¿Por qué la conducción está regulada al milímetro pero en la vivienda se permite cualquier cosa a la propiedad?

Pues es sencillo, la vivienda es un activo financiero de primera magnitud en el capitalismo y por lo tanto no puede estar regulada para asegurar que el capital no encuentra barreras que aseguren pingües beneficios modelando las ciudades y el planeta. Mientras, la conducción “privada” en un coche “privado” se ha convertido en un derecho inalienable del individuo a la libertad “liberal” de movimientos. El autor – Pablo Feu- pone el dedo en la llaga sobre todo en cómo la opinión pública está manipulada para aceptar siempre lo que el poder quiere.


El mundo al revés

Pablo Feu
blog.caritas.barcelona

Conducir es una actividad opcional mientras que tener una vivienda es un derecho universal. La conducción está regulada y, en cambio, todo se permite en materia de vivienda

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La vivienda es un refugio y un derecho que todos los ordenamientos jurídicos han tratado de garantizar. El coche, sin embargo, es un medio de transporte que no permite a nadie establecer en él su residencia habitual. Pese a ser muy útil, su utilización es voluntaria y es por ello que no está configurado como un derecho en ningún ordenamiento jurídico de este mundo y, mucho menos, como un derecho fundamental de carácter universal.

Todo ello hace que sea lógico pensar que si en nuestro planeta la vivienda se configura como un derecho básico desde hace 70 años, todos los Estados deberían establecer los mecanismos necesarios para impedir que puedan existir viviendas que no reúnan las condiciones mínimas que garanticen a sus habitantes el ejercicio de su derecho fundamental de forma digna y segura. Es también comprensible que si en el mismo mundo la tenencia y disfrute de un coche no es un derecho fundamental para nadie, no es necesario asegurar las condiciones de seguridad y confort de los vehículos de manera tan estricta, a como debieran estar aseguradas las de las viviendas.

Ocurre, sin embargo, que en el lugar del mundo en el que yo vivo, las cosas no son como se dice que son ni como se legisla para que sean.

La regulación de los coches…

Habito en un lugar en el que es impensable que nadie pueda adquirir un vehículo más barato, renunciando a que se le instalen los faros, o los intermitentes, o las luces de freno, o las puertas, o las ventanillas, o el freno de mano, o a que se le coloque sólo medio volante. En el lugar en el que vivo, aunque se consiguiera adquirir un vehículo sin alguno de esos elementos básicos, a nadie se le ocurriría circular con él más de 25 metros, porque todo el mundo sabe que rápidamente le saldría al paso alguno de los muchos agentes de la autoridad que rondan las calles y le inmovilizarían el coche en menos de lo que canta un gallo, imponiendo, además, al insensato vendedor que se hubiera atrevido a poner en circulación un vehículo así, una multa ejemplarizante, para disuadir generalizar tal conducta.

En el lugar en el que vivo, los vehículos no pueden estar más de 4 años sin pasar una revisión técnica obligatoria y si alguien se atreviera a vender o alquilar un coche sin las condiciones mínimas para circular, nadie cuestionaría que se le sancionara de la manera más dura posible. Dudo que el infractor cuestionara la sanción y dudo, también, que se le ocurriese argumentar que la venta o el alquiler de un vehículo sin los requisitos de seguridad y confort necesarios es, en realidad, un acto de misericordia que permite conducir a las personas indocumentadas o sin recursos que, de otro modo, no pueden acceder a adquirir un vehículo en condiciones normales.

…y la regulación de la vivienda

En el lugar en el que vivo, en cambio, no es nada difícil que cualquiera pueda alquilar o pueda vender una vivienda sin cristales en las ventanas, o sin la superficie mínima necesaria, o con graves humedades, o sin una instalación eléctrica segura, o sin ventilación, o sólo con agua fría. En ese lugar, es fácil adquirir viviendas de alquiler o de compra que no reúnen las condiciones mínimas que aseguren que sea digna. Además, es difícil que la autoridad pueda llegar a advertir que se están ofreciendo viviendas sin muchos de los elementos básicos que necesita para ser considerada habitable, por lo que nada disuade a que esa conducta se generalice y continúe.

En el lugar en el que vivo, las viviendas deben pasar inspecciones técnicas cada 15 años y nadie castiga a las que superan ese período. Los que se atreven a comercializar con infraviviendas protestan airadamente las pocas veces que se les sanciona y no todo el mundo comparte que se persiga la puesta en el mercado de viviendas sin cumplir los requisitos de seguridad y confort que exigen las leyes, porque muchos argumentan que en ese negocio existe una función social que permite a las personas indocumentadas y sin recursos vivir en algún sitio, porque está generalmente admitido que su condición determina que puedan vivir sin condiciones.

En el lugar en el que vivo, hoy está más asegurada la opción de conducir ocasionalmente un vehículo que el derecho universal a residir permanentemente en una vivienda en condiciones de vida digna. Y yo soy de los que tengo la suerte de vivir en un mundo que presume de ser civilizado.

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