciona, podríamos decir, como el flujo sanguíneo de la vida económica en nuestra sociedad. Como dice, muy poéticamente, un señor llamado Carlos Marx: “El dinero, en cuanto posee la propiedad de comprarlo todo, en cuanto posee la propiedad de apropiarse de todos los objetos es, pues, el objeto por excelencia. El dinero es el alcahuete entre la necesidad y el objeto, entre la vida y los medios de vida del hombre”.

Y sin embargo un halo de misterio y de falsedades cubre las cuestiones claves relacionadas con el ‘objeto por excelencia’: ¿Qué es realmente el dinero? ¿Quién y para qué lo crea? ¿Qué funciones desempeña en la sala de máquinas del sistema capitalista? ¿Qué relación hay entre la fábrica de dinero y el mastodóntico crecimiento de la deuda y las crisis económicas en las últimas décadas? Estos interrogantes les darán una pista de por dónde van los tiros de lo que quiero contarles.

No sé qué pensarán ustedes, pero, por mi experiencia, me atrevería a asegurar que si hiciéramos una encuesta en esta sala las respuestas a las preguntas anteriores serían de lo más variopintas y, probablemente, bastante desencaminadas. No es mi intención llamarles ignorantes, no se ofendan. Pero sí quiero destacar un hecho enormemente llamativo: el elemento más importante de la vida social es, al mismo tiempo, como indica el título de la charla, el gran desconocido. Indaguemos pues, si les parece, brevemente en las razones de este misterio. ¿A qué se debe la colosal ignorancia del público respecto del ‘objeto por excelencia’? La economista Ann Pettifor, autora del texto, La producción de dinero, corrobora la sorprendente realidad: “Una de las constataciones más impactantes de la última fase de la evolución del capitalismo es la total incomprensión de la naturaleza del dinero en nuestras sociedades”. Según una encuesta promovida por una organización británica en pos del dinero “honesto”, el 77% de los ciudadanos cree que el dinero que tienen en el banco es legalmente suyo y no del banco, alrededor del 61% sostiene la idea de que los bancos son simples intermediarios que canalizan el ahorro hacia la inversión y una proporción similar cree que el dinero lo crea el Estado o un banco central público –la poderosa metáfora de la impresora de billetes-. Los resultados anteriores indican que no tenemos ni la más remota idea -creo que la encuesta en España daría un resultado todavía más contundente que en la más culta Inglaterra- de cómo funcionan realmente el dinero y las instituciones financieras que centralizan todo el circuito de pagos, intercambios y préstamos del que depende nuestra vida cotidiana. Tengamos en cuenta que nada menos que el 96% de la población tiene algún producto bancario. Así pues, podríamos afirmar que no entendemos las fuerzas que mueven el mundo en el que vivimos. Y si alguien dijera, queriendo rebajar la importancia de esa enorme laguna en el conocimiento común, que no se necesita tampoco saber de ingeniería para comprarse un coche de alta gama y disfrutar de sus extraordinarias prestaciones, le rebatiría con un argumento creo que bastante contundente: claro que no, pero resulta que la fábrica de dinero es la base de la vida social, no un bien de consumo cualquiera por relevante que sea. No sólo eso, si uno no entiende la fábrica de dinero no entenderá nada del mundo que le rodea, no sabrá por qué hay crisis o por qué puede perder su trabajo, sus ahorros, su vivienda, su pensión y todo lo que afecta a su nivel de vida cotidiano. Así que es evidente que no se trata de un bien ‘como los demás’ y que a todos nos convendría un mayor conocimiento sobre el ‘objeto por excelencia’ ¿no les parece? Quizás así evitemos que la gente se crea de nuevo bobadas como aquello de que ‘las casas siempre suben’, que ‘alquilar es tirar el dinero’  o que ‘España va bien’ y que las crisis son cosas del pasado. Así nos fue al pelo, verdad. Por mi parte, suscribo la hipótesis que avanza Pettifor acerca de tan sorprendente fenómeno: “esta incomprensión del papel del dinero en la vida social se deriva de los  esfuerzos deliberados del sector financiero para oscurecer sus actividades con el objetivo de mantener su omnipotencia”. Así que, como ven ustedes, con los bancos hemos topado, esos angelitos.

Pero hay otros culpables incluso más visibles. No hay que ser tan conspiranoicos. Algo de culpa tendrá también en esta fenomenal maniobra de ocultación la doctrina oficial sobre el dinero. Yo la llamo la música celestial, ya saben, algo muy elegante y aparente pero completamente vacío de contenido real. Quizás no sea pues mala idea comenzar haciendo un repaso de las mentiras de la música celestial de la ortodoxia económica, omnipresente en todas las tribunas mediáticas y facultades de economía desde las que se bombardea con la ideología dominante a la desvalida ciudadanía.

Alfredo APILÁNEZ, en un momento de la Conferencia en Gijón, su pueblo natal

Segunda parte: Vamos pues a contar mentiras.

Aprovecho para hacerles un ruego: si algún hijo, familiar o amigo suyo desea estudiar economía, por favor, traten de quitárselo de la cabeza. No aprenderá nada de cómo funciona realmente el capitalismo ni de la fábrica de dinero y si mucha pseudociencia legitimadora del sistema, aparte de recibir orientación profesional hacia ocupaciones digamos que muy poco honorables. Así que si tienen cariño verdadero por sus seres queridos y quieren que sean personas de bien, hagan todo lo posible para desviarles de ese camino. Trataré de convencerles de ello a continuación, no me voy más por las ramas, les ruego que me disculpen de nuevo.

No hay dinero. No hay suficiente dinero. ¿Cuántas veces habremos escuchado esta frase en boca de supuestos expertos, políticos y tertulianos? No hay dinero para pagar pensiones dignas, para gastar en sanidad, educación o para mejorar los sueldos de los funcionarios.  ¿Y por qué no hay dinero? Pues porque el Estado no puede vivir por encima de sus posibilidades, nos dicen. Porque si el estado gasta más de lo que ingresa tiene que endeudarse, subirán los tipos de interés y, además de perjudicar la financiación del resto de agentes económicos, esos intereses tendrá que sacarlos de algún sitio. ¿Y de dónde saca el estado despilfarrador el dinero para pagar los intereses de la deuda? Pues sí, lo han adivinado, de los impuestos, es decir de los bolsillos de los sufridos ciudadanos y los maltratados emprendedores. Así que hay que apretarse el cinturón. Igual que hace una familia. Los economistas de la música celestial lo llaman efecto expulsión y suena muy razonable y riguroso, ¿no les parece? Hay que impedir pues a toda costa que el estado despilfarrador se entrometa en la economía de libre mercado y dejar a la maravillosa empresa privada que haga lo que sabe hacer mucho mejor que esos burócratas holgazanes.

Ellos, los de la música celestial, lo llaman políticas de austeridad y consolidación fiscal, que suena muy bien, a todos nos gusta presumir de austeros y de ahorradores. El antropólogo David Graeber resume el fundamento real de las políticas neoliberales -ya saben los recortes, las privatizaciones y todo eso-: “Es esta concepción la que nos permite continuar hablando sobre el dinero como si fuera un recurso limitado, como la bauxita o el petróleo, para decir simplemente ‘no hay suficiente dinero’ para financiar programas sociales y para hablar de la inmoralidad de la deuda gubernamental o del gasto público”.

Sigamos un poco, espero no aburrirles demasiado, con la cantinela de la música celestial. Quedamos en que no había dinero porque el dinero es como el oro, algo limitado y hay que utilizarlo con mucha moderación. Así pues, si no hay suficiente dinero y el estado no lo puede fabricar, ¿de dónde sale pues el dinero? Pues muy sencillo: lo crea el banco central, la impresora de billetes que todo el mundo ha visto en algún documental o sino se la imagina. Pero, ojo, hay que tener mucho cuidado también con esta mágica herramienta. Si se imprime demasiado -para dárselo por ejemplo al gobierno derrochador que quiere subir el sueldo a los funcionarios o la pensión a los jubilados para ganar un puñado de votos- entonces los flujos económicos se pueden desbordar como los ríos inundados y ocurrirá uno de los grandes males que nos perjudican y empobrecen a todos, que subirán los precios, o, como dicen los cracks de la música celestial, que aparece la inflación. Y ese es el peor de los males posibles. Es como las siete plagas bíblicas o el cuarto jinete del apocalipsis. Un sumo sacerdote de la religión de la música celestial, muy amigo de Pinochet y de otros honorables gobernantes, llamado Milton Friedman, lo dice muy clarito: “La inflación es una enfermedad, una peligrosa y a veces fatal enfermedad que, si no es controlada a tiempo, puede destrozar una sociedad” ¡Cuánto dramatismo verdad! ¿Y, se preguntarán ustedes, por qué la inflación es el mal más terrible? ¿No parecen mucho peores el paro, la miseria o la brutal desigualdad que padecemos?

Pues porque si suben los precios y hay inflación, sigue sonando la música celestial, entonces todos somos más pobres porque nuestro dinero vale menos y podremos comprar menos cosas con él. Y las empresas también venderán menos porque los precios serán más altos y despedirán a los trabajadores y habrá más desempleo. Y a los bancos, esos angelitos, tampoco les gusta nada la inflación porque las deudas pierden valor y el dinero que les devuelven vale menos que el que prestaron. Así que la inflación es muy perjudicial para todos y hay que evitarla a toda costa. Por eso los bancos centrales, que velan por la salud del sistema financiero y de toda la economía, tienen como principal objetivo evitar a toda costa que esa maldición caiga sobre la sociedad. Y por eso es muy importante que sean independientes de los gobiernos, para tenerlos bien controlados y que no gasten más de la cuenta, como hacen los gobiernos populistas o bolivarianos. Esto es lo que entiende por política económica la música celestial. Quizás les suene: se llama neoliberalismo y lleva en el poder unos cuarenta años.

Pero una cosa, ¿no les dije qué les iba a contar los secretos del dinero y para qué servía en realidad ese gran desconocido? Tienen razón, pero recuerden que también les pedí un poquito de paciencia que espero todavía les quede.

Pues bien, seguimos un poco más con la música celestial, no mucho, les prometo que no les cansaré demasiado. En esta Arcadia feliz del libre mercado, ¿qué pinta en realidad el dinero y cuáles son sus funciones en el sistema económico? Pues como ven la verdad es que poquita cosa. Sólo hay que vigilar escrupulosamente que no haya demasiado y así todo funcionará como la seda. El dinero, bien administrado, es un elemento externo -exógeno, dicen los de la música celestial- al circuito económico, que sólo sirve para facilitarnos las cosas y evitar que andemos todavía cambiando abalorios como los hombres primitivos hacían con el trueque. Fíjense si no en lo que decía John Stuart Mill, uno de los sabios pontífices de la música celestial: “En resumen, no puede haber una cosa intrínsecamente más insignificante en la economía de la sociedad que el dinero: un artilugio para ahorrar tiempo y trabajo. Es una máquina para hacer rápida y cómodamente lo que se haría, aunque de manera menos rápida y cómoda, sin ella”. Perfecto, ¿nos ha quedado claro a todos, verdad? ¡El dinero es algo insignificante!

¿Qué más nos dicen las teorías oficiales sobre el dinero? Abramos cualquier manual de teoría económica (la llaman, pomposamente, microeconomía, como si fuera un microscopio que muestra los átomos de la vida económica). A los economistas de la música celestial les gusta mucho compararse con las ciencias duras, con la física y la matemática. ¿Qué nos dice pues del dinero un tocho de esos con los que se lava el cerebro a los pobres estudiantes? Pues fíjense ustedes, inicialmente ni aparece. Todo el bloque central de la disciplina se basa en el estudio de los mercados, los precios, la oferta y la demanda, los equilibrios, etc. un rollo horroroso, se lo aseguro. Y del dinero ni rastro. Tampoco del beneficio, por cierto, el origen del beneficio empresarial también es una patata caliente para la música celestial. Así que se borra de un plumazo y santas pascuas. Asunto resuelto. Ya hacia el final del tocho, allá por la página 500 o así, en la sección de política monetaria, se dignan mostrarnos algunas referencias al origen y las funciones del dinero. Se asombrarían de la profundidad científica de tales exposiciones. Describen el dinero como un lubricante cuya única función es engrasar la maquinaria de los pagos y los intercambios. El dinero como herramienta de mejora del trueque de los hombres primitivos, para facilitar el comercio y satisfacer necesidades. El dinero como cualquier otra mercancía, con su oferta y su demanda. También les gusta mucho compararlo con un velo que oculta las variables fundamentales de la economía. Y ya está. A otra cosa mariposa. Miren, por ejemplo, lo que decía sobre el poderoso caballero otro mandamás de la música celestial, Alfred Marshall, cuyo manual sigue siendo la base del catecismo de la teología económica: “Puede, pues, compararse el dinero al aceite necesario para que una máquina funcione fácilmente. Una máquina no puede funcionar a menos que se engrase, de lo que alguien ingenuamente quizás pudiera inferir que cuanto más aceite se ponga mejor funcionará, pero, en realidad, si se pone más aceite del necesario la máquina quedará obstruida”. ¿Fantástica descripción verdad? Mejor no poner demasiado aceite, como cuando el estado gasta demasiado o al banco central se le calienta la impresora de billetes y dejar que el maravilloso engranaje de la economía de mercado, funcione sin impedimentos. Todo muy apropiado además para explicar el surgimiento del capitalismo, del comercio y la división del trabajo como una evolución natural del desarrollo de las funciones económicas básicas de la especie, a saber, la estación de llegada de la evolución social de la humanidad en el mejor de los mundos posibles.

Para que vean la imagen que tienen los economistas oficiales del vil metal les explico el experimento que proponía el señor Friedman, alias ‘helicóptero Milton’, como ilustración de las nefastas consecuencias de caer en la tentación de activar la “impresora de billetes” y lanzar demasiado dinero a la circulación: “imagínate que una mañana te despierta el sonido de un helicóptero que sobrevuela tu barrio. Te asomas a la ventana y ves que de él están arrojando paquetes que caen frente a cada una de las casas de tu calle. En cada paquete hay 10.000 dólares en billetes nuevos, un regalo de tu gobierno. ¿Qué harías?” ¿Qué harían ustedes? Mientras se lo piensan sigo con la fábula de la música celestial un poquito más, les prometo que luego les cuento la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, bueno o casi toda. Pero ya se sabe que la verdad brilla más sobre el fondo oscuro de las mentiras y manipulaciones.

En este punto aparece un ligero problemilla, una china en el zapato para la música celestial. Si el dinero es algo insignificante, ¿Qué pasa entonces con la deuda? ¿Sólo es mala la pública, generada por el estado derrochador, y no la privada? ¿No hemos oído todos que la deuda privada ha causado la reciente crisis con todas las terribles consecuencias que aún padecemos? ¿Les suena verdad? Porque resulta que la deuda de los emprendedores y las familias ha crecido de una forma estratosférica. ¿Tiene eso algo que ver con el dinero y su modo de producción en eso que algunos radicales-que no son economistas de la música celestial- llaman aún capitalismo? ¿No se trata de un grave problema? Quizás ya hayan adivinado la respuesta. No, en absoluto, la deuda privada no es ningún problema para la música celestial y además no tiene nada que ver con el dinero. ¿Qué les parece? Piensen, si no me creen, en lo siguiente: ¿algún economista serio alertó del enorme peligro de las montañas de deuda que había en la economía mundial antes del crack de 2007? ¿Adivinan la respuesta? Pues sí, creo que lo han adivinado también. Ninguno. ¿Y saben por qué? Porque la deuda para ellos no tiene importancia. Sí, han oído bien. Igual que el dinero, bien administrado, es algo insignificante, la deuda privada para la música celestial no tiene relevancia alguna. ¿Y por qué las colosales montañas de deuda sobre las que estamos instalados no tienen la más mínima importancia para estos lumbreras? Verán que explicación más sencilla nos dan: porque la deuda sólo refleja el ahorro de la gente canalizado hacia la inversión de los benditos emprendedores. No es dinero nuevo ni se añade nada a los circuitos económicos que no estuviera antes en ellos, por tanto no provoca la pesadilla de la inflación ni desequilibrio alguno sobre la economía. Es sólo una especie de trasvase, como los vasos comunicantes. ¿Y quién canaliza el sacrosanto ahorro hacia la inversión? Sí, lo han adivinado: los serviciales bancos. Esa es la función que les asignan los sesudos manuales de la música celestial: los bancos son sólo intermediarios financieros, así los llaman a los angelitos. Este es el círculo virtuoso de una economía sana de mercado que proporciona, insisto, si no se entromete el estado derrochador, prosperidad y bienestar para todos. Por eso los doctores de la música celestial, atiborrados de premios Nobel, no se enteraron de la crisis, porque a ellos les parecía que todo iba sobre ruedas y la enorme explosión de deuda y especulación financiera que precedió al colapso de 2007 les traía sin cuidado. Como dice el economista Steve Keen, uno de los que no se creen toda esta sarta de monsergas -y por eso precisamente, sí que anticipó el tremendo batacazo de 2008-: “si estás creando un modelo económico sin dinero ni deuda privada, será formal y matemáticamente grandioso, pero no estás modelizando el capitalismo”. Hasta la reina de Inglaterra se mosqueó bastante al parecer un día que la llevaron de visita a la London School of Economics, una honorabilísima institución, donde trabajan algunos de los más brillantes economistas de la música celestial, y se atrevió a preguntar -es muy gracioso porque el marrón le cayó al actual responsable de economía de Ciudadanos, un tal Garicano– por qué no habían visto, ellos, tan sabios y estudiados, avecinarse la hecatombe. No les cuento lo que contestó Garicano para no ofender su inteligencia. Pero les aseguro que no dijo la verdad a la soberana indiscreta: claro que la vieron venir, la crisis esta brutal me refiero, pero había que ocultar las sombrías señales que la anunciaban. Porque como dijo un ladino exministro de la piel de toro, un tal Sebastián: ¿a ver quién es el guapo que apaga la música en mitad del guateque?

No les torturo más con la música celestial que creo que ya nos chirría un poco a todos. Quédense finalmente con esto: a la doctrina oficial no le interesa el dinero ni la deuda privada ni el origen del beneficio empresarial. Y se quedan tan anchos. Por tanto, con estos fantásticos educadores económicos, no es en absoluto de extrañar la ignorancia supina de la ciudadanía acerca de las cuestiones monetarias y todo lo relacionado con el ‘objeto por excelencia’.

Tercera parte: llegó la hora de decir la verdad

Dejemos pues de contar mentiras y hablemos del capitalismo realmente existente y de la función real que tiene el dinero en ese engranaje. Hablemos pues de las crisis, las desigualdades crecientes, el desempleo crónico, la precariedad laboral y del muy relevante papel que la fábrica de dinero moderna tiene en todas estas cuestiones, ¿les parece?

¿Por dónde empezamos pues a arrojar un poco de luz en la oscuridad reinante sobre el fenómeno monetario? Quizás sea buena idea partir de una sombría constatación: nunca antes en la historia ha sido mayor la brecha entre, por un lado, la capacidad de producir bienes y servicios para proporcionar un nivel de vida digno a todos los seres humanos con la tecnología y los recursos existentes y, por otro, los brutales niveles de desigualdad y de miseria que padecemos. Actualmente hay recursos sobrados para satisfacer las necesidades, básicas y no tanto, de toda la población mundial respetando los machacados equilibrios ecológicos con un consumo sostenible de recursos naturales. Keynes, un economista muy famoso e influyente, bastante crítico con la música celestial, decía que en el año 2030 trabajaríamos quince horas a la semana debido al aumento de la productividad del trabajo y al extraordinario desarrollo científico y tecnológico y que viviríamos en un paraíso de abundancia en el que los rentistas y la especulación financiera habrían pasado a mejor vida. ¡Qué dotes proféticas verdad! Más bien ha ocurrido justo lo contrario de lo que pronosticaba el refinado gentleman británico. La cuestión fundamental que voy a tratar de esbozar sería pues la siguiente: ¿qué papel tiene el dinero, o mejor, su modo de producción y circulación, en esta aguda asimetría entre las capacidades que podría tener el sistema económico, adecuadamente organizado para servir las necesidades de las personas, y la concreción real de esas capacidades en el capitalismo? O dicho de una forma más brutal y directa: ¿por qué el dinero es un elemento, el más relevante de la actual organización social, que sirve de herramienta de poder al servicio del interés privado? Quizás ahí radique, como decía Pettifor, el principal motivo por el que es también el gran desconocido.

Verdad número 1: El dinero es la raíz del poder social al servicio del interés privado, no un mero lubricante de los intercambios como predica la música celestial.

¿Qué es y cómo se crea entonces realmente el dinero? Claro que hay suficiente dinero, de hecho hay mucho más del necesario, al contrario de lo que dice la música celestial. El problema no es la cantidad sino la manera de fabricarlo, para qué se utiliza y cómo se distribuye a través del circuito económico: quién y con qué objetivos controla la fábrica de dinero. ¿Quién lo crea y para qué lo crea? He aquí la raíz del poder social. El dinero, como casi todo en el capitalismo, está privatizado y se genera al servicio del interés privado. Esa es la cuestión clave, que la fábrica de dinero –algo de uso público, universal, de lo que nadie puede prescindir- es privada. Si no empezamos por ahí no entendemos nada sobre el papel esencial del poderoso caballero en nuestra sociedad. Por eso la doctrina oficial de la música celestial ni siquiera menciona este aspecto crucial. Por eso Marx la llamaba economía vulgar, porque no era una ciencia sino pura ideología justificadora del capitalismo. Uno de los, por desgracia escasos, economistas honestos, Michel Aglietta, explica el punto clave sobre la función real del dinero en nuestra sociedad. Fíjense qué lenguaje más diferente al que estábamos habituados en los manipuladores voceros de la música celestial: “Si los salarios crean división social, determinando el poder de una clase social sobre otra, ese poder es el poder del dinero. Para ser más precisos, es el poder de aquellos que detentan la prerrogativa de crear dinero, con el fin de transformarlo en un medio de financiación de la producción, sobre aquellos cuyo único acceso al dinero es la venta de su capacidad de trabajo” Así pues el dinero es poder, esta es la verdad, poder de los que lo crean sobre los que lo consiguen únicamente ganándose el pan con el sudor de su frente. Si el dinero fuera sólo un lubricante de los intercambios, como reza la música celestial, el capitalismo no existiría, así de sencillo.

Porque de eso va el capitalismo, de convertir el dinero en capital para generar más dinero a través de la explotación del trabajo humano. Y de eso van también las políticas de austeridad neoliberales -ya saben, lo de apretarse el cinturón y no vivir por encima de nuestras posibilidades-. Va de extraer riqueza de la sociedad -de los trabajadores por supuesto, de quién si no- con la excusa de que el dinero es escaso y todas esas bobadas de la música celestial. Y para ello la herramienta fundamental, no la única, ojo, pero sí una pieza imprescindible, es el control absoluto de la fábrica de dinero para ponerla al servicio del interés privado. Como dice Evans, otro economista honesto: “El dinero se convierte en capital cuando es avanzado con el objetivo de obtener un beneficio. La función del dinero como medida del beneficio es uno de los aspectos cruciales de una economía capitalista”. Así pues, todas las preguntas anteriores sobre qué es el dinero, cómo se crea y para qué sirve se pueden, como ven, fusionar en una sola respuesta: el dinero es la herramienta a través de la cual se ejerce el poder social en una sociedad capitalista, una sociedad dividida en clases con intereses irreconciliables.

Pues sí, como ven, nos vamos a poner radicales y antisistema, para que los economistas ortodoxos de la música celestial y los que se crean a pies juntillas la basura de las tertulias de la sexta puedan abandonar escandalizados la sala. ¿Alguien, que no sea un economista vulgar, puede dudar del conflicto objetivo entre los que viven de su salario y los que desean exprimirlo al máximo para agrandar su beneficio? Pues aquí es donde entra la fábrica de dinero al servicio del interés privado. Pero este es sólo el principio de la historia. Tengan un poco de paciencia que ahora viene lo más excitante.

Verdad número 2: La banca produce el dinero de la nada, del puro aire y es la planificadora de la actividad económica hacia las burbujas de activos y no hacia la economía productiva.

Muy bien, perfecto, dirán ustedes. Todo esto suena muy sonoro y radical pero hasta aquí no hemos avanzado mucho sobre lo que nos prometió, que nos iba a desvelar los secretos del dinero y sus funciones en la economía actual. Pues sí, tienen toda la razón, así que vamos a escarbar un poco más en tan neurálgico asunto. ¿Cómo se fabrica el dinero para que cumpla con ese fin de propulsar la ganancia del capital? No precisamente por el Estado ni por el banco central con su impresora de billetes, esas son las mentiras de la ortodoxia que por desgracia cree la mayor parte de la gente. El dinero lo crean los bancos en forma de deuda. El dinero es el gran negocio de la banca privada que genera con intereses el 97% del que circula. Sí, han oído bien: el 97%. Por tanto, el dinero nace como deuda generado por los bancos cuando conceden préstamos y muere cuando se paga la deuda con intereses. Así de sencillo. Entonces, dirán ustedes, ¿cuál es el problema? Los pobres banqueros tienen derecho a hacer negocio y el que se endeuda sabe a lo que se arriesga, así puede disfrutar de un maravilloso adosado o de un flamante utilitario. O si no que aprenda a no vivir por encima de sus posibilidades. ¿No les parece de sano sentido común? Pues resulta que no es así en absoluto porque la cruda realidad es que la maquinaria generadora de deuda está desbocada porque es el motor que mueve la economía parasitaria en la que vivimos. Vivimos sobre montañas de deuda. Deuda de las empresas, de las familias y del Estado. Actualmente en España la deuda total -con su colosal carga de intereses a cuestas- triplica la riqueza generada en la economía. Sí, han oído bien: se debe el triple de lo que se produce. ¿Alguien en su sano juicio, es decir, que no sea un vulgar economista, puede pensar que eso sea sostenible o que no tenga ningún efecto sobre la evolución de las variables económicas de las que depende el nivel de vida de la gente? La montaña de deuda global es el gran negocio de la banca y la generadora de actividad económica y del enorme castillo de naipes de los llamados mercados financieros, el casino global por donde circulan las apuestas de los especuladores tratando de aumentar artificialmente la ganancia del capital. Todo ello por supuesto con la inestimable ayuda de Internet y las deslumbrantes nuevas tecnologías de la información. Sin ellas habría sido imposible el crecimiento astronómico del casino financiero. Ya saben, esas pantallitas llenas de gráficos que vemos en las noticias cuando nos hablan de Wall Street y de los sacrosantos mercados.

Veamos pues un poco más de cerca cómo funciona esta enorme fábrica de dinero-deuda. La cosa realmente parece mágica. Un economista bastante honesto llamado Galbraith dijo algo muy ilustrativo al respecto: El proceso de creación de dinero por los bancos es tan simple que repugna a la mente. Pues bien, vamos allá, a desvelar el mayor secreto acerca del dinero moderno. Un banco fabrica deuda. Pero no es como una empresa que produce bienes con materias primas y demás factores productivos. Un banco crea deuda de la nada, del puro aire se suele decir. Y lo hace en el mismo instante de conceder un préstamo. En ese momento se crea el dinero, mediante una anotación electrónica, unos dígitos mágicos que aparecen en la cuenta bancaria del prestatario. Y ya está. Lo anotan en una pantallita y a correr. Y encima cobran intereses por la patilla. Y como la mayor parte del dinero no sale de los circuitos electrónicos, ya que casi nadie va a sacar el dinero en efectivo cuando le conceden un préstamo, pues podríamos decir que casi todo el dinero que utilizamos en realidad no existe físicamente, sólo son anotaciones electrónicas que podrían desaparecer de un plumazo. Parece increíble pero es cierto. Lo reconocen hasta los sesudos estudios de los bancos centrales y la mayoría aplastante de los economistas honestos. ¿No les parece un poder extraordinario? ¿Entienden ahora por qué estas cosas hay que mantenerlas en secreto, bajo siete llaves, no vaya a ser que nos entre un poquito de rabia al saber la verdad? Un magnate yanqui -un tal Henry Ford, no sé si les suena- decía que si la gente conociera cómo funcionan realmente los bancos habría una revolución antes del día siguiente. Ese es el gran secreto del poder de la banca. Planificar la economía dirigiendo la financiación hacia determinados sectores y actividades, los que ellos deciden. Si la banca dice que lo que le da más beneficio es prestar dinero para que el españolito se compre su adosado, pues se monta toda la economía sobre una montaña de hipotecas y burbuja del ladrillo que te crió. No sé si se acuerdan de algo parecido a ésto que ocurrió por estos lares. Pero si la banca dice que no presta, con perdón, ni a Dios -como pasó tras el colapso de hace diez años- a tomar vientos la economía global, los chiringuitos de los emprendedores y todo bicho viviente al paro o a la beneficencia. Estos angelitos son pues los amos del cotarro, no sé si lo he dicho ya. Y no hay nada que el gobierno, el poder supuestamente soberano y democrático, pueda hacer al respecto. Al contrario, el gobierno soberano también está a los pies de la banca que es la que le presta la pasta cuando se endeuda, haciendo un negocio soberano con la deuda pública soberana. Así que todo aquello que les contaba de la música celestial sobre la obligación del gobierno de apretarse el cinturón y no endeudarse ni vivir por encima de sus posibilidades lo pueden tirar a la basura junto con el resto de las mentiras de la música celestial: la deuda pública es el gran chollo para la banca privada. De eso hablaremos un poco más tarde. Antes les voy a poner sólo un simpático ejemplo de lo que ocurre cuando se descorre el velo de misterio que oculta las actividades de la banca privada. Se trata de un juicio hipotecario ocurrido en USA en el 69 que relata Alejandro Nadal. El demandante, un abogado llamado Daly, que había impagado un préstamo hipotecario y estaba a punto de perder la casa, denunció al banco alegando que no le podía quitar la casa porque en realidad había creado el dinero del puro aire y no había puesto nada de su parte al hacer el préstamo. Sigo con el relato de Nadal: En su testimonio, el director de la sucursal declaró que, en efecto, su banco había creado íntegramente los 14 mil dólares al inscribir una entrada en su contabilidad acreditando dicha suma al señor Daly, tal como si éste hubiera realizado un depósito por esa cantidad. En las curiosas palabras del funcionario del banco, ‘tanto el dinero como el crédito comenzaron su existencia cuando fueron creados de esta forma’”. “Me suena muy fraudulento,” expresó el pasmado juez. La sentencia fue favorable al demandante al quedar acreditado que el contrato era nulo y el señor Daly conservó su casa.

Imagínense ustedes el pifostio -con perdón- que se montaría si de repente un juez dijera que el préstamo hipotecario es fraudulento e ilegal. Imagínense que un juez de estos del supremo, tan imparciales a la hora de servir los intereses de la ciudadanía, dictaminara que los bancos no tienen derecho a quedarse con la casa y que, en caso de impago del préstamo, tienen que aceptar la pérdida como todo hijo de vecino. ¿Qué les parece? ¿Se dan cuenta de que se derrumbaría el colosal negocio del crédito hipotecario? ¿Entienden ahora por qué hay que preservar a toda costa el secretismo sobre tan delicados asuntos? Bueno, dejemos de fabular y volvamos a la cruda realidad.

El capitalismo actual es pues un castillo de naipes en el que todo se fía a la subida del precio de los bienes inmobiliarios y de los activos financieros que se empaquetan con ellos a partir de la deuda colosal generada por la banca privada. Esa es la función clave de la fábrica de dinero moderno. ¿Pero no habíamos quedado, objetarán ustedes con razón, en que el dinero sirve para invertirlo en actividades productivas y no tanto para prestar a la gente para que se compre casitas? Sí, lo sé, en eso habíamos quedado, pero precisamente lo que trato de explicarles es que ahí reside la clave de la decrepitud de eso que todavía llamamos algunos capitalismo: la función tradicional de financiar la economía productiva está en franca decadencia y por eso la banca se lanza al crédito personal e hipotecario. Pero esto es una economía tóxica que acaba derrumbándose con estrépito. Y por qué se derrumba. ¿Por qué, sin ir más lejos, quebró el sistema financiero global hace diez años? Porque un ‘lechero de kansas’ -ya saben, el americano medio- dejó de pagar la hipoteca. Freeman, otro economista honesto, lo explica muy clarito: “en última instancia el ingreso financiero sigue dependiendo de la producción; una hipoteca entra en impago cuando el valor real que paga por ella deja de producirse”. De hecho ese fue el estruendoso detonante de la crisis de las hipotecas subprime de 2008. Ya saben todo aquello de Lehmann Brothers, los rescates a la banca, los recortes brutales, las políticas de austeridad, la crisis de la prima de riesgo, etc. ¿Se acuerdan verdad? Así que está claro por qué colapsan las montañas de deuda del casino financiero. Porque la riqueza real que proviene del trabajo ya no puede soportar esa enorme carga de rentas y de intereses que sustenta todo el castillo de naipes especulativo. Como ven, no les estaba engañando. Al final la única fuente de la que se extrae riqueza en el capitalismo es el trabajo. En última instancia, los salarios de la gente que va cada vez más con la lengua fuera. Un hilo muy fino que cuando se rompe nos arroja al próximo crack, que ya verán cómo llegará en menos que canta un gallo, no hagan caso a los de la música celestial que dicen que estamos creciendo y demás pamplinas: nos quieren engañar como cuando decían que no había crisis, sino aterrizaje suave, ¿se acuerdan? Otro economista honesto, que se acaba de morir el pobre, Jorge Beinstein hace una magnífica descripción de cómo son realmente las cosas: ”El aparente “circulo virtuoso” había mostrado su verdadero rostro: en realidad se trataba de un círculo vicioso donde el parasitismo financiero se había expandido gracias a las dificultades de la economía real, a la que drogaba cargándola de deudas cuya acumulación terminó por bloquear el fabuloso crecimiento del globo financiero”. Así pues, al final la culpa del formidable tamaño del casino financiero creado sobre la deuda privada la tiene el capitalismo degenerativo y decadente que tiene que extraer cada vez más jugo del único lugar de dónde lo puede sacar. Y el pobre currante empufado hasta las cejas tiene una sobrecarga tremenda. Porque dense cuenta de que no es lo mismo un crédito a una empresa que una hipoteca. Otro economista honesto, Lapavitsas, explica muy bien la diferencia entre el crédito empresarial y el personal y cómo todo sale de los menguantes ingresos del trabajador: “las finanzas dirigidas a los ingresos personales apuntan a satisfacer necesidades básicas de los trabajadores -vivienda, consumo, seguros-. Difieren cualitativamente de las finanzas dirigidas a la producción capitalista. Estrictamente, la ganancia de la banca puede dividirse entre, primero, el interés obtenido de los préstamos hechos a los capitalistas y, segundo, el interés obtenido de los préstamos hechos a los trabajadores. El primero representa habitualmente una proporción de la plusvalía. El segundo incluye una proporción de la renta personal y es un resultado característico de la expropiación financiera”. ¿Les voy convenciendo un poco más de lo que les decía? ¿Ven como no les engañaba? Que el dinero es la forma en la que se ejerce el poder social sobre los que viven de su trabajo. Al trabajador se le explota en el trabajo -de ahí el capitalista paga a la banca los intereses del crédito que le concedió para emprender su actividad-, y fuera del trabajo, cuando se le extraen los intereses de la hipoteca y otros créditos personales. Doble extracción de riqueza pues. A la primera la llamamos plusvalía y a la segunda expropiación financiera pura. Ya vamos completando un poco el cuadro y conociendo un poco más sobre la maquinaria de succión de riqueza extraída del trabajo humano que gira alrededor de la fábrica de dinero moderno.

Recapitulemos pues brevemente todo lo anterior: la banca crea el dinero de la nada a través de la deuda que inunda todos los vasos sanguíneos de la economía. Y dirige esa deuda hacia el crédito personal más que al empresarial, lo cual provoca una intensificación de las burbujas inmobiliarias que acaban colapsando en crisis de creciente virulencia y una aguda sobreexplotación de los que sólo viven de su trabajo. ¿Qué les parece el panorama? ¿A qué no es extraño que lo quieran ocultar a toda costa del examen público?

Verdad número 3: El capitalismo está enfermo de deuda y baja rentabilidad y la fábrica de dinero lo mantiene con respiración asistida: el surrealismo de la QE.

Vamos a abrir un poco el foco para hacernos las preguntas fundamentales. ¿A qué se debe exactamente ese protagonismo creciente de la fábrica de dinero y deuda en el capitalismo actual? ¿Se deriva simplemente, como creen algunos, de la avaricia y la especulación sin freno de los desalmados magos de las finanzas o tiene alguna relación estructural con la evolución del capitalismo en las últimas décadas? ¿Podríamos afirmar pues que el modo de producción del dinero moderno es la mejor prueba de la degeneración del sistema?

Sí señores, les estoy escuchando, ya sé que nos dicen que estamos creciendo, que la música celestial nos martillea con que nos estamos recuperando de la crisis y que estamos mejor preparados para superar otra venidera. Sabemos todo esto. Pero a pesar de toda la propaganda de la música celestial, me reafirmo. El problema de fondo es que el capitalismo está enfermo, lo cual no quiere decir moribundo ni que se vaya a acabar mañana. ¿Aunque no estaría nada mal verdad? ¿Y de qué está enfermo el capitalismo? Pues está enfermo de deuda, de desigualdades brutales y de decadencia de la actividad productiva. Un economista muy honesto y pobre llamado Carlos Marx lo llamaba ley de descenso de la tasa de ganancia. Eso por no hablar del ecocidio y del terrible destrozo ambiental causado por la sobreexplotación de los recursos naturales con la suicida coartada del crecimiento económico ilimitado en un planeta cada vez más agotado. Toda la evolución económica de los últimos cuarenta años se puede resumir en una escalada degenerativa expresada en la dependencia creciente de la máquina de producir dinero-deuda para sostener el maltrecho entramado que ya no se sostiene por sus propios medios. En los años 70, después de treinta años gloriosos de crecimiento y prosperidad en el mundo rico, el mecanismo se encasquilló y el capitalismo entró en crisis crónica. Ahí empezó la era de las burbujas y la hipertrofia del casino financiero global. Como explica otro economista honesto, Andrés Piqueras: “Hoy vivimos en un capitalismo irreal, ficticio, moribundo, cuya economía aparenta que sigue funcionando porque vive asistida a través de la invención incesante de dinero de la nada, y de una deuda creciente que está devorando toda la riqueza social y natural”.

Pongamos algún ejemplo de esta degradación acelerada del capitalismo relacionada con la fábrica de dinero y así introducimos en el relato a otro de los protagonistas estelares del modo de producción de dinero moderno, que hasta ahora le teníamos un poco abandonado: la banca central independiente. Ya saben, los que fabrican los papelitos de colores que la mayor parte de la gente piensa que son el único dinero real, el de toda la vida. Sí, han oído bien, la fábrica del dinero público, como dijimos, es independiente de los gobiernos y poderes democráticos. Es más, podría decirse que un banquero central tiene infinitamente más poder para influir sobre las condiciones de vida de la gente que estos políticos tan majos que elegimos con la papeletina esa. Se acuerdan de aquel slogan que coreaban en el 15-m, aquello de ‘lo llaman democracia y no lo es’. Pues eso, toda la razón. Pero de lo que no es independiente el banco central en absoluto es de la banca privada. Sin ir más lejos, el jefe de la fábrica de euros, Mister Dragui, era anteriormente un alto ejecutivo de Goldman Sachs, uno de los amos del casino financiero mundial. Podría decirse pues que los bancos centrales son los organismos públicos que sostienen a los bancos privados para que puedan seguir con su producción masiva de deuda y mantener al capitalismo con respiración asistida tratando de ralentizar su decadencia. La institución que les ayuda cuando vienen mal dadas y todo el castillo de naipes se derrumba. Sólo les quiero mostrar un botón de muestra de esa función de salvadora del negocio bancario y las finanzas globales que tiene la banca central. Se trata de una cosa muy extraña, aparentemente supertécnica, llamada ‘flexibilización cuantitativa’, también conocida como QE, que es la política estrella que ha seguido toda la banca central del mundo rico después de la crisis de 2008. No les voy a abrumar con tecnicismos como hacen los manipuladores de la música celestial. Se lo voy a decir bien clarito: se trata del rescate más colosal de la banca privada y de todo el sistema financiero mundial que han visto los tiempos. ¡Y qué viva la libre empresa y la economía de mercado! Y también la prueba palmaria de que el capitalismo está enfermo y ya no tiene capacidad para superar sus dificultades y regenerarse por sus propios medios. ¿Quién se hizo cargo pues del salvamento del sistema bancario mundial que colapsó hace diez años, enterrado bajo las montañas de deuda impagable que él mismo había generado? Pues toda la banca central mundial, empezando por la Reserva Federal, la dueña de la maquinita del dólar -ya saben el billete verde, el símbolo del poder de la superpotencia yanqui-. ¿Y cómo fue esto posible? Pues porque la Reserva Federal y nuestro Banco Central Europeo fabrican el dinero de verdad, el único que no es deuda, y se lo pueden dar –prestar dicen ellos- a los bancos privados a cambio de las toneladas de préstamos basura que habían generado antes de la crisis financiera global. Y lo fabrican también de la nada pero nunca pueden quebrar porque su negocio no es la deuda ni las apuestas del casino financiero y siempre pueden fabricar todo el que quieran porque todo el mundo está obligado a aceptarlo y es con el que pagamos impuestos al Estado. ¿Pero se acuerdan de que les dije que había que tener cuidado con imprimir demasiado dinero, que eso puede provocar inflación, el peor de los males? Bueno, pues cuando se trata de salvar a sus colegas los bancos privados, el banco central no tiene ningún problema con inundar los circuitos de dinero y la inflación ni está ni se la espera. Y saben qué excusa ponen los de la música celestial para justificar esta violación flagrante de las reglas del libre mercado, pues que los grandes bancos son entidades sistémicas, así las llaman, y no se les puede dejar quebrar porque pondrían patas arriba toda la economía mundial además de hacer desaparecer todo el dinero electrónico virtual que tienen allí metido los benditos emprendedores y el pueblo llano. Y eso de que se esfume el dinerito ya no les hace mucha gracia tampoco a ustedes, verdad. Así que hay que poner los medios que sean necesarios para salvar a los angelitos que si no nos arrastran a todos tras ellos y la cosa se pondría realmente fea.

Y dirán ustedes también, pensando un poquito más sobre el aparentemente milagroso remedio, ¿realmente puede el todopoderoso banco central restablecer la salud de la economía él solito atiborrando de dinero los canales financieros para rescatar al sistema bancario global? No habíamos quedado en que la función principal del dinero es facilitar la extracción de riqueza del trabajo humano. ¿Pero un momento, quizás se lo dan a los bancos para que estos presten a los benditos emprendedores y así se pueda reiniciar el círculo virtuoso de producción y creación de empleo? Pues la verdad es que no, lamento decirles que eso no ha ocurrido. En realidad, al banco central le importa un bledo si luego los bancos cogen su dinero y se lo dan a las empresas y a los ciudadanos. Y si no díganme si alguien se cree el cuento ese de que hemos salido de la crisis. Veamos, después de una década de encarnizamiento de las medidas neoliberales de recortes sociales y de austeridad, la desigualdad social está en niveles record en todo el mundo, el desempleo sigue en valores elevados, los precios de la vivienda vuelven a ser prohibitivos y los niveles de deuda estratósfericos que provocaron la crisis encima se han duplicado. Entonces, ¿para qué ha servido la Qe? No se lo van a creer. Únicamente para restablecer y sanear los balances de la banca y del casino financiero e inflar nuevas y colosales burbujas financieras e inmobiliarias. Ya lo dijo Mister Draghi, alias ‘cara de cemento’, en una famosa declaración: “haré todo lo que haga falta para salvar el euro”. Es decir, se lo traduzco para que lo entendamos todos, para salvar el negocio de la banca y punto. La verdad es que los magos de la fábrica de papelitos de colores no pueden arreglar la maquinaria averiada del capitalismo. Ellos sólo trabajan para que la música, cada vez más bajito, siga sonando en la fiesta de los amos del dinero moderno. Vayamos por último de nuevo un poco al fondo del asunto. ¿Por qué tiene que haber un banco central independiente del poder público democrático? O dicho de una manera más directa, ¿cómo podemos hablar de democracia cuando el elemento central de la vida social está en manos de un poder independiente y ajeno a cualquier control mínimamente democrático? Recordemos que el banco central tiene prohibido terminantemente, prestar al gobierno para financiar el gasto público. Así los gobiernos tienen que endeudarse con la banca privada, que supone en España más de 30000 millones de euros anuales, mucho más de lo que se gasta el gobierno en pagar a los parados o en servicios sociales. Que salen, por cierto, de los bolsillos de todos nosotros aunque de eso no se habla mucho tampoco. Así pues, repitámoslo una vez más: todo el tinglado del dinero moderno, dirigido por la gran banca privada y central, sólo logra estirar a duras penas la supervivencia de un organismo decadente llamado capitalismo, dopándolo con inyecciones cada vez más grandes de deuda y dinero ficticio. Y para lograrlo tiene que destruir los últimos restos que quedaban de democracia y de capacidad de los poderes públicos de desarrollar políticas redistributivas que mejoren las condiciones de vida de la gente.

Bueno, tomémonos un respiro. Ya sé que el panorama parece bastante desolador así que, adelantándome a sus probables y justificados reproches, vamos a pasar a analizar algunas propuestas constructivas de los bienintencionados reformadores monetarios que creen firmemente que se puede arreglar la maquinaria averiada del capitalismo. Yo les llamo curanderos monetarios, ya verán por qué.

Verdad número 4: Cambiar solamente la fábrica de dinero no sirve para nada: les presento a los curanderos monetarios

Hay algunos herejes de la religión de la música celestial que proponen reformas de la maquinaria de fabricar dinero a ver si así se corrige el rumbo degenerativo del capitalismo. ¿Y qué medidas habría que tomar para arreglar la gripada maquinaria? Empecemos por los curanderos del dinero seguro. Verán qué receta mágica más maravillosa proponen: “Hay que sacar el dinero de la gente de los bancos, así se acabarán las crisis financieras y los costosísimos rescates con dinero público”. No, no se asusten, no se trata de que vayan mañana a sacar la pasta y la metan en el cajón, como propuso el inefable Eric Cantona, un exfutbolista francés que se descolgó un día diciendo que estaba un poco harto de tanta manifestación con pancartas y buen rollo y que había que tomar medidas que hicieran realmente daño al sistema. Como retirar el dinero de los bancos sin ir más lejos. Pero no es eso lo que dicen nuestros curanderos. Ellos lo que dicen es que hay que separar el dinero de la deuda para que los bancos no pongan en peligro los ahorros del sufrido ciudadano con sus préstamos y apuestas especulativas. ¿Y dónde estaría el dinero entonces? Pues lo tendríamos a buen recaudo en una cuenta digital en el banco central, ese gran amigo del pueblo llano. ¿Quién se puede resistir a esta mágica receta? ¿Y qué harían los bancos entonces? Pues muy sencillo. Se dedicarían únicamente a prestar el dinero de los ahorradores a los benditos emprendedores, precisamente lo que dice la música celestial. Se les acabó el chollo a los angelitos de crear el dinero de la nada. Nuestro querido Mafo, gobernador nada menos que del Banco de España de 2006 a 2012, los años más duros de la crisis inmobiliaria, se ha subido ahora al carro de los curanderos: “Si tuviéramos un sistema de ‘dinero seguro’ no habría crisis financieras” decía el arrepentido sobre la irresistible panacea.
¿Y qué más dicen nuestros amigos del dinero seguro? Su medida estrella se llama QE para la gente –recuerdan el helicóptero de mister Friedman soltando paquetes llenos de billetes, pues algo parecido- y consistiría en que el banco central apunte su manguera de creación de dinero a las cuentas de los ciudadanos que así tendrían un ingreso extra nada desdeñable por la patilla. ¿No les parece maravilloso? Sólo hay un pequeño inconveniente. Aquello que dice el dicho popular: átame esa mosca por el rabo. Porque precisamente el capitalismo este zombi de nuestros pesares se sostiene con la creación del puro aire de dinero deuda por la banca privada con la inestimable ayuda de la banca central independiente. ¿Alguien piensa que ambos renunciarían graciosamente a este privilegio? Sería como sustituir, para que me entiendan, como propulsor de la acumulación de capital, un reactor de aviación por una bicicleta eléctrica. Como ven la propuesta de nuestros curanderos rezuma realismo por los cuatro costados. En un referéndum reciente en Suiza sobre la propuesta de dinero seguro fuera de los bancos, los precavidos helvéticos prefirieron mantener las cosas como están y dejarse de experimentos, no fuera a ser peor el remedio que la enfermedad.

Pero no se preocupen, tenemos más curanderos, como se dice en esta tierra, los hay a esgaya, incluyendo a los devotos del bitcoin y los nostálgicos del patrón-oro.

Curanderos del dinero soberano y del trabajo garantizado: la teoría monetaria moderna.

¿Qué les parecería a ustedes una economía con pleno empleo y salarios dignos para todos? ¿Quién podría resistirse al atractivo de una metamorfosis tan maravillosa del despiadado capitalismo realmente existente? ¿Y cómo hacemos ésto? Pues ya verán qué sencillo. Una nación con dinero soberano, es decir, con un banco central propio, puede garantizar el pleno empleo. Se trataría, simple y llanamente, de poner al banco central al servicio del estado para financiar actividades productivas y crear empleo garantizado y universal. Para eso habría que cerrar el chiringuito del euro y el banco ese de Frankfurt pero eso son minucias para los apóstoles de la teoría monetaria moderna, que así se llaman estos curanderos. Randall Wray, uno de ellos, lo dice muy clarito: “El gobierno soberano es el monopolio proveedor de su moneda. Como tal, tiene una capacidad ilimitada de pagar por las cosas que desea comprar y cumplir los pagos futuros prometidos”.

Sí, lo han oído bien. Adiós a los recortes de servicios públicos y gasto social, adiós a las brutales dimensiones de la desigualdad y a la crueldad de las políticas de austeridad. ¿Y el pleno empleo? ¿No resulta irresistible una propuesta que garantizaría el trabajo para cualquier ciudadano dispuesto y laborioso en una sociedad arrasada por el desempleo y la precariedad? ¿Y qué hacemos con los bancos privados, esos angelitos? Aquí se diferencian de sus colegas, los curanderos del dinero seguro, porque les dejarían seguir creando dinero deuda y funcionando más o menos como hasta ahora. Salvo un pequeño detalle: habría que obligarles a portarse bien, a financiar actividades productivas y no especulativas como hacen ahora. Todo chupado, ¿no les parece? Ni que decir tiene que todos los grupos progresistas, que seguro que están aquí nutridamente representados -IU, Podemos, Attac y lo más granado de la izquierda progre internacional, Varoufakis, Corbyn y Sanders- apoyan entusiasmados la propuesta de la TMM. ¿Bien pensado, cómo negarse verdad? Bien, y entonces, ¿dónde está de nuevo el problema? Pues que los curanderos se olvidan de que el capitalismo realmente existente no quiere portarse bien, que no se enrolla vamos. Como dice Michel Husson, un economista honesto que no se anda con fantasías y castillos en el aire, el problema de los curanderos y de todo el reformismo en general es que ignoran cuestiones tan elementales como que al capitalismo no le gusta funcionar a medio gas ni el Estado ha sido nunca una institución neutral que se pueda poner al servicio de los intereses generales de la población: “La fórmula de los reformistas monetarios es que la salida de la crisis implicaría que el capitalismo acepta funcionar con una tasa de beneficio menos elevada y que la finanza privilegia las inversiones útiles y no especulativas. Lo que es al mismo tiempo cierto pero incompatible con el fundamento mismo del capitalismo”. Es decir, que si reducimos el papel de las finanzas depredadoras, encaminándolas a inversiones productivas y alejándolas de la especulación y además olvidamos el papel disciplinador del desempleo para controlar los salarios y aumentar el beneficio pues estamos ignorando el leit motiv del capitalismo. Como dice, un poco cruelmente eso sí, otro economista honesto, Rolando Astarita: “La realidad es que los males del capitalismo –las crisis, la desocupación y la miseria- no se arreglan imprimiendo papelitos, o imaginando absurdas ingenierías bancarias”.

He aquí pues la gran pregunta: ¿es posible poner la fábrica de dinero al servicio de un sistema económico que privilegie las inversiones productivas en una economía saludable y sostenible? La respuesta afirmativa de los curanderos implica, por desgracia, desconocer la naturaleza de la bestia. Así pues pueden adivinar la respuesta ante la otra pregunta crucial, ¿permitiría la política del capital alcanzar el pleno empleo y una radical redistribución de la riqueza mediante ingenierías financieras como defienden los reformistas monetarios? ¿Alguien en su sano juicio puede creer semejante cosa?

Verdad número 5: El capitalismo es irreformable. Les presento al fascismo financiero.

Muy bien, dirán ustedes con razón, parecen críticas convincentes pero entonces, ¿qué propone usted? ¿Nos va a dejar con el mal sabor de boca de la falta de paliativos o de posibilidades de arreglo de este desastre que nos acaba de describir? Me temo pues que ha llegado el embarazoso momento de ofrecer mis propuestas.

Déjenme hacer primero un par de observaciones sobre las consecuencias político-sociales de todo lo anterior. Lo que he tratado de contarles lleva a dos desagradables constataciones. En primer lugar: el capitalismo actual es irreformable y la fábrica de dinero también, de hecho son una y la misma cosa. Y, en segundo lugar, la lúgubre conclusión que se desprende de lo anterior es que la democracia formal ha quedado completamente vaciada de contenido. Como presenciamos actualmente, la tendencia en la política mundial ante la impotencia del proyecto reformista de la izquierda light y la incapacidad de los sistemas formalmente democráticos de desarrollar políticas que mejoren las condiciones de vida de la gente, es hacia el populismo pseudofascista de la guerra entre pobres. El peligro ideológico que se deriva de esta configuración es que los Trump, Bolsonaro, Salvini y los fantoches mucho más cutres que sufrimos en la piel de toro ofrecen soluciones demagógicas pero seductoras–contra la inmigración, la inseguridad, la corrupción- que no mejoran en absoluto las condiciones de vida de las clases populares pero dan una protección aparente contra el abismo de precariedad y desigualdad provocado por la degeneración del sistema. Se trata de la vieja salida del gran capital –ya probada con éxito en los años 30- para evitar que el empobrecimiento de las clases trabajadoras ponga en peligro la domesticación social necesaria para garantizar la buena marcha de los negocios. Si estos cantos de sirena de la extrema derecha consiguen captar la atención del precariado y de las masas crecientes de trabajadores empobrecidos, como parece que ya está ocurriendo en todo el mundo, nos esperan tiempos muy oscuros. Esta peligrosa deriva socio-política es una consecuencia directa de lo que podríamos denominar fascismo financiero, caracterizado por la hegemonía de las finanzas globales y la fábrica de dinero de la banca central y privada por encima de cualquier poder democrático institucional. Un sociólogo honesto, Dos Santos lo explica muy clarito y tengo que decirles que coincido bastante con su lúgubre diagnóstico: “Hasta ahora, políticamente, las sociedades son formalmente democráticas. Hay libertad de expresión, relativa pero existe. Hay elecciones libres, por así decirlo, aun con toda la manipulación. Pero los asuntos de los que depende la vida de la gente están cada vez más sustraídos al juego democrático. El mejor ejemplo es el fascismo financiero. El fascismo financiero tiene una característica especial: permite salir del juego democrático para tener más poder sobre el mismo. Esa es la perversidad del fascismo financiero”. Todo el entramado que hemos descrito de extracción masiva de riqueza social –y ni siquiera hemos mencionado los paraísos fiscales, pozo sin fondo de los flujos de dinero sustraídos del control público, con un crecimiento astronómico en las últimas décadas- se basa en la dictadura de las finanzas globales para condicionar decisivamente los aspectos de los que depende la vida de la gente por encima de cualquier control mínimamente democrático. Y, como demuestra la terrible historia del siglo XX,  este fracaso de la democracia es la antesala del fascismo.

Contra esta amputación de la soberanía política de los pueblos llevada a cabo con éxito por el capitalismo financiarizado el reformismo es totalmente impotente al haber sido cercenadas las herramientas fiscales y monetarias que permitían hacer políticas redistributivas que limitaran el poder del capital.

Por tanto, no queda más remedio que cortar por lo sano. Ninguna solución será realmente eficaz si no corta de raíz la base del poder del fascismo financiero: la fábrica de dinero en manos privadas como motor de la decadente acumulación de capital. Hay que ponerse pues de nuevo radicales y recuperar las viejas proclamas de la izquierda revolucionaria: nacionalizar o socializar la banca, privada y central y recuperar así el control público y democrático de la fábrica de dinero como paso imprescindible para una transformación de auténtico calado. No se crean que es una locura sin sentido, tiene precedentes: uno de los primeros decretos de la revolución rusa fue la nacionalización de la banca. Y así, dicho sea de paso, el dinero cumpliría finalmente la función de lubricante de los intercambios que le asigna la música celestial y serviría únicamente para facilitar las cosas que podríamos hacer también sin él y no como herramienta de poder al servicio del interés privado. Me adelanto a sus probables reproches: obviamente, no se trata de una propuesta realista pero, a diferencia de las recetas de los curanderos, va a la raíz del problema y muestra que solamente las transformaciones radicales pueden combatir realmente la degeneración acelerada del capitalismo y el peligro fascista que conlleva. Aunque esta degradación progresiva, como expresa brillantemente el filósofo Alba Rico, quizás sea por desgracia la opción más probable: “Un sistema que, cuando no tiene problemas, excluye de una vida digna a la mitad del planeta y que soluciona los que tiene amenazando a la otra mitad, funciona sin duda perfectamente, grandiosamente, con recursos y fuerzas sin precedentes, pero se parece más a un virus que a una sociedad. Puede preocuparnos que el virus tenga problemas para reproducirse o podemos pensar, más bien, que el virus es precisamente nuestro problema. El problema no es la crisis del capitalismo, no, sino el capitalismo mismo. Y el problema es que esta crisis reveladora, potencialmente aprovechable para la emancipación, alcanza a una población sin conciencia y a una izquierda sin una alternativa elaborada. En un mundo con muchas armas y pocas ideas, la barbarie se ofrece mucho más verosímil que el socialismo”.

No crean que sólo les voy a rememorar sonoras y utópicas proclamas revolucionarias. Les puedo también proponer humildemente un poco de acción directa con un consejo práctico y cotidiano, al alcance de todos, para poner al menos un granito de arena en la lucha contra el fascismo financiero. ¿Se acuerdan de la propuesta de Cantona de sacar la pasta del banco y meterla en un cajón? Pues bien, les haré una confesión personal: yo la apliqué al pie de la letra. No tengo cuenta corriente ni ningún producto bancario. Se lo recomiendo, se vive mucho más tranquilo y se ahorra uno ir por la vida con la nariz tapada por tener tratos con esas honorables instituciones. Si las personas de bien minimizáramos los tratos con la banca, se abriría quizás una grieta en su poder omnímodo y se reduciría su enorme capacidad para controlar las condiciones de vida de la gente. Y, aunque no lo parezca, les aseguro que el dinero debajo del colchón es mucho más seguro y no tiene los riesgos del electrónico y los plásticos esos que suponen un negocio extraordinario a los amos del dinero. Tampoco hay que hacerse muchas ilusiones. No les voy a ocultar que lo anterior no deja de ser un remedo sumamente imperfecto de lo que en realidad debería ser el objetivo final: una sociedad humana sin dinero en la que se cumpla la máxima del muy honesto y pobre Carlos Marx: “a cada uno según sus necesidades y de cada cual según sus capacidades”. Y ojo, ante la reiterada objeción de que tal propuesta parece más propia de un marciano que de alguien que conozca la cruda realidad de nuestras mercantilizadas sociedades contestaría que –aunque no nos las muestren las plataformas mediáticas de los esbirros del capital- también existen islas de humanidad dentro de la deshumanización capitalista. Les pongo un ejemplo: las comunidades zapatistas del sureste mejicano –ya saben, el legendario subcomandante Marcos y sus compañeros guerrilleros con pasamontañas-. Según cuenta un historiador, autor de un libro de título tan inspirador como ‘Adiós al capitalismo’: “En los comunicados zapatistas, resulta omnipresente la crítica del mundo del dinero y el culto que se le rinde al Dios Dinero en el reino del capital. Durante una de las sesiones de la Escuelita zapatista, una maestra se paró en medio de su explicación y presentó dos bolsas, una con monedas, otra con maíz. La conclusión de la lección fue que el maíz es vida y el dinero muerte”. Magnífica conclusión también para mí. Así pues, por muy utópicas que parezcan tales iniciativas son realmente las únicas que pueden aspirar a detener la degradación acelerada de la sociedad humana bajo la égida del capital. En caso contrario, poco más nos queda que seguir engañándonos con falsas esperanzas de microrreformas de curanderos o esperar sentados el próximo colapso financiero global que acelerará la progresiva degeneración del sistema en su acelerado camino hacia la barbarie. Voy a terminar. Sé que quedan muchos temas en el tintero que quizás puedan surgir en las preguntas posteriores: no les he hablado de la ruina del euro ni del enorme privilegio del dólar ni del rescate de la banca española con dinero público ni de otras muchas cuestiones que seguramente a ustedes les interesarán más que lo que les he contado pero ya se sabe aquello que se dice sobre el que quiere abarcar mucho. Les dejo con una última reflexión de otro economista honesto que sirve como réplica final a todos aquellos que piensan que todos estos rollos son superfluos y teóricos y que no tienen nada que ver con las cosas de las que depende nuestra dura subsistencia cotidiana: “Lo importante es que estos procesos afectan diariamente a la gente; aumenta la tasa de explotación laboral, las jornadas de trabajo, los recortes en la seguridad social, en la asistencia médica y en la educación; y todo ello se debe a que la parte más importante de la remuneración de los capitales, en el casino global, es fruto del trabajo humano.


Audio de la Conferencia


Alfredo Apilánez. “Los secretos del dinero

en el blog del autor, Trampantojos y embelecos.




los Derechos Especiales de Giro -SDR- del Fondo Monetario Internacional son la solución al caos monetario del planeta?

En esta sección de –Dinero y Finanzas- queremos explicar como “el Sistema” intenta con arquitecturas artificiales salvar los graves desequilibrios geopolíticos y económicos que provoca la impresión continuada de dólares desde hace décadas agravada por la flexibilización cuantitativa de los Bancos centrales. Con un dólar -fiat- sin respaldo físico, el Fondo Monetario Internacional, quiere utilizar los Derechos Especiales de Giro – Special Drawing Rights- inventados en 1969 como moneda “fiat” supranacional para salvar los muebles de la caótica situación monetaria planetaria. Unai Gaztelumendi ha hecho un buen artículo que desmonata esa solucióm mágica y artificial de los SDR. Hemos modificado un poco el título para que nuestros lectores entiendan mejor de que va el documento.


FMI: SDR (special drawing rights). Derechos especiales de giro

¿Qué es un SDR? ¿Por qué últimamente se habla tanto de ellos?

¿Cómo nos afectará su futuro mayor protagonismo en la escena mundial?

Más de uno seguro que os hacéis estas preguntas, ya que la mecánica monetaria os preocupa, especialmente intuyendo que bajo su diseño actual, está en las últimas.

Pienso que es una parte de vuestro tiempo bien empleada: las transiciones a nuevos sistemas monetarios nunca han sido buenas para los ciudadanos (confiscaciones en un patrón oro, congelaciones de activos, devaluaciones, Bail-Ins…). Suele haber poca información, poco tiempo para prepararse antes de que sea demasiado tarde. El gobierno siempre desmiente los rumores y garantiza que no hay ningún problema hasta que… estas atrapado.

Acordaos del crack de Jean-Claude Juncker y su infame “When it becomes serious, you have to lie” en plena crisis Griega de 2011 (y con el EUR contra las cuerdas). Luego nos vendían que Grecia estaba definitivamente arreglada (varias veces, con cada rescate que iba a ser el último).

Euh…, pues parece que al final no.

Si confías en Eurotecnócratas unelected mentirosos de este pelo, tendrás lo que te mereces. Y si eres griego, antes que otros. ¿Por qué pensáis que aprobaron la legislación para Bail-Ins? ¿Por qué creéis que los Keynesianos de turno proponen eliminar el dinero en efectivo? Échale una pesada. Tema para otro comentario.

Bien, ya vale con la introducción, vamos al grano.

La mayoría de lo que sé sobre el FMI y los SDRs no lo aprendí en la universidad, la fuente es sobre todo este libro: (la foto es mía, y lo de arriba es un souvenir que encontré en un aeropuerto que añado, al estar un objeto relacionado con el otro).

La síntesis de lo que es un SDR es relativamente fácil: son unas fichas repartidas en base a unos criterios a ciertos integrantes de un club: el FMI. Estas fichas, si no intrínsecamente, deben referenciarse a algo para tener un valor (unos de los requisitos para considerarse una moneda, siguiendo el patrón Austriaco): en 1969, cuando se crearon, 1 SDR equivalía a 0.888671 onzas de oro.

Pero después vino el Nixon shock; en 1971 con las reservas de oro americanas disminuyendo alarmantemente debido a sus déficits incontrolados, Richard Nixon salió en la TV y dijo que el USD dejaba de ser convertible en oro, cargándose american way (porque somos así) el sistema de Bretton Woods vigente desde la segunda guerra mundial; dio paso a su secretario del tesoro, John Connally que explicaría a unos boquiabiertos ministros de finanzas europeos que the dollar is our currency, but your problem. Algún día Europa dejará de ser lacaya Americana y miraremos al este…

El caso es que el SDR pasó del oro a ser un derivado de una cesta de monedas: 0.423 euros, 12.1 yen, 0.111 libras, y 0.66 US dollars. Y es lo que tenemos hoy: una moneda fiat supranacional, el dólar americano. La moneda del mundo (solo que no puede llamarse así porque da miedo y no hay que asustar a las masas que tienen que aceptar que se les controle centralmente). El eufemismo Reserva Federal viene de que los dos anteriores bancos centrales americanos fueron abolidos por el pueblo. Al tercero no le llamaron Central Bank of America III si no FED.

Estos SDRs se repartieron, como decía, a los estados miembros del FMI. Cada estado parte de una cantidad inicial y representa un crédito contra los demás estados integrantes. Son las “allocation” de SDRs. En general, a mayor PIB, mas fichas recibes. Se pueden gastar vía compras a otro estado miembro o ingresar vía ventas. El administrador de todo esto, el market maker, la banca, es el FMI.

Seguro que ya hay algo que agita vuestras neuronas, y sé lo que es.

Por encima de la Peseta, del Euro… ahora hay algo más que se han inventado y que se utilizará para seguir con el juego de las sillas musicales. ¿Qué los bancos centrales ya han impreso demasiado trillones y la gente duda de su capacidad para futuros rescates? No hay problema, tiramos de algo que se llama FMI, y cuyo balance no está tan castigado. Además, tiene unos papeles, los SDRs, que creando más y repartiéndolos, los países pueden añadirlos al activo de su balance y automáticamente sanearlo. Que sea solo papel da igual: adelante los mass media para “generar confianza”.

Mientras leéis esto, puede que haya un comité de expertos ya diseñando el siguiente paso: la moneda “solaris”, emitida por el banco central del sistema solar del planeta tierra. Ésta, rescatará al SDR y al FMI cuando a base de imprimir y conservar los privilegios que otorga este ejercicio para unos pocos y a costa del 99%, se carguen de nuevo el orden monetario.

Si entiendes estos últimos párrafos bienvenido al club del uno entre mil. La mayoría ni se entera y así sigue la broma generadora de la mayor de las desigualdades: el privilegio de crear y distribuir el dinero.

Give me control of a nation’s money and I care not who makes it’s laws” Mayer Amschel Rothschild

Hey! Pero la culpa es de los inmigrantes que vienen en barcos de madera que nos quitan el trabajo! O de los que no pagan impuestos y no se dejan estrangular pacíficamente por los trámites, permisos y licencias públicas. Gran mito también ese que dice que los impuestos pagan el estado del bienestar… cuando es la deuda quien lo financia. Tema para otro post.

¿Y qué pasa si un país agota sus SDRs? Grecia por ejemplo (como Ucrania), ha utilizado sus SDRs para pagar un vencimiento de deuda reciente (no tiene más dónde rascar). ¿Y si luego quiebra? Pues son los demás estados miembros los que asumen las perdidas. Y el propio FMI, que también como organismo central, se ha impreso unos SDRs para él. Y no solo eso, ha comprado los SDRs que otros estados venden hasta llegar a tener el 6,2 % del total de SDRs en circulación. No tiene más remedio si quiere mantener el valor de 0.423 euros, 12.1 yen, 0.111 libras, y 0.66 US dollars. El chiringuito tiene que tener credibilidad.

Seguro que ahora tiene más sentido eso que habéis leído que sobre China y su demanda de aumento de cuota en el FMI. Si va a ser el siguiente bote salvavidas, quiero más asientos asignados para mí.

Y así llegamos al oro.

Todas estas idioteces Keynesianas son para académicos y demás propaganderos del status quo. Para que esos cobardes editores de periódicos generalistas lo propaguen y puedan seguir en su cargo, pagando el BMW y vistiendo Zegna.

La verdad es que el oro nunca se fue del sistema monetario. Los insiders saben que el EUR USD SDR SOLARIS etc… son temporales. El verdadero re-equilibrio del sistema se hace en la sombra, dejando que China acumule metal a toneladas. Y el que más tenga es el que más podrá imponer sus condiciones. El “puedo imprimir más papel que tu” no te da ningún leverage, a largo plazo.

Pero no se puede hablar de ello. Es la regla número 1 entre bastidores. Nosotros los ciudadanos, no debemos tener oro: debemos dejar que se decida por nosotros. Pero hay que estar tranquilos, lo administraran basándose escrupulosamente en el interés del ciudadano. No hay que preocuparse. Mujeres, niños y pensionistas primero.

Ya sé que a todos les gusta imprimir: desde los pasados de vueltas japoneses, hasta Europa y China. No quieren dejar de hacerlo. Pero todo tiene su límite.

Temo que esta ingeniería financiera del papel y la deuda no acabe bien.

Y no soy el único: en el FMI se mueven las cosas. Son los preparativos.

Y en el metal también. Físicamente y en volumen. No en el ultra apalancado mundo fraccional del Comex. Eso es para turistas y avezados. Además, nadie pide delivery. Está pasado de moda.

unaigaztelumendi.com


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Sobre el dinero III- Curanderos monetarios: excéntricos y herejes

Sobre el dinero (III)

Curanderos monetarios: excéntricos y herejes

Si nos vemos tentados de asegurar que el dinero es el tónico que incita la actividad del sistema económico, debemos recordar que el vino se puede caer entre la copa y la boca

John Maynard Keynes

Los excéntricos del dinero “seguro”

“Si tuviéramos un sistema de ‘dinero seguro’ no habría crisis financieras”. ¡Bum! Miguel Ángel Fernández Ordóñez, alias MAFO,  nada menos que gobernador del Banco de España desde 2006 a 2012, precisamente los años horribilis de la crisis global, revela la piedra filosofal de la estabilidad financiera que evitaría los catastróficos, y cada vez más frecuentes, cracks de las finanzas mundiales.

El eximio personaje, ya jubilado y dedicado, en piadoso propósito de enmienda, a la loable tarea de “corregir los defectos del sistema que nos llevó a la catástrofe”, argüía, en un reciente foro de economía monetaria crítica, que la solución a la recurrencia de las crisis financieras sería, ni más ni menos que prohibir a los bancos privados captar depósitos del público y facilitar el acceso de los ciudadanos a cuentas en el banco central. Cual bálsamo de Fierabrás, la genial propuesta del arrepentido exbanquero lograría, como por ensalmo, la desaparición de los riesgos sistémicos generados por la inestabilidad financiera: “Y este cambio tiene unas ventajas muy importantes pues, mientras el dinero actual es frágil e inseguro, ya que depende del éxito o fracaso de las inversiones de los bancos, pasaríamos a tener un dinero totalmente seguro e independiente de los azares del mercado de préstamos porque el banco central no prestaría el dinero depositado en el mismo. Con ello desaparecerían las crisis bancarias con los costes monstruosos que hemos sufrido”. ¡Albricias! La revolucionaria propuesta de MAFO se inspira en la organización británica Positive Money, colectivo activista en lucha incansable en pos del dinero soberano. Su postulado central es realmente subversivo: separar el dinero del público de los créditos bancarios, impidiendo asimismo a la banca privada crear, a través de la concesión de préstamos, el dinero circulante ‘del mismo aire’, que actualmente representa el 97% del flujo de liquidez de la economía. Al tener los ciudadanos su dinero seguro en depósitos en el banco central, los bancos asumirían los riesgos de sus préstamos erróneos o especulativos, sin arrastrar en su quiebra los ahorros del desvalido público. A través de esta cirugía de caballo se evita el riesgo de colapso del sistema y los costosísimos rescates de la banca con dinero público. Quedarían así radicalmente separadas las dos esferas financieras: el dinero del público–a buen recaudo en el banco central- y el crédito bancario -actuando únicamente como intermediario entre ahorristas y prestatarios-. En esta Arcadia feliz del dinero soberano –de ahí su sobrenombre de ‘excéntricos del dinero libre de deudas’-, las hipotéticas crisis financieras y las quiebras bancarias acabarían con los malos gestores –como en cualquier otro sector económico en el edén de la libre competencia- evitando el “riesgo moral” de que la asunción de riesgos excesivos por parte del casino financiero sea propulsada por la seguridad del rescate del Estado en caso de derrumbe del castillo de naipes. El manifiesto fundacional del lobby del dinero ‘positivo’ enuncia su propuesta principal, parcialmente coincidente, dicho sea de paso, con la ortodoxia neoclásica de todos los manuales convencionales: “este documento presenta una reforma del sistema bancario que quitar a los bancos la capacidad de crear dinero, en forma de depósitos bancarios, cuando conceden prestamos”. ¿Y qué harían los mutilados bancos comerciales en este idílico cuadro de dinero seguro? Lo cierto es que sus, ahora todopoderosas, funciones quedarían bastante laminadas, reducidas a administrar pagos y a actuar como intermediarios financieros puros. Ni más ni menos que el fulcro que sostiene la menguante rentabilidad del capital en la fase neoliberal –la generación de actividad económica a través del dinero-deuda creado por la banca privada- suprimido de raíz. Los dos pilares en los que se sustenta el modo de producción y circulación del dinero moderno, la banca central independiente –capo di tutti capi del sistema financiero global- y la generación de colosales niveles de deuda bancaria hacia las burbujas de activos financieros e inmobiliarios, fulminados por decreto. Los castillos de naipes de derivados, titulizaciones y demás entelequias financieras que propulsan los flujos de liquidez que recorren los circuitos financieros mundiales de la denominada banca en la sombra, derribados de un plumazo. ¡Qué sencillo resulta refundar el capitalismo! Sólo hay que extirpar de raíz su tumoral apéndice financiero-especulativo y asunto resuelto. Más allá de su utopismo anacrónico y su barniz populista, tales ocurrencias se inspiran en teorías profundamente enraizadas en la ortodoxia monetaria. Aunque los excéntricos del dinero ‘libre de deuda’ se sitúen entre las fuerzas progresistas, lo cierto es que tienen notables coincidencias con teóricos del otro extremo del espectro ideológico. Como refiere Alejandro Nadal: “Muchos de los análisis de los movimientos civiles sobre reforma monetaria carecen de solidez teórica. En algunos planteamientos sobre la inflación se acercan a las posturas del monetarismo más añejo. Ignoran, casi por completo, el papel de los bancos sombras y tampoco acaban de entender la relación que existe entre inversión y ahorro: con frecuencia afirman que la inversión sólo puede provenir del ahorro”. Afirman inspirarse en las ideas de David Ricardo, Irving Fischer e incluso el ultra monetarista Friedman, todos obsesionados con el peligro inflacionario y el control estricto de la oferta monetaria pública y del crédito bancario. Incluso los economistas del FMI exploran la revolucionaria medida de “prohibir a los bancos la creación de dinero”. La retrógrada ocurrencia implica asimismo un retroceso a la prehistoria monetaria. La ley Peel, el acta bancaria inglesa de 1844, fue el canto del cisne del intento de detener la expansión de la deuda sin respaldo y la creación de dinero por parte de la banca privada, rasgos sustanciales de la progresiva apertura de compuertas a los crecientes flujos de dinero-deuda hacia la financiación del circuito financiero de producción en la historia reciente del capitalismo. Incluso Friedrich Hayek, el gran pope del libertarianismo thatcheriano, suscribiría la propuesta de los paladines de la regeneración financiera: “los bancos deben erigirse en la conciencia de la colectividad rehusando prestar crédito puro”.

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Sobre el dinero II : Dinero-capital: la encarnación del poder social

El dinero es el punto de partida y el punto de cierre de todo proceso de valorizaciónCarlos Marx

Siempre es el dinero-crédito el que pone en marcha el proceso de producción, que consiste en tener dinero para producir mercancías con cuya venta obtener más dinero: el dinero es el Principio y el Fin, el Alfa y el Omega, el Paraíso y el Apocalipsis de la producción capitalista” Joaquín Arriola


“Llegan el oro y la plata de América y todo cambia en Europa” E.J. Hamilton

“La deuda global alcanzó en el primer trimestre de 2018 la friolera de 247 billones de dólares, situando el ratio de apalancamiento con respecto al PIB mundial –omitiendo la banca en la sombra y el castillo de naipes de derivados y demás productos financieros “creativos”- en el 318%” – datos del Instituto Internacional de Finanzas


Sobre el dinero II : Dinero-capital: la encarnación del poder social

 

Entre estas dos noticias median cinco siglos y una completa metamorfosis en la naturaleza y las funciones del dinero y la deuda, desde los balbuceos de una economía monetaria harto limitada hasta llegar a impregnar el último resquicio del metabolismo social. La compleja interacción entre las colosales transformaciones de las relaciones de producción y distribución desencadenadas por el surgimiento del capitalismo y el desarrollo paralelo del hecho monetario, como soporte y potenciador de tales procesos, condiciona decisivamente la evolución económica de los últimos dos siglos.

La metáfora del marxista austriaco Rudolf Hilferding, autor del texto clásico ‘El capital financiero’, desvela la absoluta entronización del dinero, reinando sobre el caos del régimen privado de producción de mercancías: “en ausencia de cualquier organización social coordinadora, el dinero funciona como la ‘inteligencia colectiva’ de la sociedad, es decir, es el medio por el cual se efectúa la asignación y reasignación del trabajo social entre las diferentes ramas de la división del trabajo”. El proceso de producción del dinero y la deuda deviene pues el fulcro del mecanismo de dominación sobre el tejido social en la sociedad mercantil. El experto en historia monetaria Michel Aglietta, autor del magnífico texto, titulado gráficamente ‘La violencia de la moneda’, da las claves de la estrecha conexión entre el dinero, la deuda y la acumulación en el desarrollo del circuito monetario del capitalismo progresivamente financiarizado: “La acumulación de capital es un lado de la ecuación, pero el otro lado es necesariamente el desarrollo del endeudamiento. El intento de acumular dinero por mor de acumularlo como propósito de la actividad económica significa buscar el poder sobre otros, porque el dinero es la base del tejido social”. El economista marxista Fahd Boundi abunda en el contraste crucial entre la concepción marxiana del dinero y la poskeynesiana, hegemónica en las fuerzas de la izquierda reformista en la actualidad, en cuanto a la explicación de la función y la naturaleza del hecho monetario en el reino de la mercancía: “Para Marx, el dinero nace de las mismas contradicciones que encierra la mercancía en cuanto unidad inmediata de valor de uso y de valor de cambio; se trata de la encarnación del trabajo social abstracto. El dinero es, en definitiva, una creación social. Por el contrario, en las tradiciones keynesiana y poskeynesiana domina la concepción de George Friedrich Knapp (1905), quien concibió la génesis del dinero como un acto emanado de las propias leyes del hombre y del Estado, en cuanto garante de las mismas”. De este modo, el análisis del desarrollo histórico de esta progresiva imbricación entre la “fábrica monetaria” y las necesidades acuciantes de la valorización de capital conforma, a través de la descripción de la forma en que la producción de dinero se ha ido adaptando a las exigencias de una economía “real” cada vez más financiarizada, una iluminadora panorámica sobre el carácter degenerativo del capitalismo actual que no ofrecen, a pesar de sus valiosas aportaciones, otras escuelas alternativas. Saquemos pues al dinero de su “rueda de hámster” en el circuito financiero e integrémoslo en la argamasa de la matriz del proceso de reproducción del capital a lo largo del desarrollo del capitalismo. ¿De qué forma se han ido transformando los mecanismos de creación e inserción del dinero en el circuito de la acumulación en su pugna por responder a las necesidades de sostenimiento de la rentabilidad del sistema? ¿Cuál ha sido el papel del hecho monetario en la naturaleza cíclica, con auges y depresiones de creciente virulencia, y degenerativa, con niveles de deuda y desigualdades sociales sin precedentes, del capitalismo contemporáneo? ¿Qué tipo de conexión existe, en fin, entre la  extraordinaria financiarización de la economía actual y la crisis crónica arrastrada por el sistema desde el final de los treinta gloriosos a principios de los años 70?

Para atisbar respuestas a tales cuestiones –completamente ignoradas por el dogma económico mainstream y malinterpretadas por los reformistas monetarios poskeynesianos– resulta necesario seguir someramente el hilo de la tortuosa evolución del hecho monetario desde el periodo precapitalista hasta la eclosión de la ‘nueva relación social’ en la que el dinero deviene la ‘inteligencia colectiva’ de la sociedad productora de mercancías. ¿En qué consistió el núcleo de esa neurálgica transformación del modo de producción y de integración en el ‘tejido social’ del flujo monetario que acompañó al surgimiento del capitalismo? En relación a las épocas históricas anteriores–esclavismo, feudalismo, mercantilismo-, la irrupción del nuevo modo de producción conlleva una transformación esencial en la naturaleza y las funciones del flujo monetario en la dinámica económica. La descripción del economista marxista Michael Roberts, a propósito del magnífico texto de su colega Fred Moseley, titulado Dinero y Totalidad, de la esencia del proceso resulta clarificadora: “No empezamos con un cierto valor del tiempo de trabajo o una cierta cantidad de unidades físicas de trabajadores y la tecnología, y acabamos ahí. Empezamos con el dinero y terminamos con el dinero. En este punto es conveniente recordar que el dinero en manos del capitalista es la forma de existencia en que el capital inicia su proceso de valorización, y como tal, es poder social sobre la clase obrera”. ¡Qué contraste tan abismal con la música celestial de los manuales ortodoxos y su mitológica descripción del dinero como servicial lubricante de los intercambios, sin conexión alguna con los engranajes de la sala de máquinas del sistema! Resalta asimismo la aguda diferencia con el lenguaje aséptico y tecnocrático, despojado de adherencias socio-políticas, de los teóricos poskeynesianos de la teoría monetaria moderna, centrados en reformas de laboratorio del sistema financiero, que reparen los destrozos causados por las políticas neoliberales de la austeridad, al margen de la sala de máquinas de la acumulación de capital. El analista económico Claudio Katz abunda en el carácter del dinero como capital, como característica diferencial del signo monetario en el sistema de la mercancía: “El dinero es, por lo tanto, el único medio de que dispone la sociedad capitalista para validar el trabajo social y viabilizar la reproducción del capital”. Como se afirma, de forma rotunda, en las brillantes palabras de Aglietta, se trata de la herramienta par excellence, a través de la que se ejerce el poder social: “Si los salarios crean división social, determinando el poder de una clase social sobre otra, ese poder es el poder del dinero. Para ser más precisos, es el poder de aquellos que detentan la prerrogativa de crear dinero con el fin de transformarlo en un medio de financiación de la producción; es el poder sobre aquellos cuyo único acceso al dinero consiste en la venta de su capacidad de trabajo”. Clarividentes palabras que descorren todo el velo de oscuridad y tergiversaciones que sobre el ‘poderoso caballero’ han echado los paladines de la ortodoxia neoclásica.

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Alfredo APILÁNEZ , trampantojos y embelecos BLOG, 9 diciembre, 2018


 




El estudio sobre la creación del dinero ha entrado en ebullición en todo el planeta y es digno de lectura

La crisis del capitalismo en el 2007 y su salida entorno a la flexibilización cuantitativa de los bancos centrales creando dinero sobre la base de la compra masiva de deuda estatal, deuda titulizada bancaria y de las grandes empresas ha creado un enorme interés sobre la verdadera naturaleza del dinero y como se crea.. Si en la teoría clásica se hablaba que la inyección de dinero en la economía creaba inflación, la intervención de los bancos centrales, bajo los estándares monetaristas, ha contradecido lo que la mayoría de economistas, profesores de universidad y medios de comunicación sostienen y sostenían hasta hoy: a + dinero + inflación.

Junto a ello, la aparición de las criptodivisas, o sea, dinero que sólo acumula valor ha añadido debates sobre si el dinero debe estar respaldado por un valor como el oro, si el dinero puede expandirse indefinidamente (dinero – helicóptero), si el dinero puede ser exclusivamente fiduciario (fe en su valor) o si el dinero sólo está respaldado por el trabajo humano. Incluso se habla si el Estado debe recuperar la emisión de moneda, respaldándola o no con impuestos, pues actualmente la creación de dinero, en forma de deuda, está en manos de prestamistas privados, llamados banqueros. Muchas iniciativas como la de “Dinero Positivo(*1) muestran bondades sobre maneras distintas en como la creación de dinero pueden mejorar la sociedad.

La crisis en nuestro país se ha saldado con el salvamento de los bancos y los acreedores dice Dinero Positivo: “El sistema de creación del dinero está en la raíz de los problemas de elevada deuda, desigualdad y precios inasequibles de las viviendas. También se explica que podemos hacer para solucionarlo“. Junto a Dinero Positivo hay toda una corriente creciente de teóricos, de izquierda y derecha, que aseguran que sólo manipulando el dinero sería posible solucionar todos los problemas, que su misma manipulación ha creado, como que la deuda mundial ha crecido en sus dos últimos siglos hasta su máximo histórico: 300% del PIB mundial– unos 211 billones de euros. Eso significa que alguien está creando mucho, muchísimo, dinero y todos los dedos apuntan a la banca privada que ha desbocado en los últimos decenios como caballo sin bridas que la domestique la inyección masiva de dinero-deuda creado del aire.

Si el dinero se puede crear de la nada, la pregunta que haría un hipotecado avispado sería la razón por la cual aún así le debe pagar al banquero un interés, por un dinero que no le cuesta nada fabricar, que es una concreción de puro aire, una anotación contable computerizada. El mercado hipotecario y el de la vivienda ha alcanzado en las últimas décadas un papel clave del circuito secundario mundial de acumulación de capital. Los excedentes de capital creados por el trabajo humano y la inversión se dirigen a la vivienda como activo de inversión creando burbujas insostenibles que dejan a sectores enteros de la sociedad sin capacidad acceder a la vivienda en las grandes ciudades.

Las imágenes de estos días de las protestas en Francia de miles de trabajadores que se deben desplazar en coche desde la periferia hasta la ciudad gastando tiempo y dinero porqué ya no pueden pagar una vivienda cerca del trabajo muestran un botón de las enormes contradicciones de todo. Esta contradicción fundamental del urbanismo confluye con la urgencia de una anunciada catástrofe climática a mediados de siglo. Si el dinero se puede crear indefinidamente – como si un helicóptero lo dejara caer- también podríamos consumir indefinidamente – renta garantizada- lo que para profanos en la materia nos crea una terrible contradicción pues entendemos que vivimos en un planeta finito.

Hablamos, entonces, de fin del trabajo? Si la fuente de creación de riqueza es el trabajo humano, puede la creación de dinero llegar a suplantarlo? Hemos escudriñado en los expertos y hemos encontrado a otros que continúan sosteniendo que la fuente de toda riqueza es el  trabajo humano que transforma los materiales de la madre naturaleza en cosas útiles. Cómo dice uno de los artículos que hemos publicado del economista, Alfredo Apilánez, el desconocimiento entre nuestros conciudadanos sobre el dinero causa perplejidad: “… No deja por tanto de resultar pasmosa, como señala la economista postkeynesiana Ann Pettifor, autora del best seller -La producción del dinero-, la ignorancia entre los usuarios del ‘poderoso caballero’ acerca del papel neurálgico que juega en los engranajes de la maquinaria económica que determinan sus propias condiciones de vida: “Una de las constataciones más impactantes de la última fase de la evolución del capitalismo es la total incomprensión de la naturaleza del dinero en nuestras sociedades”…..” (*2)

El interés, por todo esto, por la variedad actual de teorías convergentes y divergentes sobre la naturaleza del dinero nos surgió para entender mejor la burbuja inmobiliaria. Este blog surgido a finales del 2005 contra “la especulación en la vida y en la vivienda” ha ido evolucionando con la idea de mostrar a sus seguidores los vericuetos y hilos que lo mueven “TODO” en la vida de este invento humano, esa convención social, que es el dinero. Desde que iniciamos Proceso a la Banca española (*3) hemos puesto uno de los focos de nuestra web precisamente en “la creación de dinero” con una sección exclusiva que estamos desarrollando desde hace más de un año: DINERO – DEUDA – FINANZAS. les invitamos a visitarla >>>

La titulización hipotecaria, esa madre de todas las burbujas inmobiliarias, nos ha permitido ver las implicaciones consustanciales que tiene con el derecho de los banqueros – repetimos prestamistas privados – para crear dinero de nuestra deuda y esclavizarnos con nuestra culpa de fracasados. En nuestros blogs descubrimos el hilo que unía la desaparición – amortización anticipada- de decenas de fondos de titulización de bancos españoles con los títulos de deuda de nuestras hipotecas que se guardan en las bóvedas del Banco Central Europeo. Entendimos entonces porque el supuesto mecanismo de salvataje de la crisis aplicado-la flexibilización cuantitativa – ha llevado a que los activos del BCE, guardados en su bóveda, sumen la friolera de 4,5 billones de euros. Son 4,5 veces el PIB de España.

¿qué son esos 4,5 billones de € en activos del BCE? Pues es principalmente deuda pública, deuda bancaria principalmente emisiones de deuda hipotecaria – la llamada renta fija- y deuda de grandes empresas que tienen un privilegio especial sobre las otras. Son secretos. Hasta ahora la Comisión europea se ha negado, viva la democracia, a justificar las compras masivas del Banco Central europeo y este si se le pregunta le pasa la pelota a la Comisión europea.

Los títulos de duda pública del Reino de España en el BCE, son pagaderos por delante de todo según el artículo 135 modificado de la Constitución (parece que se puede modificar para según que!) . O sea, el Estado español paga a la banca privada esos préstamos con interés y lo hace con el esfuerzo de trabajo de todos los conciudadanos pagando impuestos. Pero no todos pagan por igual. Como hemos explicado en este blog los que más tienen o no pagan o pagan cada vez menos. El sistema impositivo español esta escorado hasta el punto que el 77% de los impuestos que recauda el Estado los pagamos los trabajadores. O sea, los trabajadores pagamos con nuestros impuestos los intereses que cobran los prestamistas privados del Reino que luego van a parar a las arcas del BCE. ¿Entonces el BCE gana dinero con eso? Sí, los intereses que hubieran ganado los bancos que le han vendido los títulos de deuda pública. Entonces ¿qué ganan los bancos como el Santander? Pues por la venta de la deuda pública española al BCE reciben ese dinero creado de la nada que les ha permitido llenar los boquetes en sus balances de sus apuestas fallidas en el Casino financiero global. Y las ganancias del BCE, ¿qué hace con ellas?. Pues las distribuye entre los bancos centrales de cada país dependiendo de la cuota que tienen. Cómo quién tiene más cuota es Alemania, los países pobres del sur financian a la rica Alemania que también tiene su banca por los suelos. El pez grande se come al chico.

¿Y los titulos de deuda hipotecaria del BCE? pues como hemos explicado exhaustivamente en este blog, cuando un banco nos presta el dinero de la hipoteca lo crea de la nada, encima nos cobra casi el doble de lo prestado en forma de intereses y lo aceptamos como idiotas, y luego junta muchas hipotecas y las tituliza  para revenderlas. Cómo los trabajadores y las pequeñas empresas sustentamos el sistema impositivo español y encima los empresarios nos han bajado el sueldo llega un momento que no les podemos pagar la hipoteca. Entonces desde el 2009 los bancos se encontraron con montañas de deuda titulizada que no podían hacer frente a los pagos del cupón. La solución fue recibir dinero del BCE al 0% para amortizar miles de millones de hipotecas subprime españolas que las retitulizaban y las revendian al BCE sabiendo que eran muchas impagables – subprime-. Nuestras hipotecas están en la Bóveda del BCE en forma de bonos de titulización que los bancos españoles le pagan los intereses. Si los bancos no pueden cobrarlos porque estamos arruinados revenden nuestras deudas a fondos buitre ubicados en paraisos fiscales – como Luxemburgo- para no pagar impuestos y usan empresas de recobro agresivas como Anticipa que persiguen nuestros salarios para embargarlos. Al final somos los que trabajamos los que por segunda vez, con nuestras deudas contraídas por idiotas, los que pagamos la fiesta.

¿Habeis acabado de aguarnos el día con tanto desastre ? NO, NO, NO. Hay una tercera explotación para los que trabajamos en esta infernal máquina de succión de riqueza que es el dinero moderno. Cómo hay crisis, a los trabajadores que no pintábamos nada en su génesis, nos hacen pagar los platos rotos pues no bajan los salarios. Pero ojo. El BCE también compra deuda titulizada de empresas españolas. Eso sí, escogidas en un selecto club de privilegiados: bancos, grandes empresas como Telefónica, SOCIMIS como Merlín, Gas Natural etc….. Ese pastel lo descubrimos también en nuestras páginas aquí>>>> donde se puede ver  la lista de empresas europeas privilegiadas por el manà del <<>quantitative easing> del BCE. Eso quiere decir, que los trabajadores pagamos la fiesta con los impuestos que sólo pagamos nosotoros. Pagamos la fiesta porque como idiotas nos endeudamos con el banco para tener una vivienda. y por último, pagamos la fiesta de los prestamistas creadores de dinero de la nada porque nos deben reexplotar en el trabajo para pagar los intereses de la deuda corporativa de empresas selectas que tiene el BCE. Tampoco entendemos porqué las pequeñas empresas noprotestan de ese privilegio que es el permiso del BCE a los grandes monopolios privados y grandes empresas nacionales de hacer competencia desleal con financiación gratis.

Al final todo sale de los de abajo! Señores lectores de nuestro blog lean y disfruten viendo lo tontos que somos!

Todas estas someras explicaciones nos han llevado a la conclusión que es necesario elevar la conciencia de nuestra gente sobre la distorsión social que crea el hecho que la creación monetaria este en manos privadas de prestamistas – los bancos -, pero también que en última extremo es el trabajo humano el que crea el valor. Expondremos en los próximos días documentos interesantes sobre la Teoría Monetaria Moderna (*4) que afirma que el dinero se puede crear indefinidamente y la teoría marxista que cree que el dilema trabajo-capital es la contradicción a resolver.

salva torres


  1. dinero positivo, https://dineropositivo.es/
  2. Alfredo APilánez, Los mitos de la ortodoxia: el dinero-lubricante.
  3. Proceso a la Banca española, http://procesoalabanca.es/
  4. Wikipedia, Teoría Monetaria Moderna.

SEGURO QUE LE INTERESA…




Sobre el dinero (I)

Primera parte

Los mitos de la ortodoxia: el dinero-lubricante

Hay que preguntarse si la economía pura es una ciencia o si es “alguna otra cosa”, aunque trabaje con un método que, en cuanto método, tiene su rigor científico. La teología muestra que existen actividades de este género. También la teología parte de una serie de hipótesis y luego construye sobre ellas todo un macizo edificio doctrinal sólidamente coherente y rigurosamente deducido. Pero, ¿es con eso la teología una ciencia?

Antonio Gramsci

No debiera resultar difícil concitar acuerdo unánime acerca de la consideración del dinero como el elemento más importante de la vida social. En su extraordinario fresco del mundo económico precapitalista, el reputado maestro de la escuela de los Annales, Fernand Braudel, recoge la lapidaria sentencia de Scipion de Gramont: “El dinero, decían los siete sabios de Grecia, es la sangre y el alma de los hombres y aquél que no lo tiene es un muerto que camina entre los vivos”. Similar dramatismo desprende la famosa cita marxiana: “El dinero, en cuanto tiene la propiedad de comprarlo todo, de apropiarse de todos los objetos, es, pues, el objeto por excelencia. Es la alcahueta entre la necesidad y el objeto, entre la vida humana y su medio de subsistencia”.

En el tiempo transcurrido desde tan descarnadas afirmaciones, el ‘vil metal’ ha penetrado, en una escala sin precedentes, en todos los aspectos de la reproducción social. No deja por tanto de resultar pasmosa, como señala la economista postkeynesiana Ann Pettifor, autora del best seller ‘La producción del dinero’, la ignorancia entre los usuarios del ‘poderoso caballero’ acerca del papel neurálgico que juega en los engranajes de la maquinaria económica que determinan sus propias condiciones de vida: “Una de las constataciones más impactantes de la última fase de la evolución del capitalismo es la total incomprensión de la naturaleza del dinero en nuestras sociedades”.

Diríase pues que no hemos avanzado mucho en el conocimiento común sobre la materia pecuniaria desde la irónica reflexión de un arbitrista francés del siglo XVII, recogida por el historiador marxista, experto en historia monetaria, Pierre Vilar: “Como la justicia, la moneda es una necesidad de todos; tiene que inspirar confianza a todos; posee el mismo valor en el bolsillo del pobre que en el del rico; la única diferencia está en la cantidad (sic)”. Hasta ahí todos estaríamos sin duda de acuerdo. ¿Pero qué ocurre cuando escarbamos un poco más allá del conocimiento trivial sobre ‘el objeto por excelencia’?…

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Blackstone: el mito de las socimis y la concentración de la propiedad inmobiliaria en España

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los suizos votan que sus bancos privados continúen hinchando la deuda mundial que sobrepasa ya el 300% del PIB

El mismo mes que los suizos votan contra la propuesta VOLLGELD, la deuda mundial supera por primera vez en la historia el 300% del PIB planetario en 2018

La propuesta VOLLGELD, apoyada por economistas y docentes, pretendía que solo el Banco Nacional Suizo (BNS) pudiera fabricar el dinero electrónico, o sea, crear dinero de la nada, dinero-deuda, potestad que compartía con la banca privada suiza.

el gráfico muestra como cuando un banco concede una hipoteca crea dinero de la nada, aumentando los activos y los depósitos

El 75% DE LOS VOTOS DE LOS SUIZOS FUERON CONTRA LA PROPUESTA VOLLGELD

Los autores de la rechazada iniciativa deseaban poner fin al sistema de creación de moneda por medio de la concesión de créditos, o sea, crear dinero de la nada, potestad que tienen los bancos privados, lo que les permite controlar la economía y en definitiva al Estado y a la clase política. Como saben en Suiza es sencillo realizar una consulta ciudadana, bastan unos miles de votos y se puede votar en los cuatro cantones. Los argumentos de la propuesta Vollgeld eran para proteger mejor el dinero de los clientes de bancos y prevenir las crisis financieras. Daban la culpa del desorden mundial y el  crecimiento espectacular de la deuda a que los bancos privados tienen la capacidad, en principio infinita de crear dinero de la nada, o sea, creando deuda, o sea, cuantos más créditos dan más dinero electrónico hay en circulación.

Hasta el día de la votación, 6 de junio del 2018, el Banco Nacional de Suiza (BNS) representaba solo alrededor del 10% del suministro monetario del país, mientras que el otro 90% está en manos de bancos comerciales como UBS o Credit Suisse, entre otros.

Con esa decisión convertirían al BNS en el único organismo con capacidad para crear dinero físico y electrónico. Por contra, sería el poder político, escogido por los ciudadanos, quien ostentaría la capacidad de decidir cómo y cuándo se introduce dinero nuevo en la economía y en que sectores se hace. La propuesta, cuyos adherentes defendían que garantizaría la estabilidad financiera del país, fue rechazada de forma clara, con un 75% de votos en contra, según las últimas estimaciones oficiales. Se trata de una iniciativa que implicaba una reforma radical del actual sistema monetario del país, en el cual el Banco Nacional de Suiza, se convertía en el único emisor de moneda papel y dinero electrónico o escritural, digital.

a los bancos privados les interesa conceder hipotecas, cuando más hipotecas, o sea, cuanto más dinero crean de la nada más aumenta el valor del mercado inmobiliario y más dinero ganan irresponsablemente. Dicho de otra manera, la vivienda vale lo que el banco le quiere prestar por ella y usted es un pardillo que pica el anzuelo.

Los contrarios a la medida argumentaban que con ello serían precisamente los poderes públicos que sólo tendrían esa potestad y preferían que estuviera en manos privadas. Un contrasentido pues el aumento de la deuda mundial ha sido producto precisamente del golpe de Estado financiero que la Banca privada ha dado en la historia reciente apoderándose de una potestad que sólo residía en el pueblo, o sea, en sus parlamentos. Seguramente el peso de la Banca privada en el país helvético, su secreto bancario de los miles de millones de dinero que guardan esos bancos privados de la evasión que realizan los ricos tenga mucho que ver. Las declaraciones de Herve Falciani acusando a la banca suiza privada serían un botón de muestra.

En definitiva, los suizos quieren que sus bancos privados puedan continuar imprimiendo dinero y no como quería la propuesta Vollgeld que sólo prestaran conforme a sus propias reservas. Dicho de otra manera, cuando un banco español concede un préstamo con garantía hipotecaria, se crea ese dinero de la nada y no hay nada que garantice ese préstamo más que la vivienda (valor que depende de un mrcado muy volátil). Por eso, a los bancos privados les interesa conceder hipotecas, cuando más hipotecas, o sea, cuanto más dinero crean de la nada más aumenta el valor del mercado inmobiliario y más dinero ganan irresponsablemente. Dicho de otra manera, la vivienda vale lo que el banco le quiere prestar por ella y usted es un pardillo que pica el anzuelo.

Ese préstamo concedido, deuda de la nada, se convierte en un depósito en el vendedor. Los préstamos de la nada crean depósitos, crean dinero. Pero ese depósito, que habrá que pagar en muchos años, luego se multiplica en el banco depositante, en miles en la supuesta reserva fraccionaria. No sólo eso, como venimos explicando en las webs de nuestra Asociación los bancos titulizan los créditos también para revenderlos a inversores, lo que genera el mercado de deuda más importante del sistema bancario anglosajón y de economias próximas muy bancarizadas como la española.

El IIF alerta que una montaña de deuda, 211 billones de euros, arrastra a la economía mundial y supera el 300% del PIB .

El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF por sus siglas en inglés) es una asociación empresarial mundial de instituciones financieras: bancos, etc. Fue creado en 1983 por 38 bancos de los principales países industrializados como respuesta a la crisis de deuda internacional de comienzos de la década que empezó en 1981. Es la única​ asociación de instituciones financieras privadas que tiene carácter mundial.

Pues bien, en su informe anual situaba la deuda global en 247 billones de dólares o 211 billones de euros ( 211 seguido de 12 ceros). Para que nos hagamos una idea, el PIB español es de sólo 1 de esos 211 billones. La deuda acumulada de Bancos, estados, empresas y ciudadanos supera en 3 veces el PIB planetario, lo que significa, que toda la humanidad debería trabajar 3 años gratis sin gastar nada para pagar a los propios acreedores de esa humanidad.

La deuda ha crecido imparable sobre todo en las dos últimas decadas,como se ve en el gráfico, debido precisamente a lo que los suizos no han querido quitar a su banca privada: la potestad de la banca comercial de crear dinero de la nada, solamente  anotando como dinero nuevo los créditos que van dando a los deudores que le piden un préstamo.

El mismo IIF, representante de las empresas financieras que irresponsablemente han generado esa montaña de deuda, advierte sobre los peligros que se ciernen en una economía que en los últimos lustros funciona dopada con crédito barato, para algunos, y tipos de interés a cero. La explosión de deuda de estas décadas se debe, afirma nuevamente el IFF, es resultado de la desregulación bancaria que ella misma propugna, la globalización financiera y los tipos de interés por los suelos.

Recientemente en España diversas organizaciones organizadas a partir de ATTAC van a realizar una campaña internacional, REACCCIONEMOS- CONTROLEMOS LAS FINANZAS, en la conmemoración de 10 años de crisis, para rescatar las finanzas al servicio del pueblo y no de los poderosos lobbies financieros internacionales que escapan al control democrático de la ciudadanía y tiene el poder de creación de dinero en sus manos secuestrado.


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Después de 5 días Google desbloquea acceso a nuestra web hackeada para minado de criptomonedas

Ya puede visitar nuestra web con absoluta tranquilidad.

El ataque informático había introducido código malicioso en un archivo central de la plantilla que ejecuta nuestra web.

Nuestros visitantes sólo han sido usados para el minado de una criptomoneda.

El ataque no introducía código en su ordenador.

Google ha desbloquedo nuestro dominio después de que nuestros técnicos han eliminado el fragmento de malware detectado en la plantilla principal del wordpress de nuestro subdominio: http://500×20.prouespeculacio.org. De resultas del bloqueo a nuestro dominio las visitas bajaron de las mil diarias a poco más de 100.

El código malicioso apunta a la página [https://cdns.ws/lib/googleanalytics.js] alojada en el dominio considerado peligroso [https://cdns.ws]. Al visitar la página principal de este dominio, sólo hay una pantalla en blanco. Creemos que el script fue introducido por la técnica de “fuerza bruta” en un archivo central (functions.php) de la plantilla que ejecuta nuestra web.

El script se encontraba en nuestro dominio. No introducía código en su ordenador sino que esclavizaba su cpu y tarjeta gráfica para procesar datos de alguna cadena de bloques (blockchain) de criptomonedas, actividad que requiere mucha energía para procesar datos. Nuestra sospechas se iniciaron a finales de noviembre cuando descubrimos una anomalía en la web: en cuanto te conectabas a ella automáticamente la cpu se ponía a usar el 100% de los recursos y su temperatura subía a casi 70º C. Sucedía con cualquier navegador y cualquier sistema operativo que usamos(distribuciones de Linux y Windows7). Ese comportamiento nos llevó a contactar con los servicios de nuestro hosting que finalmente detectaron la intrusión. No es nuevo bajo el sol. Dos webs como Movistar (1) y Bolsamania (2) también han tenido esos problemas con la explosión de las criptomonedas. Seguramente 2018 habrá una explosión de código malicioso en ese sentido. Si usted cree que su cpu sobreactúa al conectarse a una página web puede existir ese problema con el dominio que visita. Si por la causa que fuere debe entrar igualmente nosotros hemos comprobado que al cerrar el navegador que usa, varias veces, el script deja de funcionar seguramente porqué la conexión se vuelve inestable y el script descarta esa cpu.

Nuestro hosting y Google han certificado ya el correcto funcionamiento de nuestro subdominio:

Pues nada, gracias por visitarnos nuevamente!!!

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Más información:




Los créditos bancarios son un delito de apropiación indebida


El abogado y economista Oscar Viera analiza el mecanismo de creación de dinero bancario por la Banca privada y explica que ante nuestros ojos durante décadas los banqueros roban apropiándose de ese mecanismo.

Pero además cobrando intereses hacen nacer aún más dinero que no se corresponderá con ningún valor o trabajo humano y por lo tanto es acumulable e imposible de pagar. Ese es el quid de la financierización y la esclavitud por deudas.

 




de cómo la Reserva Federal de USA y los bancos manejan el mundo

Los secretos sucios del templo: de cómo la Reserva Federal de USA y los bancos manejan el mundo

Hace años leí el excelente libro de William Greider, publicado en 1987, sobre el funcionamiento del Sistema de la Reserva Federal de USA. Detallado y explícito, es una lectura maravillosa e informativa, con la excepción de la solución que sugiere para un inmenso problema. Fue, por lejos, demasiado tímido. Este artículo propone una solución muy diferente. Greider llamó su libro “Secrets of the Temple” [Secretos del Templo] con un subtítulo: “Cómo la Reserva Federal maneja el país.” Un subtítulo mejor podría haber sido como la Fed (y muchas otras bancas centrales esenciales) manejan el mundo. Este artículo trata de resumir lo que hace, cómo lo hace, a quien beneficia y a costa de quienes. Para los que no están al tanto, prepárense para informaciones y comentarios sorprendentes.

Aclaremos algo desde el inicio. La Reserva Federal de USA, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón y el Banco Central Europeo (de los 12 países europeos que adoptaron la moneda común europea en 1999) son instituciones con un poder enorme, mucho más allá de lo que puede imaginar la gente en algún sitio del mundo. Estos bancos centrales, los más dominantes de todos, así como la mayoría de los demás, tienen una poderosa influencia en las condiciones financieras en casi todos los países, incluyendo, desde luego, los suyos, en un mundo financiero con cada vez menos fronteras, en el que un evento económico importante en una nación puede afectar, para bien o para mal, a la mayoría.

Otro poderoso banco forma también parte del mundo financiero actual. Hay que mencionarlo por su importancia, aunque requiere un artículo separado para explicar de modo más completo cómo trabaja. En el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), hermético, inviolable y sin responsabilidad ante nadie, fundado en 1930 y basado en Basilea, Suiza. Este banco, del que la mayor parte de la gente jamás ha oído hablar, es el banco central para sus bancos centrales miembros – una especie de “mandamás de mandamases” bancario, equivalente a lo que al parecer existe en el mundo enigmático de los Dones de la Mafia. Como la mayoría de las demás bancos centrales, incluyendo a la Reserva Federal (explicado más adelante), es de propiedad privada de sus miembros.

Algunos académicos y otros que han estudiado el BIS creen que la elite dominante del capitalismo financiero estableció este banco de bancos para que esté en la cima del poder a fin de que ejerza su autoridad sobre un sistema financiero mundial poseído y controlado por ella. Se piensa que su plan era utilizar este banco para dominar el sistema político de todos los países y controlar la economía del mundo de un modo feudal. En una palabra, la idea es que esa súper-elite quiere regir el mundo controlando su dinero, y que estableció ese todopoderoso banco de bancos supranacional para que así lo hiciera. Por importante que sea, esa discusión quedará para otra ocasión, ya que la intención de este artículo es concentrarse sólo en la Reserva Federal de USA.

Los bancos centrales dominantes y el BIS, junto con la mayoría de los otros, ejercen su influencia en una alianza mutua de tipo cartel para asegurar que todos se beneficien más de lo que harían sino fuera por ese confortable arreglo. Con su inmenso poder no es jugar con palabras si uno dice que esas instituciones financieras ciertamente gobiernan el mundo. Porque pueden crear dinero, financian las necesidades de sus gobiernos, sus fuerzas armadas y todas las actividades empresariales, que no podrían funcionar sin un suministro expeditivo de esa mercancía, la más necesaria de todas. Es el dinero, no el amor, lo que hace que el mundo se mueva, y los banqueros centrales tienen el poder de crear o sacar de la circulación mucho o poco, según gusten y con la intención que se les ocurra. Es el tipo de poder que puede mover o destruir montañas.

Ningún banco central nacional es más poderoso en la actualidad que la Reserva Federal de USA, pero no fue siempre así, y ahora enfrenta competencia por el primer lugar, lo que no había conocido desde la Segunda Guerra Mundial. La Fed, como lo llaman, ha existido desde que fue establecido originalmente por una ley del Congreso en 1913. Pero el Banco de Inglaterra ha existido desde que Bretaña controlaba los mares, desde 1694, cuando el Rey William III necesitó ayuda para financiar el tipo de aventura que requiere mucho dinero disponible – la guerra. En aquel entonces fue contra Francia, y el rey necesitaba un banco amigo que lo imprimiera para su uso, para ayudarle a combatir. También necesitaba ayuda financiera para facilitar el comercio y administrar la deuda del país que siempre aumenta cuando se libran guerras. El Banco de Inglaterra no fue el primer banco central, pero fue el primer banco central de propiedad privada del mundo moderno en un país poderoso. Se llamó el Banco de Inglaterra para impedir que el público supiera que, igual que nuestra Reserva Federal, era y sigue siendo de propiedad privada y no parte del gobierno. También fue el modelo utilizado en la formación de nuestro propio banco central y de la mayoría de los otros.

Los británicos podrán haber tenido una ventaja de 219 años sobre la Fed, pero los banqueros centrales sólo son tan poderosos como los países que representan y sus economías. En la actualidad los otrora dominantes británicos tienen que aceptar el papel menor de ser sólo uno de muchos socios inferiores de un hegemón USA que emergió después de la Segunda Guerra Mundial como el poder económico dominante del mundo. Siguen siéndolo hoy en día, aunque algunos expertos fiables creen que este país puede haber llegado a la cumbre y se halla en decadencia. Algunos van más lejos y afirman que nuestra decadencia ha sido acelerada por la desastrosa política del gobierno Bush que cree irracionalmente que librar la guerra sin fin contra el mundo es la manera de gobernarlo, de impulsar un crecimiento económico y una dominación sin fin, y de preservar así la posición preeminente de la nación como el campeón económico reinante.

Es fácil cuestionar este punto de vista y pensar que el campeón se ha subido al cuadrilátero algunas veces de más, tiene planes interminables de volver a repetir sus combates, y que probablemente le pasará lo mismo que a muchos personajes anteriores que no supieron cuándo abandonar y terminaron con un daño cerebral crónico, conocido como demencia. La lección de la historia es siempre la misma. El precio a pagar por una conducta imprudente es elevado, doloroso e inevitable. Vale para los países así como para los individuos, pero demasiado a menudo ni los unos ni los otros lo ven hasta que es demasiado tarde. La mayor diferencia entre USA de hoy y otras naciones del pasado que pagaron caro por no ceder cuando ya era demasiado tarde es que tenemos un arsenal todopoderoso, como los demás nunca tuvieron. Si decidiéramos utilizarlo, probablemente no quedaría gran cosa para un sucesor. No es un pensamiento agradable, pero es muy real.

Todo comenzó en 1910 en la isla Jekyll

Suena como el título de una película de horror, pero los eventos de la vida real que ocurrieron en 1910 en esta isla de propiedad privada a poca distancia de la costa de Georgia habría sido un reto hasta para la imaginación de la fábrica de pesadillas de Hollywood.

En la isla Jekyll se reunieron en secreto durante nueve días siete hombres muy acaudalados y poderosos y crearon el Sistema de la Reserva Federal que nació tres años más tarde, el 23 de diciembre de 1913 mediante una ley del Congreso. Desde entonces, la nación y el mundo nunca volvieron a ser lo mismo, sólo se beneficiaron los ricos y poderosos. De eso se trataba, y funcionó tal como lo planificaron.

La Ley de la Reserva Federal que le dio origen es seguramente una de las obras legislativas más desastrosas para el bien público que jamás haya sido producida por un organismo legislador. También puede haber sido y sigue siendo ilegal según el Artículo 1, Sección 8, de la Constitución que casualmente es la ley inviolable del país. El artículo indica que el Congreso tendrá el poder de acuñar (crear) dinero y de regular su valor. En 1935, la Corte Suprema de USA determinó que el Congreso no puede delegar constitucionalmente su poder a otro grupo u organismo. El Congreso actuó, por lo tanto, en violación de la misma Constitución que juró preservar y al hacerlo creó el Sistema de Reserva Federal que, como explicaremos más adelante, es una corporación privada con fines de beneficio que opera a costa del bien público. Mediante su acción, nuestros legisladores cometieron fraude contra el pueblo del país y hasta ahora se han salido con la suya sin que el público ni siquiera conozca el daño que se ha infligido.

El vergonzoso resultado es que lo que jamás debería haber llegado a ver la luz es ahora la institución más dominante del mundo, y todo debido a lo que comenzó en una isla de propiedad privada de nombre espeluznante. Pero, si el Congreso hubiese actuado responsablemente, la ley de creación de la Fed jamás habría sido promulgada. La legislación que la estableció fue tan dañina para el interés público, que probablemente jamás habría sido aprobada si no hubiera sido encauzada mediante una reunión del Comité Parlamentario de Conferencia organizada en plena noche entre las 1.30 y las 4.30 AM (mientras dormía la mayoría de los miembros del Congreso) el 22 de diciembre de 1913. La Ley fue votada al día siguiente y aprobada a pesar de que muchos miembros del organismo habían partido para sus vacaciones de Navidad y la mayoría de los que se quedaron no habían tenido el tiempo necesario para leerla o conocer su contenido. ¿Suena familiar? Pero la aprobaron (como un ladrón en la noche) y fue convertida en ley por un Woodrow Wilson inconsciente o cómplice, que admitió posteriormente que había cometido un terrible error, diciendo “Arruiné inconscientemente a mi país.” Pero era demasiado tarde para autopsias, y el pueblo usamericano lo ha pagado caro desde entonces. Es hora de que el público lo comprenda y comience a exigir que se termine con más de 90 años de daño.

Eso casi ocurrió hace 43 años cuando un presidente decidió actuar a favor de la gente que lo eligió. Ese hombre fue John Kennedy, quien planificó antes de su muerte el fin del Sistema de Reserva Federal para eliminar la deuda nacional que un banco central crea al imprimir dinero y prestárselo al gobierno. Esa deuda ha aumentado ahora a más de 8.400.000.000.000 dólares que tienen que ser pagados por todos los contribuyentes, quienes lo han hecho por una suma que asciende a casi 174.000.000.000 de dólares sólo en los tres primeros meses de 2006. Este servicio de la deuda es ahora un monto anualizado que excede dos tercios de un billón de dólares. Ha enriquecido a los banqueros (de eso se trataba) y ha empobrecido al público, porque nos cobran impuestos para pagar la cuenta. No es exagerado decir que se trata del mayor fraude financiero en la historia del mundo que aumenta con cada día que pasa.

La deuda era menos onerosa hace 40 años, pero Kennedy comprendió el peligro que representaba para el país y la carga que imponía al público. Por lo tanto, el 4 de junio de 1963, dictó la orden presidencial EO 11110 dando autoridad al presidente para emitir moneda. Luego ordenó al Tesoro de USA que imprimiera 4.000 millones de dólares en “Billetes de USA” para reemplazar los de la Reserva Federal. Su intención era de reemplazarlos todos cuando hubiera suficiente cantidad de la nueva moneda en circulación para poder terminar con el Sistema de la Reserva Federal y el control que daba a los banqueros internacionales sobre el gobierno de USA y el público. Sólo meses después de la entrada en vigencia del plan Kennedy, fue asesinado en Dallas en lo que seguramente fue un golpe de estado disfrazado para que pareciera otra cosa y que puede haber sido realizado, por lo menos en parte, para salvar el Sistema de la Fed y la concentración de poder que creó, tan beneficioso para los poderosos banqueros del país. Los que se beneficiaban tenían buenos motivos para involucrarse en la conspiración para proteger el privilegio especial al que no estaban dispuestos a renunciar sin lucha. Es una explicación plausible que podría explicar quién puede haber estado tras el asesinato y por qué motivo. Sea cual sea la verdad, el cartel bancario sólo se vio afligido por poco tiempo. Una vez que Lyndon Johnson se hizo cargo, rescindió la orden presidencial de Kennedy y restauró el antiguo poder del cartel. Lo ha mantenido desde entonces y ahora, por cierto, es más poderoso que nunca. Ni siquiera los presidentes son capaces de detenerlo y los que quisieran tratar de hacerlo, tienen una lección que les da la historia para que reflexionen.

Los predecesores de los posibles complotadores del golpe contra Kennedy fueron los hombres que se reunieron en la isla Jekyll en 1910. Representaban a algunos de los hombres más poderosos del mundo – los Morgan, Rockefeller, Rothschild de Europa (que dominaron toda la banca europea a mediados del Siglo XIX y que todavía podrían ser la familia más rica y poderosa de todas) y otros de gran influencia y poder. Estaba también un senador de USA, un alto funcionario del Tesoro, el presidente del mayor banco del país en la época, un destacado personaje de Wall Street y el hombre que más tarde llegaría a ser el primer presidente del Sistema de la Reserva Federal. Fue una colección extraordinaria y fueron para lograr una sola cosa. Querían cambiar la ideología y el curso de los negocios usamericanos, que hasta entonces se basaban en la competencia en el mercado y reemplazarlos por el monopolio. También sabían lo que quiso decir el barón M.A. Rothschild cuando dijo: “Denme el control sobre la moneda de una nación y no me importa quién haga sus leyes.” Conocían también la sabiduría de lo que dice en Proverbios 22:7: ““El rico se enseñorea de los pobres; y el que toma prestado es siervo del que presta”.

Fue el alba de la era de los carteles poderosos, cuando los siete titanes financieros reunidos en secreto en la casa del club de la isla decidieron no seguir compitiendo entre ellos y exigieron el poder para arreglarlo. Ya estaban informalmente coludidos, pero sabían que todo funcionaría mejor si se realizaba bajo un cartel avalado legalmente. Querían un cartel bancario y obtuvieron uno que hoy florece por debajo del radar público con el instrumento que más deseaban – la capacidad de controlar el suministro de dinero de la nación, que les dio un poder casi ilimitado. El cartel trabaja ahora en cooperación con sus gobiernos y con todas las demás poderosas corporaciones transnacionales en una alianza global dominante que les permite controlar los mercados, los recursos, la mano de obra barata del mundo, y nuestras vidas.

El Sistema de Reserva Federal no es una agencia gubernamental – es un cartel de propiedad privada de poderosos bancos protegido por la ley.

Se cree común, pero erróneamente, que el Sistema de Reserva Federal es una función gubernamental y sometida a su control. Es falso. A menudo se habla de un banco central descentralizado, casi-gubernamental, pero es sólo una cobertura para disfrazar lo que es en realidad: un cartel de propiedad y operación privada que es presentado como si el gobierno estuviera a cargo. El hecho de que su central esté en Washington en el formidable e impresionante edificio Eccles (bautizado con el nombre de un antiguo presidente de la Fed) forma sólo parte del astuto subterfugio. Funciona como sigue:

La Fed está compuesta de un Consejo de Gobernadores en Washington y de 12 bancos regionales en las principales ciudades de todo el país (incluyendo a mi propia ciudad de Chicago donde cualquiera solía poder, pero ya no puede, ir a un cajero y comprar valores del Tesoro de USA). El sistema también incluye a numerosos y diversos bancos miembros, incluyendo a todos los bancos nacionales que tienen que formar parte del sistema. Se permite también que otros bancos se sumen y muchos lo hicieron. La Reserva Federal comenzó sus operaciones en noviembre de 1914, casi un año después de la ley parlamentaria que creó el sistema el año anterior. Recibió mandato legal para poseer el mayor poder de cualquier institución del país – el poder de crear y controlar su suministro de dinero.

La mayoría de la gente sabe poco o nada sobre el dinero y la banca, probablemente nunca piensa en el tema, y no tiene la menor idea de cómo lo que hacen la Fed y los banqueros afecta sus vidas. Antes de escribir este artículo, tenía un poco más de los modestos conocimientos que aprendí en un curso obligatorio sobre el tema y contabilidad básica como parte de mi plan de estudios para la maestría de administración empresarial, hace 46 años. Esos cursos dejaron de lado las partes más importantes de la historia y nunca dieron a entender que pudiera haber algo siniestro en el funcionamiento real del sistema bancario. Pero nadie debería imaginar que los bancos fueron establecidos para funcionar en su beneficio o que se quisiera que lo hicieran. Evidentemente no es así, y todo el que sugiriera que lo es, debería leer lo que sigue. Son tan beneficiosos para el bienestar público como lo fue el misil balístico intercontinental MX Peacekeeper (el lenguaje ingenioso es impresionante) que debía portar ojivas nucleares a mediados de los años ochenta y que tenía el poder de destruir toda vida en el planeta y que aún podría hacerlo en su forma antigua o modernizada.

La Ley de la Reserva Federal (la ley del país) estipula que los Bancos de Reserva Federal de cada región son de propiedad de sus bancos miembros. Esos bancos de la Fed son corporaciones de propiedad privada que hacen un gran esfuerzo por ocultar que ellos, en realidad, son dueños de lo que gran parte del público piensa que forma parte del tesoro y gobierno públicos. Es fácil pensarlo ya que los presidentes de la Fed y siete de los doce gobernadores son nombrados por el presidente y aprobados por el Senado. Como tal, el BRF es una especie de entidad casi-gubernamental, pero el hecho es que el Sistema es de propiedad privada con fines de beneficio privado como cualquier otra empresa. Tiene accionistas como otras corporaciones públicas, que reciben un 6% de intereses libres de riesgo cada año sobre su participación en el capital.

El público lo ignora, y probablemente no constituiría buenas relaciones públicas si lo descubriera. La gente podría molestarse aún más si supiera que algunos de los propietarios de nuestra Reserva Federal son poderosos inversionistas extranjeros en el Reino Unido, Francia, Alemana, Holanda e Italia. Son socios de gigantescos bancos de USA como JP Morgan Chase y Citibank así como de poderosas firmas de Wall Street como Goldman Sachs en un cartel banquero del nuevo orden mundial que influencia y afecta por doquier los negocios y nuestras vidas.

El problema de la propiedad privada de los bancos de la Reserva Federal ha sido cuestionado varias veces en los tribunales federales, en vano. Cada vez los tribunales confirmaron el actual sistema bajo el cual cada banco de la Reserva Federal es una corporación separada de propiedad de los bancos comerciales en su región. Un caso semejante fue el de Lewis contra USA que fue decidido por el 9º Circuito de la Corte de Apelaciones que dictaminó que los bancos de la Reserva son corporaciones independientes, de propiedad privada y controladas localmente.

Los fundadores de la nación usamericana tenían diferentes ideas que los poderosos que se reunieron en la isla Jekyll

A través de nuestra historia, hubo desacuerdo sobre quién debía controlar el suministro de la moneda de la nación y el derecho de emitirla. Los fundadores de la nación usamericana comprendieron que el parlamento británico se vio obligado a imponer impuestos injustos a sus colonias americanas y a sus propios ciudadanos porque el Banco de Inglaterra había acumulado tanta deuda que el gobierno necesitaba ingresos para reducirla. Benjamin Franklin, de hecho, consideraba que fue la verdadera causa de la Revolución Usamericana. La mayoría de los fundadores de la nación también comprendieron el peligro que podía resultar si los banqueros acumulaban demasiada riqueza y poder. James Madison, el principal redactor de nuestra Constitución, los llamó “cambistas”, refiriéndose a la Biblia que dice que Jesús expulsó dos veces a los cambistas del Templo de Jerusalén hace 2.000 años. Madison dijo:

“La historia nos dice que los cambistas han utilizado todos los medios posibles de abuso, intriga, engaño y violencia para mantener su control sobre los gobiernos controlando el dinero y su emisión.”

Thomas Jefferson utilizó la misma energía en su condena cuando dijo:

“Creo sinceramente que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos permanentes. Ya han creado una aristocracia del dinero que ha desafiado al gobierno. El poder de emisión debería ser arrebatado a los bancos y restaurado a aquellos a los que pertenece como corresponde.”

Jefferson y Madison comprendían los peligros de los monopolios comerciales de todo tipo y trataron de asegurar que nunca existirían en la nueva nación. Ellos, de hecho, deseaban que se agregaran dos enmiendas adicionales a la “Declaración de Derechos” en la Constitución, pero nunca lo lograron. Creían que para proteger la libertad de la gente la nación debería ser “libre de monopolios en el comercio” (lo que ahora son las corporaciones gigantes incluyendo a los grandes bancos internacionales y las firmas de inversión de Wall Street) y “libre de fuerzas armadas permanentes,” o ejércitos en pie de fuerza. Tratemos de imaginar cómo sería el país en nuestros días si Jefferson y Madison lo hubieran logrado – un país sin gigantescas corporaciones depredadoras que explotan a todos para obtener beneficios y sin fuerzas armadas desenfrenadas que hacen guerra al mundo, amenazando con destruirlo, y que lo hacen para que esos gigantes corporativos puedan obtener beneficios aún mayores.

Nunca lo lograron, por cierto, y la gente lo ha pagado caro desde entonces, incluyendo el gran daño causado porque el gobierno renunció a su derecho a controlar el suministro de moneda de la nación. Lo entregó secretamente sin que el público lo supiera, ignorante del daño que se le había hecho. Ha sido peor todavía desde los años ochenta, porque el poder de la Fed aumentó bajo un presidente republicano amigo, y la algarabía dirigida por los medios corporativos ocultó el efecto. Para ellos, es inaceptable que la Fed sea degradada en público, así como sus gigantescos bancos miembros o sus aliados de Wall Street.

Las cosas se descontrolaron especialmente durante el ejercicio de Alan Greenspan. Sorprende que haya habido quien encontrara muchos motivos para elogiar a semejante presidente de la Fed antes de que dirigiera la Fed, cuando fue asesor presidencial, o durante el período en el que la dirigió. Sólo entró al servicio gubernamental después del fracaso de su firma de consultoría financiera, probablemente porque necesitaba una nueva línea de trabajo. Allí se las arregló para convertirse en un exuberante profeta de la banca central que fue casi elevado a la santidad por los expertos en los negocios que pensaron que bajo su ejercicio los cielos fueron sólo azules y que las pocas nubes a la vista siempre presagiaban que volvería a brillar el sol. Ahora Alan se retiró a los horizontes más fértiles de los contratos literarios y de las conferencias, lo que muestra que si trabajas bien para los ricos y poderosos que te lo permitieron, (a costa del resto de la gente) la recompensa final valdrá la pena. Es probable que el nuevo presidente de la Fed haya tomado nota y que tratará de continuar la tradición como corresponde.

Pero tratemos de imaginar un tipo diferente de presidente de la Fed, alguien que conociera, tuviera fe en y practicara las palabras y la sabiduría de otro presidente usamericano de cierta importancia: Abraham Lincoln. En 1886 Lincoln dijo: “Los poderes del dinero se alimentan de la nación en tiempos de paz y conspiran contra ella en tiempos de adversidad. Son más despóticos que un monarca, más insolentes que la autocracia y más egoístas que una burocracia. Denuncian, como enemigos públicos, a todos los que cuestionen sus métodos o saquen a la luz pública sus crímenes. Tengo dos grandes enemigos: el Ejército del Sur frente a mí y los banqueros detrás. De los dos, el que está atrás es mi mayor enemigo.”

Parece que Lincoln también dijo (aunque algunos lo disputan): “Veo que se acerca en el futuro cercano una crisis que me inquieta y que me hace temblar por la seguridad de mi país… han entronizado a corporaciones y seguirá una era de corrupción en los cargos importantes, y el poder del dinero del país se esforzará por prolongar su reino utilizando los prejuicios de la gente hasta que toda la riqueza se acumule en unas pocas manos y la República sea destruida.” Imaginemos lo que Lincoln diría en nuestros días.

Lo que Lincoln pensaba sobre los banqueros y el poder del dinero en el país, parece provocar la pregunta obvia: ¿Tuvieron algo que ver, o fueron la razón de su prematura muerte a manos de John Wilkes Booth? Los banqueros internacionales detestaban evidentemente a Lincoln después de que logró que el Congreso aprobara la Ley de la Moneda de Curso Legal que autorizó al Tesoro de USA a emitir papel moneda llamado “greenbacks” [verdes]. Lincoln necesitaba esa legislación después de que renunció a pagar a los banqueros las tasas usureras de interés de entre un 24 y un 30% que exigían por los préstamos que necesitaba para financiar su guerra con el sur. Con la nueva ley bancaria, Lincoln pudo imprimir los millones de dólares necesarios, libres de deuda y de intereses. Esto no era, evidentemente, lo que deseaban los codiciosos banqueros, ya que sólo pueden sacar beneficios cuando arrebatan su trozo de carroña de las transacciones financieras que controlan. Lincoln fue asesinado poco después del fin de la guerra, y un poco más tarde rescindieron la así llamada ley “Greenback” [verde], aprobaron una nueva ley bancaria, y todo el dinero volvió a producir intereses.

Cómo funciona el Sistema de la Reserva Federal.

El Sistema de la Reserva Federal resulta de que el Congreso y el Presidente aceptaron privatizar el sistema monetario de la nación y renunciar al poder que debería hacer seguido siendo el derecho exclusivo del gobierno. Esa ley fue tan escandalosa que la Fed tuvo que ser estructurada deliberadamente para que pareciera una delegación del gobierno federal a fin de ocultar que en realidad es un cartel bancario todopoderoso de propiedad privada cuyos bancos miembros (incluyendo todos los nacionales) comparten los vastos beneficios obtenidos de poseer la licencia más importante que debiera ser exclusiva de los gobiernos– el derecho a imprimir dinero en cualquier cantidad, controlar su suministro y precio, y beneficiarse inmensamente de prestarlo a cambio de un beneficio, incluyendo al propio gobierno que debe pagar intereses por el dinero, lo que nunca sería necesario si simplemente lo imprimiera. Pensemos en lo que ocurriría si el gobierno legalizara el derecho a falsificar la moneda nacional para beneficio privado. No es una exageración afirmar que es la mayor estafa financiera de todos los tiempos, que causa un daño incomprensible a un público que sigue sin enterarse. Funciona como sigue:

La Fed recibió la autoridad de dirigir la política monetaria de la nación con el poder de controlar el suministro y el precio de la moneda. Tiene tres maneras de hacerlo – mediante operaciones abiertas de mercado, la tasa de referencia que cobra a los bancos miembros, y el requerimiento del porcentaje de reserva de los activos de los bancos miembros que se les exige que mantengan en su poder y no sea prestado. El Consejo de Gobernadores tiene la responsabilidad del manejo de la tasa de referencia y de los requerimientos de reserva, mientras que el Comité Federal de Mercados Abiertos (FOMC, por sus siglas en inglés) está a cargo de las operaciones de mercado abierto de compra o venta de obligaciones que explicamos más adelante. Mediante el uso de estos instrumentos, la Fed puede influenciar el suministro y la demanda de dinero y así controla directamente la tasa a corto plazo de los fondos federales que es siempre fija a menos que la Fed desee elevarla o bajarla. Las tasas a mayor plazo son controladas por los poderosos negociantes institucionales en el mercado de obligaciones.

El FOMC y cómo funciona

El Comité Federal de Mercados Abiertos es realmente la clave de todo el proceso de creación o contracción de dinero. Consiste de 12 miembros – siete miembros del Consejo de Gobernadores de la Fed, el presidente del New York Fed Bank (el más importante de todos) y cuatro de los restantes 11 presidentes del Banco de la Reserva que sirven por turnos períodos de un año. El FOMC realiza ocho reuniones regularmente programadas por año para evaluar las condiciones económicas y decidir lo holgada o estricta que ha de ser la política monetaria para impulsar su objetivo declarado de un crecimiento económico sostenible y de estabilidad de los precios.

Literalmente, el FOMC tiene el poder de crear dinero de la nada. Lo hace mediante un proceso de cuatro etapas:

Primera etapa: El FOMC aprueba la compra de obligaciones del gobierno de USA en el mercado abierto.

Segunda etapa: El New York Fed Bank adquiere las obligaciones a los vendedores (los mercados financieros siempre tienen un número idéntico de compradores y vendedores).

Tercera etapa: La Fed paga por sus compras con créditos electrónicos a los bancos vendedores que, por su parte, acreditan las cuentas bancarias de los vendedores. Estos créditos son literalmente creados de la nada.

Cuarta etapa: Los bancos que reciben los créditos pueden entonces utilizarlos como reservas para posibilitar que presten hasta 10 veces su suma (si su requerimiento de reserva es de un 10%) mediante la magia (que sólo poseen los bancos) de la banca de reserva fraccional y, por cierto, cobran intereses por el total. ¡Qué negocio! y todo es legal. Imaginemos cuán ricos podríamos ser todos si pudiésemos hacer lo mismo como individuos privados. Pedimos prestado un millón a la Fed, como por arte de magia lo multiplicamos por 10, y cobramos intereses sobre el total, con la excepción de un 10% que debemos mantener en reserva. Es la magia de la creación de dinero de la reserva fraccional y explica cuán poderoso es el estímulo económico cuando la Fed quiere realzar el crecimiento económico.

Cuando la Fed desea contraer la economía reduciendo el suministro de dinero, simplemente invierte el proceso mencionado. En lugar de comprar obligaciones, las vende de manera que el dinero sale de las cuentas de los bancos compradores en lugar de ingresar en ellas. Entonces, los préstamos bancarios tienen que ser reducidos 10 veces si el requerimiento de reserva es de un 10%.

Cómo la Fed daña el interés público

El sistema de la Reserva Federal existe sólo para servir a sus propietarios y a los bancos miembros y al hacerlo es hostil al interés público. Eso, porque es un cartel bancario con el poder de restringir la competencia por mayores beneficios obtenidos a nuestra costa. Sale de nuestros bolsillos, a los de ellos, y el público pierde de cuatro maneras:

Primera: A través del impuesto invisible de la inflación que resulta de la dilución del poder adquisitivo causado por el ingreso al sistema de dinero recién creado, lo que reduce el valor de los dólares que ya están presentes. La Fed de Greenspan fue especialmente expansiva, nunca fue responsabilizada por sus excesos y pudo legar el serio problema que creó a un futuro presidente de la Fed y a la sociedad, para que lo encararan. El hombre al que ahora ensalzamos como mago monetario comenzó de modo sensato. Desde 1982, antes de que llegara en 1987, hasta 1992, el suministro de dinero aumentó en un promedio de un 8% por año. Pero de 1992 a 2002, las imprentas trabajaron horas extra en sincronización con la desregulación y el crecimiento de los mercados globales, expandiendo la moneda en más de un 12% por año. Se hizo aún más extremo después del 11-S y desde 2002 creció a una tasa de un 15%. Ahora se ha más que duplicado en menos de una década. Parece que el nuevo presidente de la Fed tomó nota y ha comenzado a reducir el ritmo de expansión monetaria ya que sigue aumentando la tasa de los fondos federales a cualquier nivel que tenga en mente.

Los operadores cambiarios también parecen haber tomado nota del ritmo de la expansión general del suministro de dinero. Con la excepción de un descanso en 2005, es bastante probable que la debilidad del dólar desde 2002 sea el resultado del exceso creado por los gastos derrochadores del gobierno de Bush para financiar sus interminables guerras y sus insensatos recortes tributarios para los ricos. El problema se complica aún más ya que desde 1964 hasta la actualidad, el servicio de la deuda ha crecido de un 9 a un 16,5% del presupuesto federal, y sigue aumentando, y el actual déficit ha pasado de un superávit de un 1% a casi un 7% de déficit; el endeudamiento federal ha crecido en un 40% sólo desde 2001 y ha sido financiado en gran parte por “la gentileza de extranjeros” que podrían estar perdiendo los nervios. Además, desde marzo de 2006, la Fed dejó de publicar la suma M-3 del monto total de dólares en circulación. Sin esa transparencia, ahora los grandes compradores de obligaciones del Tesoro de USA tienen que calcular el valor del dólar basándose en la especulación y la inseguridad en lugar de datos seguros – no es algo que inspire confianza en los mercados financieros que funcionan mejor en una atmósfera de franqueza y claridad.

Segunda: El público también pierde porque el cartel bancario puede practicar la usura – por su poder sobre una moneda flexible para aumentar o bajar artificialmente las tasas a cualquier nivel que escoja lo que muchos pequeños prestamistas no pueden hacer en un mercado verdaderamente libre y abierto. Además, la dominación sobre el mercado por el cartel fuerza a la mayoría de los prestatarios (especialmente los más pequeños que están en menos condiciones de emitir sus propios instrumentos de deuda) a pedirle préstamos que luego puede hacer utilizando lo que debería ser el dinero de la gente, puesto a su disposición al coste más bajo posible por numerosos pequeños prestamistas fuertemente regulados por el gobierno, que competirían en busca de clientes.

Tercera: Mediante los impuestos, nosotros, el público, tenemos que pagar para cubrir los intereses de la inmensa deuda nacional (actualmente de más de 8,4 billones de dólares) acumulada del dinero imprimido por la Fed y prestado al gobierno. Como dijera anteriormente, totaliza ahora un monto anualizado que excede dos tercios de un billón de dólares y aumenta a diario. Ha enriquecido a los banqueros, empobrecido a la gente de a pie, y el público todavía no se entera de que está siendo esquilmado en grande.

Cuarta: Exacerbando el abuso mencionado, el cartel puede hacer que el público saque de apuros al sistema con más dólares del contribuyente. Esto sucede cada vez que alguno de los bancos demasiado grandes para que se permita que fracasen necesita ayuda financiera para sobrevivir. Lo mismo vale para grandes corporaciones como Chrysler o Lockheed, grandes firmas inversionistas o fondos hedge como Long-Term Capital Management o incluso países como México. También vale cuando cierra un solo banco y hay que compensar a los depositantes o, de modo más serio, después de una crisis financiera sistémica como la que acabó con muchos bancos de ahorros y préstamos en los años ochenta. Sea un solo banco o muchas docenas al mismo tiempo, los dólares tributarios del público son utilizados para salvar el sistema o sólo para pagar la cuenta a fin de rembolsar a depositantes asegurados contra pérdidas por el seguro de protección gubernamental hasta un cierto monto por cuenta.

¿Cómo habría reaccionado Adam Smith ante el Sistema de la Reserva Federal?

Esta concentración de riqueza y poder del cartel bancario es lo contrario de lo que Adam Smith, el padrino ideológico del capitalismo de libre mercado, propugnó en sus escritos, incluyendo su obra fundamental “La Riqueza de las Naciones”. Smith escribió sobre una “mano invisible” que dijo funcionaba mejor en un mercado libre con numerosos pequeños negocios en competencia local los unos contra los otros. Se opuso enérgicamente al mercantilismo concentrado de su época (lo que haya sido) que actualmente sería el equivalente de nuestras gigantescas corporaciones transnacionales y el cartel bancario con el poder para restringir la competencia, mantener precios más elevados de lo que hubiera sido posible de otro modo y, como resultado, ganar mayores beneficios a expensas del público.

El tipo de cartel bancario que existe hoy en día es precisamente lo que Smith habría condenado. Pero que haya un banco central no es un mal de por sí siempre que el banco sea de propiedad del gobierno, controlado y operado en función del bien público. Sólo aparece un problema cuando establecen el banco mediante subterfugios para que parezca como si fuera de propiedad del gobierno y operado por éste, cuando en realidad, funciona en función del interés privado como en nuestro caso y también en la mayoría de los otros. Y en USA, para que funcione el amaño, el Sistema es dirigido por un organismo rector nombrado en su mayoría por el gobierno, que actúa como un alcahuete para los miembros privados del codicioso cartel de la banca que fue el primero en desear que existiera y que logró que un Congreso corrupto lo pusiera a su disposición. Para que funcione, el cartel precisa de la cobertura que consigue como resultado de su asociación con el gobierno, pero perjudica al interés público gracias a esa estructura en provecho de sus propias ganancias privadas.

Y así llegamos al quid del problema: el Congreso elegido para servir al pueblo, lo traicionó en lugar de cumplir con su deber al crear un cartel bancario todopoderoso y otorgarle la autoridad para practicar la banca de reserva fraccional con el poder de obtener dinero libre creándolo de la nada. Luego permitió a sus miembros un derecho de casi-monopolio para establecer las tasas de interés que deseen cobrar a los prestatarios. Todo el proceso equivale a un atraco legalmente sancionado por parte de los poderosos bancos que operan confabulados con el gobierno para obtener sus propios beneficios. Forma también parte de un proceso más amplio organizado por el gobierno para transferir riqueza del pueblo a los bolsillos de las grandes corporaciones y de los ricos, y lo hace mientras los afectados desconocen que siquiera ocurre.

El Sistema de Reserva Federal también daña al público de otra manera:

La Fed daña el bien público de otra manera importante, y de nuevo la mayoría de la gente no tiene la menor idea. El Sistema de Reserva Federal fue supuestamente establecido para estabilizar la economía, limar asperezas de los ciclos de la coyuntura, mantener una tasa saludable de crecimiento sustentable mientras conserva la estabilidad de los precios y beneficia a todos. ¿Ha hecho bien su trabajo? Desde su creación en 1913, hemos tenido los cracks de 1921 y el más importante y recordado de 1929. Fue seguido por la Gran Depresión que duró hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la que según el destacado economista conservador Milton Friedman fue causada y exacerbada porque la Reserva Federal decidió sorprendentemente la reducción del suministro de dinero en tiempos de contracción económica, en lugar de aumentarlo. Luego tuvimos recesiones en 1953, 1957, 1969, 1975, 1981, 1990 y 2001. También tuvimos comienzos de inflación en los años sesenta. Ésta fue bastante severa durante gran parte de los años setenta y a comienzos de los ochenta. Y tuvimos una importante crisis bancaria en los años ochenta en la que quebraron más bancos y asociaciones de ahorro y préstamos que nunca antes en nuestra historia. Sucedió después de la desregulación del mercado financiero, al permitirse que los bancos persiguieran sus propios intereses sin supervisión gubernamental que controlara su inclinación a correr riesgos excesivos o que impidiera que trataran de salirse con la suya mediante fraudes deliberados.

Junto con la estabilidad económica que la Fed nunca logró, también se ha disparado la deuda de los consumidores; déficits presupuestarios y comerciales de nivel récord; una cantidad elevada de bancarrotas personales y crecientes delitos con préstamos hipotecarios; un interés sobre una creciente deuda nacional que representa un porcentaje grande y creciente del presupuesto federal; la pérdida de nuestra base manufacturera y de puestos de trabajo con salarios elevados porque son exportados a países de baja remuneración; una economía en la que los servicios acaparan ahora cerca de un 80% de todos los negocios que en su mayoría pagan mal, con trabajos menos capacitados con poca o ninguna prestación; y una brecha en el aumento de los ingresos y la riqueza que sigue dañando a las personas de bajos o medianos ingresos para beneficiar a los pocos ricos y acomodados, así como un gobierno que impulsa esta situación.

Todo se sintetiza en una conclusión: La Fed no cumplió, por sobre todo, la tarea esencial para la que fue establecida para comenzar. Pero es mucho peor todavía, si comprendemos los verdaderos motivos de un cartel. No es servir el interés público. Es abusar de él, porque así aumentan los beneficios. Puede hacerlo con la concentración de su poder, legalmente sancionado, y un gobierno amigo aliado con sus socios o facilitadores. Se sale con la suya cuando comete los más espléndidos de los robos gracias a este amaño oculto de la vista del público.

Una solución necesaria para un problema inmenso.

Se desprende de la información presentada que el Sistema de la Reserva Federal fue establecido mediante el sigilo y el engaño por un puñado de políticos corruptos al servicio de sus poderosos aliados de la banca y de Wall Street. Lo hicieron para defraudar al público y sin que éste haya tenido la menor idea de lo que sucedía, y de lo dañino que era para su bienestar e interés. Los que estaban en el Congreso y el presidente Wilson (un hombre formado en derecho, ex abogado practicante, antiguo académico apreciado y presidente de la Universidad Princeton) o sabían o deberían haber sabido que la ley que él y ellos aprobaron al establecer la Fed estaba en violación directa de la Constitución que habían jurado defender. No lo hicieron, y violaron la ley, y el público pagó caro su crimen desde entonces hasta la actualidad.

De manera que, ¿qué recurso queda, y es posible movilizar a la gente para darle seguimiento? Hay una sola solución sensata y justa para deshacer el daño que se ha hecho a tantos durante tanto tiempo: abolir el Sistema de la Reserva Federal y restaurar el poder que tiene actualmente a un Gobierno Federal que trabaje por el bien público. Recuperarlo del poderoso cartel bancario que trabaja en su contra y no volver a permitir jamás que vuelva a caer en sus manos. Es el único camino. El gran poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht habría estado de acuerdo cuando dijo que “es más fácil robar estableciendo un banco que asaltarlo.”

La liberación del poder de esos poderosos “cambistas” traería enormes beneficios para todos. Establecería una política prudente de creación de dinero que minimizaría nuestro impuesto más injusto – la inflación que es causada por banqueros privados en busca de beneficios que manipulan el suministro de dinero de la nación para aumentarlos. Estabilizaría la economía y suavizaría los extremos en el ciclo de la coyuntura agudizados por el cartel que trabaja para su propio beneficio y contra el nuestro. Reduciría el coste del dinero para los prestatarios porque terminaría con el poder monopolista que tiene actualmente el cartel de establecer las tasas que prefiere, abriendo el mercado a más competencia. Reduciría la creciente y opresora deuda nacional al ser por fin liberada del aumento del suministro de dinero requerido para pagarla. Reduciría la carga tributaria para el público ya que se necesitarían menos ingresos para el servicio de la deuda. Sería un paso trascendental hacia la reducción del poder abrumador de todos los gigantes corporativos depredadores que nos explotan para poder crecer y prosperar, y ojalá termine por eliminarlo. Podría incluso servir de disuasión para evitar guerras que sólo se libran para obtener riqueza y poder – nunca por la gloria o para que el mundo sea más seguro para la democracia u otros motivos falsos. Sin un poderoso cartel bancario y otros gigantes de la industria que viven de la miseria humana que generan, habría menos necesidad de guerra alguna. Tratemos de imaginar ese tipo de mundo y un gobierno que trabaje por el bien público en lugar de dañarlo como lo hace ahora para servir al capital. Ese mundo es posible, y la gente responsable tiene que trabajar por él, porque el que tenemos actualmente ha fracasado y debe ser cambiado antes de que sea demasiado tarde.

Una visión del mundo creada por los intereses del capital y por nuestro gobierno que lo apoya.

En el inquietante, corrupto mundo del capitalismo neoliberal de “libre mercado” controlado por gigantescas corporaciones; que beneficia sólo a los pocos privilegiados y causa tanta miseria y desesperación; un mundo despótico que no puede durar, ni debemos permitir que dure mucho más; en el que interminables guerras por el poder y los beneficios; en el que la gente es una mercancía utilizada según se la necesita y descartada como basura cuando no es así; sin preocupación por la preservación de una ecología capaz de sustentarnos, que no lo seguirá haciendo por mucho tiempo más porque la estamos destruyendo, y a nosotros mismos, por ganancias; en el que las necesidades humanas básicas no tienen importancia bajo un modelo económico en el que sólo vale el beneficio privado; en el que la democracia es incompatible con el capitalismo depredador; en el que nadie debiera querer vivir o tener que hacerlo; en el que debemos cambiar o morir. En el lenguaje del capital, es el balance final. Sólo un movimiento de masas de gente comprometida puede cambiar el mundo. Debe acabar o acabaremos todos.

A menos que podamos pasar de nuestro modelo económico fracasado a una alternativa mejor, terminará cuando le llegue el día de una u otra manera. Pero podría ser un desenlace que nadie puede desear – su autodestrucción que se lleve todo consigo, sea por un holocausto nuclear o por un medio ambiente tan inhóspito que no permita que vivamos en él. Nuestra única posibilidad es trabajar por el cambio mientras quede tiempo.

Una visión de un mundo diferente

La historia prueba que un mundo mejor es posible cuando hay gente comprometida que trabaja lo suficiente para lograrlo. Así terminó la esclavitud; los trabajadores conquistaron el derecho a organizarse y a la negociación colectiva; las mujeres lograron el mismo derecho a voto que los hombres, el control sobre sus propios cuerpos, y más derecho y condición en la fuerza laboral; los negros y otras minorías obtuvieron importantes derechos cívicos; y los políticos estatuyeron importantes leyes sociales aunque haya sido sólo por temor a lo que podría suceder si no lo hacían.

Thomas Jefferson explicó que “el precio de la libertad es la vigilancia eterna.” Es el mismo precio a pagar para mantener nuestras conquistas sociales logradas con tanta dificultad. En la generación pasada esas conquistas se erosionaron mientras no prestábamos atención y sólo una acción de masas del pueblo puede rescatarlas. El objetivo debería ser un mundo humanitario de participación en el que las vidas de la gente mejoran porque todos trabajamos juntos para lograrlo; un mundo de paz y no de guerras interminables en beneficio de los ricos y poderosos a nuestras expensas; en el que todas las necesidades humanas esenciales son satisfechas porque los gobiernos trabajan por el bien común para asegurarlo; con una democracia participativa real en la que los funcionarios públicos y elegidos trabajan juntos para mantenerla fuerte y vibrante; sin gigantes opresores corporativos o carteles bancarios porque la ley no los permite; en el que la nutrición ecológica y la preservación constituyan una preocupación central; en el que haya aire, agua, suelos puros y una alimentación adecuada y segura; un mundo mucho más simple, con una base más local que la actual, en la que nociones como la globalización ni siquiera formen parte del vocabulario; un mundo basado en la equidad social y la justicia para todos, con gobiernos, el mantenimiento del orden y los tribunales trabajando para asegurar que siga siendo así; un mundo en el que todos queramos vivir y ojalá algún día lo podamos; un mundo que queramos legar a futuras generaciones; un mundo que no podamos dejar de lograr porque la alternativa puede ser la nada.

Puede que nos encontremos en un momento crucial en el que nuestro destino está en juego. O trabajamos juntos por un mundo mejor, sustentable o probablemente nos convertiremos en la primera especie que se autodestruye. Si sucede, probablemente nos llevaremos a la mayoría de las demás con nosotros y no dejaremos gran cosa para los pocos que queden. Ya no nos queda el lujo de discutir el tipo de mundo que necesitamos para sobrevivir. Los bancos gigantes y las corporaciones no nos lo brindarán, ni lo hará un gobierno hostil aliado con ellos. Depende de nosotros que lo logremos o probablemente sucumbiremos si fracasamos. Sería un buen comienzo si expulsáramos de nuestro templo a los “cambistas” de la Reserva Federal y con ellos a las corporaciones gigantes. Un mundo mejor es posible si recordamos y vivimos según las palabras inspiradoras de Antonio Gramsci sobre “el optimismo de la voluntad.” Con su ayuda, el pueblo organizado puede encontrar un camino para derrotar al dinero organizado.

rebelion.org

Stephen Lendman vive en Chicago. Para contactos: [email protected]

http://www.therebel.org/index.php?name=News&file=article&sid=6353

Germán Leyens es miembro de los colectivos de Rebelión y Tlaxcala (www.tlaxcala.es), la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción es copyleft.




al tener la exclusiva de crear dinero de la nada, la banca privada tiene un poder desmesurado y antidemocrático.

“Los bancos no pueden tener la exclusiva de crear dinero”
“A los bancos no les cuesta nada y, además, cobran interés”

Susana Martín Belmonte Economista, autora de ‘ Nada está perdido

fuente: La Vanguardia.(1)

Cuando la sucursal de un banco concede un préstamo a un cliente, no posee en absoluto ese dinero en la caja. En realidad, lo crea de la nada en el momento de prestarlo. A los bancos no les cuesta nada y, además, cobran interés. Y lo hacen sin que nadie les controle. La economista Susana Martín Belmonte está embarcada desde hace años en el objetivo de hacer inteligible para el ciudadano esta cuestión fundamental del capitalismo financiero: cómo se crea el dinero y por qué las entidades financieras tienen la exclusiva de creación del dinero, ya que los bancos centrales sólo crean el efectivo (dinero en metálico)

Lo explica con rigor y pedagogía en su libro Nada está perdido. Un sistema monetario y financiero alternativo y sano (Icaria, 2011) (2). Su afán es claro: con más regulación y sin esta exclusividad, “la economía se democratiza y se pueden tomar decisiones valorando -el interés social- de las inversiones“. martín Belmonte, que trabaja en el proyecto europeo, juntamente con el Ayuntamiento de Barcelona, para crear una moneda social, argumenta sus teorias económicas.

Capitalismo imperfecto

El capitalismo no funciona bien, tiene crisis periódicas y la idea general es que hemos de conformarnos que así sea. Este conformismo se debe al hecho que las soluciones se buscan fuera de la esencia del capitalismo, fuera del sistema monetario y financiero. Por ello es básico conocer como se crean los dineros

Dineros mágicos

Los Bancos crean dinero de la nada cuando los prestan. Ya lo escribí en el 2011, al libro, y no era nada nuevo, pero se conocía poco fuera del ámbito bancario. En el 2014, el Banco de Inglaterra publicó un artículo que explicaba lo mismo: que en la economía moderna los dineros se crean, esencialemnte, cuando los bancos los prestan, que es cuando crean depósitos (en la cuenta de los clientes – el préstamo). Pero una encuesta entre diputados del Reino Unido demostró que el 90% no conocían del todo como se crean los dineros… y se dedican a la función pública!!!! La crisis financiera ha incentivado estudios sobre estas cuestiones y cada vez hay más movimientos que reclaman modificar el sistema monetario y financiero.

Economía fuera de control

Mucha gente predijo la crisis, pero, en que momento se manifiesta, eso no lo sabe nadie. Está en manos de infinidad de personas el hecho de mantener la confianza en unos activos o perderla de golpe y entonces comienzan a vender y se precipita la caída. Se llega a esa situación por una combinación de factores: la prensa, la actualidad, la confianza de la gente, basada en temas absurdos, irreales…. No hay nadie allí, delante de todo esto y eso es muy peligroso.

La regulación (como mínimo)

Cuando tomas conciencia que los bancos crean dineros, la regulación se hace cada vez más necesaria. La experiencia nos ha demostrado que la capacidad  de crear dinero es un poder tan fuerte, por ejemplo, tu puedes prestar el dinero a un partido político y olvidarte de ese préstamo, no pedir que te lo devuelvan nunca. Con favores así, que sólo tu puedes conceder, puedes conseguir que los que regulan se olviden de regularte o que no cambien nunca la ley. Cuando tienes el poder de crear el dinero, es muy difícil que alguien te regule de verdad.

Más creadores de dinero

La única salida, en el ámbito político, es que, además de regular a los bancos, haya más personas y entidades con capacidad dec rear dinero: democratizar la creación monetaria. Ahora necesitas tener una riqueza enorme para entrar en el club de los creadores de dinero, que son los que tienen una licencia bancaria. Este cblub, reducido, tiene la prerrogativa de poder comprar al poder político, porqué realmente nadie más puede hacerlo.

Confianza más repartida

“Es esencial democratizar la creación monetaria y para conseguirlo necesitamos unas estructuras, que aún no existen, que no están perfeccionadas, de creación de confianza, de creación de un registro de reputación de empresas ……………..” (2)

Nuevos actores

“a los bancos, el objetivo de la inversión les es bastante igual si la recuperan: estudian el riesgo y la rentabilidad pero no tienen en cuenta el objetivo social……………”

¿Y las monedas sociales?

“Son los nuevos actores pero también generan un nuevo tipo de dinero digital. Ahora, el banco te da la garantía que tu depósito bancario son dinero que puedes cambiar en efectivo o los puedes transferir a otra entidad financiera. Es una garnatía difícil de cumplir, por la cualcosa los reguladores -BCE-  exigen requisitos muy duros a los bancos para crear este tipo de dinero. pero es inútil, el sistema financiero es absolutamente inestable, ya que depende que la gente no vaya al banco a retirar todos los depósitos……….”

Fuente de desigualdad

“Los intereses  son un mecanismo de desigualdades económicas enormes: llevan dinero de las capas bajas de la población a las capas altas. El interés lo pagamos todos porqué está incluido en el precio de los productos. En todo pagamos intereses; pagamos el coste del capital y este coste va directamente a quién más dinero tiene. -Las monedas sociales- no cobrarían interés y no contribuirían a la desigualdad”

Adiós, interés

“Normalmente las monedas sociales se crean sin interés. Normalmente, el tipo de crédito que se da con las monedas sociales es para circulante, para bienes que están a punto de entrar en el mercado, y en este caso, el cobro e intereses no tiene ninguna justificación cuando piensas que el dinero se crea de la nada……”


  1. La Vanguardia. http://www.lavanguardia.com/economia/20170702/423834976169/los-bancos-no-pueden-tener-la-exclusiva-de-crear-dinero.html
  2. Icaria editorial, http://www.icariaeditorial.com/libros.php?id=1261
  3. el artículo entero en la web, http://www.cepta.es/web/binary/saveas?model=ir.attachment&field=datas&filename_field=name&id=17336

+++ info

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